
Egresado de la EDA (Facultad C.C.E.E. - Uruguay)
Desde 1973 ha trabajado en prestigiosas empresas de la actividad
privada, Jetmar Viajes S. A., Nordex (Armadora de Peugeot, Citroën y
Renault), EDE S. A. (Fábrica de prendas de punto), Chic Parisien y la
Casa de las Telas.
En los últimos 15 años ha ocupado cargos gerenciales de
primera línea y ha integrado comités de dirección de algunas de estas
empresas.
Ha sido asesor y auditor de diversos tipos de empresas
privadas (agencias de publicidad, publicidad en la vía pública,
barracas de equipamientos, e industrias exportadoras de la confección).
Actualmente es socio de Lucem Asesores Lucem.net
Temas: gerencia
País de residencia: UruguayEn la vida de las personas,
familias, organizaciones, suceden acontecimientos que prolongados en el tiempo,
sin que los actores lo perciban, se convierten en marcos condicionantes de las
actitudes con las que enfrentamos hasta las decisiones más comunes.
Suele suceder, por ejemplo, que a la salida de un plan de ahorros, que nos
impusimos, nos cueste gastar, tengamos temor de comprar algo, aunque sea un bien
y no sea un mero gasto.
Es natural que así sea porque en el tiempo anterior – el tiempo de ahorrar –
tuvimos que adaptarnos a una situación que limitaba nuestras posibilidades al
punto que nos exigía cumplir con una estricta disciplina, que incluía una serie
de sanciones sicológicas auto impuestas –Me gustaría comprar esto pero si lo
hago no voy a poder cumplir con el presupuesto que me marqué para aquello otro y
voy a estar mal.
Por esta parte del mundo durante muchos meses – demasiados – estuvimos inmersos
en una profunda crisis económica que tomó como rehén a las decisiones
económico-financieras de las empresas, obligándolas a adoptar políticas
restrictivas muy duras, ya que en ellas le iba en juego su permanencia en el
mercado.
A estar por los indicadores económicos y las previsiones para el futuro
inmediato, parece que ese tiempo ya pasó, que la caída se detuvo y que empiezan
a mostrarse indicios de reactivación económica, con algunos estertores del viejo
tiempo, es cierto, pero con una tendencia promisoria.
Muchas empresas todavía no lo perciben porque realmente aún no han sentido los
beneficios de este despertar económico, otras tantas no lo quieren admitir.
–“Sí, parece que la cosa empieza a mejorar pero hasta que tal sector no empiece
a andar el mío no va a ver los resultados”- parece ser el pensamiento de muchos
empresarios. Cuidado con la inercia, con la vieja disciplina que estuvimos
obligados a adoptar, que no nos encorsete. Cuidado, que no nos impida ver las
posibilidades que se empiezan a plantear. Cuidado con la parálisis “decisoria” a
la que nos vimos expuestos durante este largo período, ya va siendo hora de que
empecemos con la fisioterapia.
Es cierto que muchas empresas no pueden liderar este cambio, han quedado muy
heridas, con falta de crédito, bajos stocks, créditos a clientes de dudosa
recuperación y el diagnóstico que ya conocemos. Pero también es cierto que hay
otras que estando en una posición mucho mejor, no quieren ser ellas quienes den
el primer paso, no por mezquindad, no por temor, no por falta de
profesionalismo, sí por inercia. ¿Qué pasa mientras tanto? que mientras que las
que no pueden se recuperan y las que pueden se deciden, el tiempo, implacable
obra en contra de la economía en su conjunto.
Habrá muchas formas de encarar este trauma de la psicología empresarial,
bienvenidos sean todos los esfuerzos en ese sentido. Pensamos que una de esas
formas puede ser una rotación en los cargos jerárquicos de la empresa.
En términos futbolísticos no es lo mismo armar el cuadro para salir a jugar de
visitante y cuidar el 0, que jugar en nuestra cancha y estar obligados a sumar
puntos y goles a favor. Los DT lo saben, y en el transcurso del partido juegan
su estrategia haciendo variantes que le dan un cambio de ritmo al equipo. Los
aficionados al básquetbol conocen muy bien de los ingresos de jugadores sólo
para una determinada jugada del partido.
Atención, no estamos sugiriendo que se saque del equipo a los “capitanes de
tormenta”, estamos proponiendo que se les asigne a otra embarcación y otra
tripulación. La empresa no se debe dar el lujo de perder su pericia, y este
simple enroque puede lograr romper esa inercia que tanto nos preocupa. Tomar
este tipo de decisiones para manejar actitudes es una aptitud gerencial.