
Lic. En turismo / Magister en Sociologia (Cand.)
Sociología laboral
País de residencia: Argentina.INTRODUCCION
Cualquier ensayo, sea este en el tema que sea, tiene ciertas limitaciones. En
principio por especulativo, esta clase de monografías literarias no posee una
estructura empírica que respalde los contenidos teóricos del mismo. Sin embargo,
en muchas ocasiones los ensayos o las teorías son necesarios para interpretar y
comprender contextualmente el mundo que nos rodea.
Con estas aclaraciones en mente, nos proponemos brindar al lector un debate
teórico entre lo que algunos han denominado en llamar “efecto demostración” o
“imitación”. Particularmente, éste se encuentra presente en parte de nuestra
vida social. ¿Qué fuerza social nos lleva a imitar al resto? y ¿a quienes
imitamos y porque lo hacemos?
Sin embargo, la vida social y la imitación son elementos demasiado complejos y
laxos, por lo que creemos conveniente acortar nuestro eje de discusión y
precisarlo en tiempo y forma. Puntualmente, ¿por qué imitamos a nuestros
superiores en el trabajo?, ¿hablamos de admiración u oportunismo?
Parte de la cuestión se debate entre dos posturas bien definidas: el individuo
imita por seguridad, o por interés personal. Pues bien, desde el momento en que
el entorno es demasiado complejo y ambiguo para nuestro pensamiento es que
tendemos a imitar en momentos de incertidumbre la conducta de los que nos
rodean. Entre los investigadores que optaron por desarrollar esta teoría
encontramos a Salomón Asch y a través de su influencia a la socióloga alemana
Noelle Neumann (1992).
Pero, la cosa no ha de ser tan simple. Por otro lado, tenemos a quienes
sostienen que el individuo persigue intereses individuales o grupales y que a
favor o sacrificio de los mismos tiene la capacidad de adaptarse a
comportamientos que le son ajenos. De este lado del cuadrilátero, tenemos a
pensadores clásicos como Adam Smith (2004) y contemporáneos como John Elster
(1991) entre otros.
Cabe aquí una pequeña distinción; el hecho de imitar por inseguridad no es lo
mismo que copiar por interés. En primer lugar, ya que una cosa es sacrificar una
voluntad personal en aras de una realidad que se percibe como la mejor posible y
otra es hacerlo a la espera de una recompensa personal.
Inicialmente, entendemos la acción de imitar tal como “la ejecución de una
acción a semejanza de otra que ya ha sido concretada en tiempo y espacio
determinados”. Desde este punto de vista conceptual, intentaremos brevemente
exponer las principales tesis de aquellos pensadores que han hablado o han
intentado especular sobre esa necesidad humana tan básica como es la imitación,
la pregunta en este caso refleja parte del desarrollo del próximo apartado.
¿POR QUÉ IMITAMOS?
Sin lugar a dudas, uno de los pioneros que incursionó en el estudio de la
imitación fue Gabriel Tarde; sociólogo y psicólogo social francés del siglo XIX,
influido por Gustave Le Bon, sostenía que en el desarrollo social existían tres
etapas: repetición, comúnmente observada en los niños; la oposición, frecuente
en los adolescentes y la adaptación, etapa final característica de la vida
adulta. Asimismo, la imitación puede ser lógica cuando imitamos sabiendo que
recibiremos un aliciente a cambio o ilógica en el caso en que mi conducta no
espera ningún beneficio.
Sin embargo, las deducciones de Tarde no tardarían en despertar duras críticas
tales como la de uno de sus contemporáneos, el francés Emile Durkheim, para
quien lo social no podía ser explicado desde el subjetivismo mucho menos a
través de la teoría de la imitación. Lo social, es “irreducible” de los
sentimientos individuales.
En su obra El Suicidio, el autor ocupa parte de su trabajo a Gabriel
Tarde y sobre el advierte: “hay imitación cuando un acto tiene como
antecedente inmediato la representación de otro acto semejante, anteriormente
realizado por otro, sin que entre esta representación y la ejecución se
intercale ninguna operación intelectual, explícita o implícita que se relacione
con los caracteres intrínsecos de los actos reproducidos.” (Durkheim,
1986:98).
