
Lic. En turismo / Magister en Sociologia (Cand.)
Sociología laboral
País de residencia: Argentina.INTRODUCCION
Han quedado atrás en la historia los viajes de la nobleza francesa conocidos
como “Gand Tour”; en ese entonces, el principe heredero al trono se preparaba
recorriendo todo Europa, conociendo las costumbres y hábitos de otros pueblos.
Se creía, en esa época, que ese conocimiento garantizaba la objetividad en las
futuras tomas de decisiones del regente (Burgess y Haskell, 1967). También han
quedado en el pasado, las ambiciones de Thomas Cook (1851), conocido como el
“padre de la primera agencia de viajes”, del suizo Ritz (1898) como creador de
prestigiosos establecimientos hoteleros como el Gran Hotel de Roma (1893), el
Ritz de París (1898) y el Carlton de Londres (1899). Todo ellos, fueron
fundadores de un turismo muy distinto al que conocemos hoy en día.
Las economías producen alimentos, indumentarias, heladeras, televisores,
automóviles entre otras cosas. Comúnmente estos son llamados productos, pero en
el turismo, como en los servicios, el tema no es tan sencillo. Por ese motivo es
conveniente cuestionarse: ¿que se entiende como producto turístico?, ¿es
correcto hablar sociológicamente de un producto turístico? ¿si existe un
producto turístico esto implica necesariamente la existencia de una industria y
economía del turismo?.
El objetivo del siguiente artículo, es establecer un abordaje crítico sobre el
concepto de “producto turístico”, definiendo sus alcances y limitaciones en los
contextos en los cuales se emplea comúnmente.
Para cumplimentar con tal fin, hemos dividido el trabajo en cuatro partes bien
diferenciadas: en primer lugar, se va a abordar la definición del turismo como
actividad, para luego establecer ciertas comparaciones con aquellas que se usan
para hablar de “producto”. En una tercera etapa, se analizarán y discutirán que
entienden por “producto turístico” los principales exponentes de la actividad,
entre ellos Miguel Angel Acerenza, Roberto Boullon y Phillip Kotler. Para
finalizar, se analizará en forma teórica los alcances y las limitaciones que se
encuentran en los escritos de estos tres investigadores de fama internacional
que ya hemos mencionado.
¿Qué ES EL TURISMO?
Si bien, el hombre ha viajado desde tiempos inmemoriales. El origen de la
palabra se remonta al antiguo sajón Torn, allí por el siglo XII (Según el
profesor Luis Fuster). Es recién hacia 1746, que por medio del contacto con la
cultura francesa, los ingleses comienzan a usar el término Tour. En el siglo XIX,
la influencia francesa continua y la clase emergente burguesa utiliza para
simbolizar sus desplazamientos el sufijo Isme [1] de la cual finalmente surge el
vocablo Tourism. (Jiménez Guzman L, 1986:32)
Sin embargo, el turismo a como lo conocemos hoy, no surge sino a mediados del
siglo veinte. Tautologicamente, producto de diversos cambios que se estaban
gestando en las sociedades occidentales. La reducción de las horas laborales, lo
cual desencadenó un aumento en el tiempo libre, los avances tecnológicos en
materia de transporte, y el aumento paulatino y progresivo de los salarios
fueron factores importantes que ayudaron que la actividad creciera a niveles
cada vez mayores. Los tiempos y costos de traslado provocaban que muchas
personas tuvieran la posibilidad de llegar a puntos o destinos que le eran
impensados apenas 30 años antes. Fue así que para algunos, el turismo comenzó a
crecer hasta ser conocido o llamado “la industria sin chimeneas”. (Getino, 2002:
135). (Britton S, 1982:309).
En efecto desde el 40 al 60, comienza a surgir la necesidad del turista de
sentirse seguro en entornos que le eran extraños, y al mismo tiempo disfrutar la
búsqueda de novedades. (Cohen, 1972). Así surge, la empresa comercial como
mediador entre esas dos tendencias. (Burkhart y Medlik, 1974). (Britton S, 1982)
El geógrafo francés afirma Michaud (1983) “el turismo agrupa al conjunto de
actividades de producción y consumo, a las que dan lugar determinados
desplazamientos seguidos de una noche, al menos, pasada fuera del domicilio
habitual, siendo el motivo de viaje el recreo, los negocios, la salud o la
participación de una reunión profesional, deportiva o religiosa” ( en
Callizo Soneiro, 1991:19)
Durante la década del sesenta, el turismo fue definido por la Organización
Mundial de Turismo, como “la suma de relaciones y deservicios resultantes de
un cambio de residencia temporal y voluntario, no motivado por razones de
negocios y profesionales” [2]
En los años que vendrán habrá otras definiciones pero la esencia del concepto no
tendrá variaciones. Al menos, hasta llegar a la última definición que adopta
esta organización en la que entiende al turismo como “toda actividad de
individuos que viajan y permanece en lugares fuera de su ámbito de residencia
por motivos de ocio, negocios u otros propósitos por más de 24 horas pero menos
de 1 año”.