Es posible, según algunos autores, que la sociología asumiera la postura de
Durkheim atribuyendo a lo social (como hecho externo) los fundamentos de las
conductas, mientras que la psicología social hiciera lo propio, según las
enseñanzas de Tarde. Durkheim se instala desde la dimensión institucional
mientras que a su vez Tarde se concentra en la “circulación de sentido” como
producto de las interpretaciones intra psíquicas. (Perez Garcia, 2004).
Deducción e inducción, dos caminos que tenderán a separarse a partir de ese
momento y cuyo debate epistemológico hoy en día desvela no sólo a la sociología
sino a otras ciencias también.
Otro de los autores de renombre, que se encargó del tema (en los niños) fue el
psicólogo Jean Piaget (1962). Según este autor, a medida que vamos creciendo
menor es la tendencia a imitar. En realidad, esto se da ya que la imitación se
restringe a las actividades que validan las estructuras cognitivas previas. Los
niños imitan únicamente las conductas que pueden comprender, desechando aquellas
que no le transmiten ningún sentido. En este punto, y siguiendo las
observaciones de Tarde, Piaget entiende a la imitación como un proceso social de
transmisión de sentido que modela el aprendizaje.
Esto trae aparejada una cuestión mucho más compleja a saber. Implica introducir
otra variable en estudio, como es el aprendizaje. En este punto, Miller y
Dollard (1941) estaban convencidos que la imitación empieza cuando el sujeto
intenta responder por acierto y desacierto la respuesta correcta. De esta
manera, y siguiendo la influencia de Skinner, según estos autores el éxito
fomenta la imitación. (Deutsch, 1997; Hollander, 2000 ; Collier y otros, 1996)
Bandura en su exposición de la “reciprocidad triádica” al igual que Simmel,
concuerda que en la persona influye la “conducta de los otros” y la “conducta
propia”. A su vez, ambas son moldeadas por el entorno, el cual también es
simultáneamente modificado por la síntesis entre la conducta propia y la de los
otros.
Solamente para mantener un orden y un sentido a nuestro ensayo, no vamos a
tratar en forma separada el abordaje que le dieron los psicólogos y los
sociólogos al tema de la imitación, sino por el contrario el legado y los
aportes que cada autor ha sabido dejar.
Hasta aquí, hemos hecho una breve descripción de lo que los autores clásicos han
dicho sobre la imitación. Sin embargo, ¿qué tratamiento en la actualidad tiene
el tema? ¿qué dicen hoy las Ciencias Sociales sobre la imitación?, ¿qué
aplicación le damos al ethos del trabajo?. [1]
Pues bien, imitamos la dinámica de la naturaleza cuando teorizamos sobre los
sistemas de consumo y producción, imitamos las modas cuando nos parecen
apropiadas, se han detectado estudios en el ámbito del turismo donde los
residentes locales copian las formas de conducta de los turistas extranjeros, y
sobre todo copiamos la conducta y los patrones de aquellos quienes para nosotros
son un punto de referencia. Así, dentro de la cadena de mando de toda
organización sobre todo una empresa, existen diversos puntos de referencia,
supervisores, gerentes y jefes. ¿Por qué los imitamos?
Richardson y Richardson (2000) encontraron que frecuentemente dentro de una
organización las líneas medias y bajas intentarán por todos los medios
congraciarse y repetir los patrones de conducta de la alta gerencia.
Miller y Swanson (1958) pudieron llegar a la conclusión de que los padres de
familia en un área determinada de Detroit, mostraban cambios significativos ante
el cambio en su estatus laboral. En efecto, cuando se pasaba de ser un
trabajador con relación de dependencia a uno independiente (de auto-empleo), su
preocupación por la búsqueda de recursos modificaba sustancialmente su
percepción. Se producía, de esta manera, un cambio radical en la transmisión de
valores y la familia terminaba absorbiendo parte del comportamiento del jefe de
familia.
Parte de las conductas que diariamente pueden observarse en las empresas, siguen
patrones similares a la de sus gerentes o dueños. La compra de un auto
deportivo, despierta los más nobles y terribles sentimientos en el resto de los
empleados, envidia y admiración. Es quizás, el tema del día el Audi que se
compró el Gerente de Recursos Humanos o el semi-piso que pudo conseguir el de
Ventas. Nuestro estilo de vida, habla de nosotros pero también de cómo queremos
presentarnos ante los otros.