Pero antes, caben algunas consideraciones sobre esta definición. En primer
lugar, si bien esta forma de definir al turismo ha sido reglamentada y usada
durante años, existen en ellas ciertas ambigüedades y laxitudes que son
importantes recalcar. Por un lado, la diferencia entre un turista y un
inmigrante parece estar dada por el tiempo de residencia fuera de su entorno,
más que por sus motivos de desplazamiento. Un individuo puede moverse, estar
ausente por cuestiones de trabajo durante seis meses, y seguir manteniendo el
estatus de turista. En este punto, no queda clara la definición de negocio. [3]
Mas aun, ésta se hace más ambigua cuando se introduce la idea de “otros
propósitos”.
Por otro lado, esta laxitud en el término no sigue sino lineamientos económicos.
En cierta manera, el hecho de incluir dentro de la definición a los negocios u
otras actividades hace posible aunar ya no al tradicional turista que sale de
vacaciones, sino también otro tipo de viajantes que hasta el momento no estaban
tipificados, entre ellos el hombre de negocios o las personas que debían
desplazarse por razones de salud. Así, comienzan a surgir nuevas ofertas que
apuntan a “segmentos” bien definidos que luego algunos llamarán “producto
turístico”. Sus ramificaciones serán variadas y su naturaleza y lógica irán
apuntadas a la lógica del consumo. Surgen así las famosas tipologías del
turismo: turismo cultural, turismo religioso, turismo social, turismo salud,
etc.
Lo expuesto hasta aquí deja dos cosas claras: la primera de ellas, es que la
noción de turismo surgió como una necesidad de mercado y como tal sigue los
lineamientos y las pautas de la economía. La segunda es que, sociologicamente la
definición es incapaz de comprender, por laxa y ambigua, la dinámica de la
actividad.
Esto trae aparejadas una serie de complicaciones, entonces ya relacionada con la
otra definición que ponemos en el ojo de la tormenta. ¿Qué se entiende por
producto?
DEFINICIONES DE PRODUCTO.
Desde la definición sistémica del profesor Alberto Levy, el producto puede
entenderse como el proceso de costos, ingresos y estructuras técnicas que el
sistema sintetiza orientado a sus propios objetivos. A través de entradas (inputs)
tales como información del entorno o recursos, el sistema basado en
orientaciones racionales crea la oferta, la cual se entiende como la suma de
unidades adquiribles en mercados totalmente elásticos. (Levy A, 1994:97). En
otras palabras, lo que esta ensalada de términos quiere decir, es que el
producto es la sumatoria de costo más beneficio esperado y que las unidades
producidas obedecen a procesos racionales orientados a objetivos concretos.
En forma general, para Baudrillard la utilidad de un objeto está dado desde el
mismo momento en que se demanda, dándose un proceso dialéctico que da origen a
la mercancía; ésta no sólo es producida y transformada en parte de la cultura,
sino que además es la propia cultura la consumida como mercancía (Alonso L,
2005:23). En este punto, el producto puede entenderse como un objeto cuyo valor
utilitario lo hace deseable al consumo otorgando diferentes “significaciones
ajustadas” que varían según las “clases sociales” (du Bois y Celma, 1999:142).
Según esta definición hay dos inconvenientes claros, el primero es que se
mezclan tres conceptos que deberían estar por el momento diferenciados, el
producto, la cultura y el consumo; segundo, que el valor simbólico atribuido a
todo producto no necesariamente defina o condicione el estatus social.
En muchas sociedades, cuando el nivel de consumo de productos entre los estratos
sociales se asemeja, las elites han tratado de buscar otros elementos culturales
para distinguirse, entre ellos el idioma. Así, la elite Rusa se esmeraba por
hablar francés, los indios hicieron lo propio con el persa, mientras que los
romanos no escatimaron esfuerzos en demostrar su admiración por el griego. (Bram,
1961:12). Pasaron muchos años, hasta que la enseñanza de ese lenguaje no se
comercializara. Por último cabe agregar que, la dialéctica de Braudillard
(cultura, producto, consumo) no siempre está sistemáticamente integrada en ese
orden, o por lo menos no siempre lo estuvo.
Sin ir más lejos, la definición de producto puede ser abordada desde varias
perspectivas y entendida dentro de un contexto histórico diferente en cada caso.
Cada sociedad en cada tiempo intenta ajustar el concepto de producto y de
producción acorde a sus necesidades, sean estas biológicas o conspicuas. De esta
manera, puede entenderse al producto, como un objeto derivado de algún tipo de
proceso sintético. Ese objeto es escaso por naturaleza, por ende económico lo
cual lo convierte en un bien. En segundo lugar, su síntesis se desprende de los
recursos disponibles, las relaciones de producción, y el valor integrado entre
fuerza de trabajo y utilidad neta esperada. Por último, su naturaleza puede ser
tangible, en el caso de un automóvil, o intangible como la suscripción a un club
de deportes.
De esta manera entonces, podemos definir al producto como aquel bien de
naturaleza económica, tangible o intangible que se deriva del proceso de
síntesis en donde se integran los recursos disponibles, las relaciones de
producción y la utilidad esperada.
Sin embargo, ¿A dónde ubicamos y como definimos al producto turístico?
EL PRODUCTO TURISTICO
Si trae algunas confusiones la definición de producto, mayores serán las que
traiga la de producto turístico. En algunos casos, se confunde con otros
conceptos a los cuales se les da un significado similar tales como patrimonio
turístico, oferta turística, o recurso turístico.
En fin, en primer lugar el producto turístico integra tanto los recursos, como
la oferta y el patrimonio pero es algo más. Raymond Noronha (1979) ha tratado de
buscar la definición de producto turístico a lo largo de sus investigaciones. La
mayoría de ellas, solamente tienen en consideración las características del
turista y la conformación estructural de la oferta. Sin embargo, esto no parece
ser suficiente para una definición ajustada.
Si bien a lo largo del tiempo, muchos investigadores han propuesto variadas e
creativas definiciones sobre el producto turístico, en nuestro trabajo solamente
nos vamos a ocupar de tres. Nadie que haga del turismo su objeto de estudio
puede negar la influencia de los escritos de Roberto Boullon, Miguel Angel
Acerenza y Phillip Kotler. En este apartado analizaremos sumariadamente que
problemas o complicaciones conceptuales encierran los diferentes abordajes de
estos autores, a la hora de definir ¿que se comprende por producto turístico?
Miguel Angel Acerenza, nos explica que el producto turístico tal cual se lo
conoce hoy, tiene su origen a mediados del 50 en Europa y lo define de la
siguiente manera:
“Desde el punto de vista conceptual, el producto turístico no es más que un
conjunto de prestaciones, materiales e inmateriales, que se ofrecen con el
propósito de satisfacer los deseos o las expectativas del turista… Es en
realidad, un producto compuesto que puede ser analizado en función de los
componentes básicos que lo integran: atractivos, facilidades y acceso.” (Acerenza
M, 1993:23)
Pero este producto en particular tiene características que lo diferencian del
resto, según el autor. El primer aspecto, es la división entre “oferta
original”, el poder que genera el atractivo, “la oferta derivada” las
facilidades de infraestructura que hacen posible la estadía del viajero. Estos
elementos se interrelacionan y son una de las características que diferencia la
producto turístico del resto de los productos. En segundo lugar, surgen los
requisitos de la demanda, aparece la figura del transporte como medio que
permite el traslado de los consumidores hacia el lugar de consumo. A diferencia
de otros sectores, el turista consume el producto una vez arribado al centro
receptor. (ibid:36)
Sin embargo, existen inconsistencias en el abordaje de Acerenza que son
importantes analizar desde el punto de vista sociológico. En primer lugar, no
todo desplazamiento implica que estemos en presencia de un producto turístico.