Amitai Etzioni (1989) ha señalado que en la actualidad, el conocimiento y el
desarrollo técnico han llevado al hombre hacia ciertas paradojas, la cantidad de
información que manejamos lejos de ordenar, nos confunde y nos perturba. “La
adopción de las decisiones en los años noventa tendrá más de arte y menos de
ciencia que en la actualidad. No es sólo que el mundo se está volviendo cada vez
más complejo e incierto, sino que además los antiguos modelos de adopción de
decisiones están fallando y cabe prever que su fracaso también se acelere”.
Erich Fromm, llega a una conclusión similar a la del sociólogo italiano, “el
individualismo nos obliga a adoptar tantas y tan graves decisiones que a veces
nos sentimos intimidados. Aparentemente somos libres de adoptar personalmente
numerosas decisiones, pero también sentimos la soledad resultante de dichas
decisiones”. (en Cabot y Kahl, 1967:203).
Otros autores como León Festinger (1957) hablaron “disonancia Cognitiva”, ajuste
que surge en la incertidumbre de toma de decisiones. En este punto, uno podría
pensar que la imitación ayuda a reducir esa disonancia.
Siguiendo a Mary Ainsworth, el psicólogo clínico John Bowlby elabora en 1989 la
teoría de la base segura. Según afirma el autor “el concepto de base personal
segura a partir de la cual un niño, un adolescente o un adulto salen a explorar
y a la cual regresan de vez en cuando es un concepto que he llegado a considerar
decisivo para la comprensión del modo en que una persona emocionalmente estable
se desarrolla y funciona a lo largo de toda su vida” (Bolwby, 1989:60).
Según este autor, durante la primera etapa del infante la relación de apego del
individuo con sus padres será el factor fundamental que defina su concepción y
relación con el mundo a lo largo de toda su vida. De esta manera, Bowlby
introduce tres categorías analíticas para estudiar temas como el temor a ser
rechazado y la inseguridad propia. La teoría de la base segura establecen los
rasgos de la personalidad. La primera de las pautas es: a) el apego seguro, en
el cual el sujeto confía en sus dos padres; b) el apego ansioso resistente, se
caracteriza por la incertidumbre de saber si su progenitor lo ayudará cuando
este lo necesite y c) el apego ansioso elusivo, por el que el sujeto tiene
certeza de no recibir ayuda de sus padres en situaciones de amenaza.
El modo de internalizar estos modelos influyen en el grado de disonancia (en el
sentido de Festinger) que una persona puede experimentar al tomar un decisión.
Esto hace que en casos de apego elusivo y seguro la posibilidad de imitar sea
menor que en el caso del ansioso resistente donde la inseguridad e incertidumbre
se juegan sus cartas principales. Sin embargo, aquellos que desarrollan una
personalidad vinculada al apego elusivo son proclives a establecer lazos
emocionales autoritarios mientras que los que se han criado en una base sólida
entablan su posición frente a los demás sin recurrir a método tiránicos. Dicho
en otras palabras y aplicado a nuestro objeto de estudio, las ansiedades y los
temores llevan a aumentar el grado de imitación en personalidades “resistentes”,
pero aumenta la coacción en aquellas “elusivas”.
Winnicott desarrolla una teoría similar con el objeto transicional, el cual
cumple con la necesidad de despegar de los lazos de la madre y el ambiente. La
imaginación y la creatividad se irán desarrollando si el niño puede aferrarse a
un objeto a través de un sentimiento de confianza en sí mismo. El juego es la
primera experiencia creadora capaz de separar el entorno situacional (el objeto
primario) de la figura materna (objeto libidinal) (Winnicott, 1996:135). Es
factible, que en aquellos en los cuales el objeto transicional se haya
desarrollado de manera débil, la falta de capacidad innovadora y creativa lleve
a imitar más que en aquellos en los que el proceso se ha dado en forma inversa.
Más allá de estas tesis e hipótesis, ante la ansiedad que despierta la
incertidumbre la mayoría de nosotros imitamos o tomamos modelos de conducta que
nos han parecido exitosos en el pasado. Es pues, y teniendo como referencia a
nuestros gerentes y referentes laborales más cercanos que tendemos a emular sus
formas de conducta. Lo que está en juego, en este tipo de acción social es la
búsqueda del éxito o concreción de los fines propios..