Por ejemplo, podemos ir al teatro los domingos, de esta manera tenemos una
oferta original (el espectáculo que nos atrae), una oferta derivada (las
instalaciones del teatro), y la posibilidad de integrar ambos elementos por
medio del desplazamientos (el colectivo). ¿Estaríamos consumiendo un producto
turístico?. La respuesta, cualquiera sea, choca con la definición de turismo de
la OMT, donde queda claramente expresado fuera del lugar de residencia.
En segundo lugar Acerenza olvida, que el proceso de consumo puede incluso
empezar antes del desplazamiento cuando vemos un folleto, una imagen, una
película y nos movilizamos a imaginar el viaje. De hecho, y lo que el autor
tampoco menciona, es que el producto es adquirido (cuando se paga) antes de
iniciar el desplazamiento o viaje.
Para Roberto Boullon, al igual que Acerenza, el producto turístico se distingue
del resto por el hecho de que la producción y el consumo se dan en simultáneo en
tiempo y espacio (proceso de Servucción) [4] . (Boullon, 2004:14). Asimismo, el
autor introduce un elemento que al anterior autor les es desconocido; el turismo
es considerado un “bien de lujo” por tanto es sensiblemente elástico al
comportamiento de otras variables como el ingreso.
De esta manera, para Boullon, el producto turístico es un bien tangible aunque
no es plausible de almacenarse. Es tangible ya que por lo general está ligado a
la “producción de algo material”, sin embargo una vez finalizado el tour la
adquisición se desvanece; servicios de uso ocasional podría ser un término
adecuado para esta idea.
Es posible, que el producto no exista hasta que el viaje no tome forma. Sin
embargo, a diferencia de Acerenza, Boullon entiende que existen procesos previos
como ser una fotografía que inducen a la compra del producto, acelerando la
tangibilidad del bien, anticipando a través de emociones internas al proceso de
servucción. En gran medida, no siempre lo imaginado resulta ser real. Para tal
caso, el riesgo de insatisfacción en el turismo puede ser alto, si lo comparamos
con otros productos. (Ibid:18).
El turismo, posee características propias y el perfil de cada producto debe
comprenderse dentro de seis variables básicas: tipo, utilidad, función,
necesidad, satisfacción y motivación. En efecto, el turismo es un servicio
vinculado al sector terciario de la economía; su utilidad es predominantemente
psicológica y de estatus, su función es inmaterial por cuanto sigue una dinámica
que se instala en la experiencia subjetiva; se consume turismo para satisfacer
la necesidad del tiempo libre, que en sí es una necesidad cultural adquirida
propia de las sociedades de consumo occidentales; la satisfacción del consumidor
es a corto plazo aunque luego pueda quedar un recuerdo residual que emule ese
viaje; finalmente las cinco variables anteriores integradas son las que llevan y
desembocan en la motivación. (Ibid: 17-35)
No obstante, quedan algunas cuestiones inconclusas (también) en el abordaje de
Roberto Boullon:
La primera de ellas, es que no existe una definición clara de producto
turístico, mas que saber que es un bien tangible vinculado al sector
terciario de la economía. En uno de sus pasajes, el autor se pregunta ¿Qué
es un producto-servicio (PS) turístico?, y su respuesta no es muy precisa que
digamos; para Boullon (2004:40) un producto turístico puede ser: un paquete
turístico, alguno de los componentes del servicio básico como una noche de
hotel, algún atractivo que toma entidad propia, un país, una región, un
continente, o propiamente dicho un centro turístico.
En segundo lugar, es importante señalar que no necesariamente el turismo debe
ser comprendido como un bien correspondiente a los estratos acomodados sino más
bien una actividad que involucra a varios sectores de la sociedad, como por
ejemplo el turismo social. Si bien, es posible que se considere un bien elástico
con referencia al ingreso, no es exclusivo de los sectores de mayores ingresos.
El tercer problema, es que aun cuando es cierto que la demanda turística pueda
ser elástica con relación a la variable precio o ingreso, los real es que esa
demanda está sujeta a una oferta totalmente inelástica. Por ejemplo, la demanda
turística que pueda recibir San Carlos de Bariloche está totalmente condicionada
por la oferta hotelera disponible en esa ciudad; por ende la variación de la
demanda está fuertemente vinculada a la oferta en hospedaje. Por este motivo, es
discutible si puede considerarse o no al turismo como un bien elástico.
Ahora bien, a las seis variables que hacen al tipo de producto, el autor subraya
constantemente el factor psicológico, subjetivo e inmaterial del consumidor que
hacen a la tipología del producto. Esta visión trae consigo una cuestión que es
esencialmente ambigua; el hecho de definir al producto en base a la experiencia
subjetiva del consumidor implica que cada experiencia sea única e irrepetible.
Si esto fuera así, sería casi imposible comercializar el producto.
Por un lado, es bien sabido que los planificadores turísticos cuidan al detalle
y programan los efectos de la excursión a tal modo que los turistas tengan o
experimenten sentimientos similares. Por ejemplo, los jóvenes que van a
Bariloche en su viaje de egresados adquieren convenciones comunes que les
permiten experimentar ese viaje de forma similar y poder articular un discurso
unificado cuando se lo transmiten a otro que no tomo parte en esa experiencia.
Por el otro, existen ocasiones en que el producto turístico no surge de la
demanda en forma individual, sino de ciertas políticas estructurales externas a
los individuos o los grupos, sean estas iniciativas estatales o privadas. Quizás
sea posible, que la demanda sea la que condicione lo que se vende, pero en otros
casos es la misma oferta la que normativamente impone que productos desear.
Estos puntos, nos permiten hacer un puente teórico con el último de los autores
que vamos a tratar; en este caso Phillip Kotler.
“Los individuos satisfacen sus necesidades y deseos con productos. Un
producto es cualquier cosa que se puede ofrecer para satisfacer una necesidad o
un deseo … el conceptote producto no se limita a objetos físicos … en sentido
más amplio, los productos incluyen también las experiencias, personas, lugares,
organización, información e ideas” (Kotler P, 2004:7)
Al igual que Boullon y Acerenza, Kotler resalta como características principales
del producto turístico: la intangibilidad, su carácter indisociable,
perecedero y la variabilidad de la percepción del turista. Sin embargo, no
hace mención alguna al contacto entre oferente y demandante, mucho menos a la
sensibilidad que tiene esta clase de productos a los eventos extremos como
desastres o atentados, y tampoco hace referencia a la atracción/rechazo que
implica lanzarse hacia lo desconocido.
Tal como bien lo observó Simmel (2002), en el viaje como en la aventura existe
un componente que nos lleva a desear lo desconocido, pero dentro de ciertos
marcos de seguridad inherentes a nuestro sistema referencial. Aunque obviamente
pueda haber excepciones, entre la demanda en el centro emisor, y la oferta en el
receptor deben existir ciertos bienes comunes a las culturas de ambos grupos,
como por ejemplo un hotel, un centro de comidas rápidas o un “Free Shop” en el
Aeropuerto.
No son menores los errores interpretativos que llevan a Kotler a analizar el
papel de la cultura en la formación del producto turístico. Si bien, no se
equivoca cuando habla que las personas tienen valores culturales que las
integran y distinguen, asume que existen “valores principales” profundos
que moldean la conducta diaria, pero que también hay “valores secundarios”
factibles de ser transformados por la acción de la mercadotecnia (Kotler P,
2004:85)
Si bien, puede ser parcialmente correcto, considerar a la cultura como
condicionante de los comportamientos humanos, es un sencillo disparate pensar
que hay valores principales que subordinan valores secundarios, y mucho menos
que éstos pueden ser revelados mediante una entrevista o una encuesta. Vuelve a
equivocarse, cuando señala “la cultura es el determinante fundamental de los
deseos y del comportamiento de las personas... la cultura es parte esencial del
negocio turístico. Determina que comemos, como viajamos, donde viajamos y donde
permanecemos” (ibid: 129) Más allá de las infortunadas intervenciones de
Kotler en el rol de la cultura y la producción, existe ciertas ideas que lo
acercan a los otros dos autores ya citados.
UNA NUEVA APROXIMACION PARA EL TURISMO
Tanto Kotler como Boullon y Acerenza coinciden en resaltar que el producto
turismo es parte de un gran sistema integrado de componentes que buscan el
beneficio económico siguiendo parámetros lógico racionales; de esta manera el
producto-servicio se transforma casi exclusivamente en una unidad de negocio.