Sin embargo, esto no ha de ser tan simple, en las organizaciones tal como afirma
Renate Mayntz existen una multiplicidad de factores entrelazados en forma
compleja que muchas veces derivan en consecuencias no previstas (Mayntz,
1987:182). Por este motivo, es difícil poder comprender que el sujeto busque
siempre el éxito personal o de su grupo de referencia. Habrá ocasiones, en que
la imitación simplemente le sirva como modo de comunicación, volviendo a Tarde
sin beneficio alguno.
EEs el caso, de los propios supervisores o gerentes que en otras cuestiones
imitan el comportamiento de sus propios empleados, muletillas, frases o cosas
que de ellos capture su atención. En esta línea, arribamos a una conclusión
interesante. Si bien la imitación en una organización comúnmente se observa
desde las bajas posiciones con respecto a las altas, no es extraño que aquellos
que forman parte de las posiciones superiores fijen su atención en sectores
inmediatamente más bajos. Lo que el sociólogo americano Robert Merton, denominó
grupo de referencia y de pertenencia. [2]
Interesantes estudios como los de Rom Zemke y otros, han llegado a la conclusión
de que en ocasiones los grupos pertenecientes de generaciones más jóvenes
reproducen pautas y prácticas culturales totalmente antagónicas a la generación
anterior. De esta manera, y al cabo de dos generaciones las conductas tienden a
repetirse y los jóvenes de hoy conciben como novedoso y preferible lo mismo que
en su época consideraron sus abuelos. Estos hallazgos ponen en evidencia que
incluso se puede imitar por oposición y antagonismo -como una acción no
planificada-. (Zemke y otros, 2000:267-270)
La imitación puede vivirse (también) como un proceso alienante para el
individuo. Según esta perspectiva, existen en todas las organizaciones sujetos
más proclives que otros a permeabilizar el entorno prescriptito y sacrificar así
sus propios intereses de grupo. Se puede plantear el cuestionamiento desde el
equilibrio entre dos realidades, la interna y la externa. Según esta teoría, la
imitación posee un factor disfuncional hacia la organización ya que al
estereotipar la conducta, aísla al aparato psíquico del medio en el cual éste
está inserto. (Schvarstein, 1991:72).
Esta idea habla implícitamente del reconocimiento como variable independiente de
las relaciones de poder. En palabras de Hegel -uno de sus máximos exponentes-,
“dos sujetos se enfrentan con miras al reconocimiento. Uno de ellos debe
ceder al otro, debe abandonar su deseo y satisfacer el deseo del otro.” (en
A Kojeve, 1975)
Si es el reconocimiento (o la necesidad de él) un factor que predispone a la
imitación deberían cuestionarse los motivos que conducen a ver en el otro (como
alter) instituido e instituyente, un reflejo del propio yo. En este punto, la
otreidad se construye recíprocamente con mi propia percepción como la propia
subjetividad se relaciona con la percepción del alter ego. Sin embargo, aun
cuando esta dialéctica permite arribar a conclusiones interesantes con respecto
al papel del poder y su relación con el reconocimiento, encuentra grandes
obstáculos cuando se topa con la confianza como elemento estructurador.
En efecto, si la alineación produce (entre otras cosas) una falta de confianza
en sí mismo por lo cual se despliegan ciertas fuerzas capaces de aprehender al
otro en sus conductas, la posibilidad de establecer en la organización pautas
comunes basadas en la confianza serían estériles. Llegado este punto, el sistema
normativo y coercitivo sería el único capaz de regular una relación basada en la
desconfianza o mejor dicho en la falta de ella. Es quizás este tema, el que
llevó al joven Marx a concebir la historia como una constante “lucha de clases”.
Como ya es sabido, la tesis marxiana no ha podido explicar los comportamientos
en procesos de estabilidad y cooperación. Desde ya, se la considera una
herramienta útil para comprender la imitación como forma alienante de relación
pero tiene serios inconvenientes para explicar el motivo por el cual también la
encontramos en procesos contrarios.
LA CONFIANZAA
Parte del problema en el análisis del fenómeno de la imitación es que los
científicos sociales no han podido establecer una causa unívoca del mismo. Sin
lugar a dudas, sería hasta pedante intentar hacerlo, tal como hemos mencionado,
las relaciones humanas parecen ser tan complejas que las razones profundas que
llevan a un individuo a imitar a otro parecen inexorablemente ambiguas.
Siguiendo al estructural funcionalismo de Talcott Parsons y de Niklas Luhmann,
en su desarrollo de la confianza como elemento cohesionante, podemos afirmar que
aún este tema no ha sido desarrollado con toda la rigurosidad que requiere.
PPara estos autores empero sobre todo par Luhmann, la confianza es la base de
toda organización social. Es la mano invisible (en el sentido de Adam Smith),
que mantiene cohesionada a toda organización. La confianza funciona como un
reductor de la complejidad, “existe solamente” dice Luhmann “un breve momento
del tiempo en que me es posible ver lo que otros hacen, y adaptarme
conscientemente a ello” (Luhmann, 1996:39).
Peter Blau (1964), señala que la confianza es una herramienta que los actores
sociales utilizan para poder enfrentar la incertidumbre y la vulnerabilidad que
en todas las relaciones se encuentra presente.
En este sentido, como un mecanismo regulador, la confianza, permite mantener las
relaciones en un cierto grado de previsibilidad, justo en el lugar y momento en
que se debilita el aparato legal-racional (burocracia en el más llano sentido
weberiano).
Spencer no se equivocó cuando dijo “tanto social, como individualmente, la
organización es indispensable al crecimiento; después de cierto punto no puede
existir crecimiento adicional sin organización adicional”. (en Urwick y
Brech, 1970:142)
Así, a medida que las organizaciones se hacen más extensas y sus redes
comunicativas más amplias, los procesos de control tienden a debilitarse. El
esfuerzo que debe hacer una organización para controlar una planta de 400
operarios es diferente de lo que implica la misma acción en solamente 20 de
ellos.
Ahora bien, tal como afirman Meyer y Rowan, en la obra El nuevo
Institucionalismo en el Análisis Organizacional de Powell y Di Maggio (1983), el
paradigma académico habla de un aumento sistemático en el control a medida que
crece el porte de una empresa, pero esto es inviable. Lo más seguro, es que
cuando la empresa comience a crecer y a expandirse los procesos de control se
relajen y a través de la institucionalización de la acción los individuos pauten
procesos de “confianza” sobre los cuales basen sus próximos cursos de acción.
En otras palabras, la institucionalización de la acción aumenta la confianza y
debilita la estructura burocrática. Sin ir más lejos, Sisella Bok, asigna a la
confianza el estatus de “bien social”.Éste es el más claro ejemplo, del papel
unificador y cohesionante de la confianza en una organización. Sin ella, los
cimientos organizativos se desplomarían como un edificio viejo -una de sus
funciones principales, es prevenir la anomia. En este punto, cuando la empresa
sacrifica, a través de la concreción de sus fines, las normas para llegar a
ellos, la confianza (en nosotros mismos o en los otros) permite regular los
efectos disgregadores de la anomia. [3]
Aldo Schlemenson, al respecto, nos recuerda “la confianza siempre involucra
un vínculo. El prototípico es el que se tiene con la autoridad y éste, a su vez,
obtiene su modelo del que se tiene con los padres. Alude a una relación de
contención que guarda el sujeto que la experimenta en relación con la autoridad,
el analista organizacional, y la organización a la que pertenece. La confianza
fortalece los vínculos entre la gente y estimula la colaboración. En el caso de
la organización, afianza el sentimiento de pertenencia”. (Schlemenson,
a1990:53)
“Para comprometer plenamente a los demás tenemos que compartir abiertamente
lo que está dentro de nuestras cabezas; tener un tipo de honestidad que exige
una confianza profunda y perdurable por parte de la gente que está en la mesa de
discusión. Sin ella las relaciones fracasan. Con ella, gente diferente puede
trabajar y actuar juntas”. Esto afirmaba en una entrevista con el asesor
organización Roberto Rosen, el ejecutivo principal de Acer Group con sede en
Taiwan ( Stan Shih) y sintetiza en forma pragmática la función de la confianza
en la preservación del orden organizacional. (Rosen y otros, 2000) Por ese
motivo, la imitación debe ser estudiada dentro de dos elementos bien definidos:
la confianza y la coerción. De la primera, ya nos hemos ocupado, pero de la
segunda aún no.
Es así, que entonces la primera hipótesis que se desprende de este trabajo, es
que la imitación es un mecanismo que permite restaurar la confianza en momentos
que crisis, incertidumbre, conflicto y convulsión institucional. Sin embargo,
también puede observarse en momentos de estabilidad institucional, cuando los
mecanismos coercitivos no dan abasto y comienzan a ser disfuncionales para el
sistema mismo.