Parte de los problemas que enfrentan los planificadores turísticos a la hora de
definir un producto están relacionados con falta de información sobre el
entorno, o volatilidad de ciertos aspectos que hacen a la certidumbre en la toma
de decisiones. Por ese motivo, muchos han adoptado un enfoque sistémico
(estructural funcionalista) donde oferta y demanda son dos sub-sistemas
subordinados a sistemas generales de adaptación y regulación de conflictos. El
cambio social, y los efectos inesperados de la acción social han sido relegados
en el análisis de los expertos que planifican en esta actividad. Desde un
enfoque económico, esta postura nos sería del todo incorrecta, empero desde un
prisma sociológico encierra no pocas complicaciones. Lo que por un lado,
pretenden ser exactas definiciones se transforman (in facto esse) en puras
“indefiniciones”.
Ahora bien, si el turismo debe ser considerado una actividad económica o una
acción social es un debate de larga data, como así también los efectos deseados
y no deseados que trae consigo, empero solamente con una definición clara y
profunda de lo que llamamos “turismo” es que se podrá llegar a una comprensión
del fenómeno en todas sus dimensiones.
NOTAS
[1] Isme derivado del Latín Ismus y el griego Ismos. Con este sufijo la sociedad
Inglesa le da mayor jerarquía a la palabra, ya que Isme era usado por la
sociedad francesa de elite.
[2] Fuente: UIOTT, Definición del turismo, 1960. En Getino Octavio. Turismo
entre el ocio y el negocio. 2002. Ediciones Ciccus.
[3] Los griegos conocían al tiempo libre como Schole, y posteriormente los
latinos la denominaron Otium. Su opuesto, su negación fue a-schole para los
griegos y Neg-Otium para los latinos. Así surgieron los conceptos de ocio y
negocio. Sin embargo, ese tiempo de trabajo era muy diferente al que conocimos
hoy en día. El trabajo era exclusivamente un término apropiado para los esclavos
y remunerado sólo alimento diario y la satisfacción de las necesidades básicas.
Para más información véase Getino Octavio. Turismo: entre el ocio y el Negocio.
2002. Ediciones Ciccus.
[4] El proceso de Servucción es una suma de servicio más producción. También se
lo conoce como Producto Servicio o PS. En el turismo al concentrarse, en tiempo
y espacio tanto la producción como el servicio, es que entonces adquiere ese
nombre.
REFERENCIA BIBLIOGRAFICA.
* Acerenza Miguel Ángel – Promoción Turística: un enfoque metodológico. 1993.
Editorial Trillas.
* Alonso Luis Enrique – La Era del Consumo. 2005. Editores Siglo XXI.
* Bois du Bernard y Celma Rovira Alex – Comportamiento del Consumidor:
comprendiendo al consumidor. 1999. Prentice Hall Iberia.
* Boullon Roberto – Marketing Turístico: una perspectiva desde la planificación.
2004. Ediciones Turísticas.
* Bram Joseph - Lenguaje y Sociedad - 1era edición en inglés1961. 1era edición
en español 1967. Editorial Paidos. Texto traducido por Gerardo Steenks.
* Britton Stephen – “La Economía Política del Turismo en el Tercer Mundo”.
Artículo publicado en el Annals of Tourism Research. 1982. Volumen 09: 331-358.
* Burgess Alex y Haskell Fred. – The Age of the Grand Tour. 1967. Paul Edek
Editor.
* Burkhart Alex y Medlik Susan “Tourism: Past, Present and Future. 1974.
Heinemann, Londres.
* Callizo Soneiro Javier – Aproximación a la Geografía del Turismo. 1991.
Editorial Síntesis.
* Cohen Eric – “Torward Sociology of Internacional Tourism”. 1972. Social
Research 39(1):164-182.
* Getino Octavio - Turismo: entre el ocio y el neg-ocio. Primera Edición 2002.
Ediciones Ciccus.
* Jiménez Guzman Luis Fernando – Teoría Turística: un enfoque integral del hecho
social. 1986. Editorial de la Universidad Externado de Colombia.
* Kotler Phillip y Otros. – Marketing para Turismo. 2004. Editorial Pearson
Prentice Hall.
* Levy Alberto – Marketing Avanzado: un enfoque sistémico y constructivista de
los estratégico y lo táctico. 1998 Ediciones Granica.
* Noronha Raymond – Social and Cultural Dimensions of Tourism:a review of
literatura in English. 1979. Editado en el World Bank Working Paper. Sección 2.
* Simmel Georg. Sobre La Aventura: ensayos de estética. 2 edición en español por
esta editorial 2002. Ediciones Península, Barcelona. Texto traducido por Gustau
Muñoz y Salvador Mas.