LA COERCIÓN
Todo sistema organizado posee una estructura coercitiva para poder funcionar.
Lipset nos recuerda que toda organización posee dos componentes claros,
legitimidad y Eficacia. En muchas ocasiones, y tal cual me había propuesto
demostrar en trabajos anteriores, en el momento en que la sanción se produce en
forma grupal se fomenta el individualismo, ya que el individuo intentará escapar
de las influencias del grupo para amortiguar el castigo pero inversamente cuando
se aplique una sanción en forma individual, el sujeto buscará por todos los
medios la protección del grupo. (Korstanje, 2005).
Entre mucha de la bibliografía que un joven estudiante de Recursos humanos o
Administración puede tener acceso, está la idea de que la coerción conlleva
consigo la noción de un control social. A través de este proceso se entiende a
la coacción como una forma de enseñanza; una forma de transmitir aquellos
conocimientos y aspectos morales, éticos y técnicos que nos permiten entender el
mundo que nos envuelve.
El refuerzo (premio / castigo) en el sentido conductista, parece ser una
herramienta eficaz para preservar el orden social y reproducir el capital
social. En el sistema social se observan diferentes tipos de coacción (controles
normativos) que van desde la disuasión, cuando usamos una vestimenta que no está
a la moda, hasta la coacción propiamente dicha cuando un individuo pierde su
derecho natural a la libertad. Lo más factible, es que la organización intente
evitar las desviaciones de los sujetos a través de medidas disuasivas, hasta
llegado el caso, aplicar una sanción propiamente dicha -si no se ha modificado
la conducta-.
¿Está el aprendizaje asociado al control coercitivo?
El aprendizaje no sólo se da por refuerzo, sino que implica también la
resolución de problemas, algunos vinculados con la organización otros no tanto.
La postura que indica, que el proceso educativo se da por refuerzo desconoce o
por lo menos tiene muchas limitaciones para poder observar, el papel que cumplen
dentro de la organización las reglas implícitas e informales.
En otras palabras, si abrazamos la tesis del refuerzo, la imitación se daría
exclusivamente por interés personal y volveríamos a caer en la trampa donde se
considera el hombre como un ser estrictamente racional que busca en todo momento
su beneficio personal. Son claros los ejemplos, de momentos en los que no
solamente el hombre no sabe lo que necesita o cual es su verdadero beneficio
sino que incluso llega sacrificarlo por el bien común (como ya lo había notado
Wilfredo Pareto).
Retomando la noción del refuerzo, aquí puede resumirse que la coacción y el
control social tiene dentro del sistema una función específica. Esa función está
orientada al mantenimiento del orden social, orientando todas las acciones hacia
la eficacia en la concreción de los objetivos. Quien mejor, lo ha expuesto en
forma teórica es Robert Goodin, en Teoría del Diseño Institucional.
Cuando, por los motivos endógenos o exógenos, el sistema pierde legitimidad
producto de la falta de eficacia, los controles normativos se activan y aumentan
su acción. Paradójicamente, ambas son dos caras de la misma moneda; no es
extraño observar que imitamos los comportamientos de quienes se nos parecen y
por cuanto nos vemos reflejados pero también imitamos a quienes tememos.
En este punto, surge la segunda de las hipótesis de nuestro trabajo: Los
procesos de control social tienen como función principal, debilitar el interés
individual y reforzar los procesos de cohesión. No obstante, en estructuras con
excesiva cantidad de normas y reglas, la imitación juega un papel negativo
cuando se revierte como proceso desintegrador; esto se produce gracias a que por
un lado el agente imitará a sus superiores pero por el otro sobrepondrá al bien
común su propio interés personal. Si bien, en este punto la dinámica de la
imitación se da sobre los superiores de la misma manera en uno u otro caso, en
esta modalidad la tendencia es sumamente anómica.
Esta hipótesis encierra otro problema que todavía no ha sido explícitamente
tratado. ¿Qué papel juega la imitación ante la autoridad?
LA AUTORIDAD
La palabra deriva del latín Auctoritas, y fue tratada por la filosofía y la
sociología entre ellos Max Weber y Alexandre Kojeve. En forma general, la
autoridad pre-supone la posibilidad de ejercer la fuerza para imponer
determinado criterio. Para algunos muy ligada al magement y al liderazgo para
otros vinculada con los procesos de alienación, la cuestión es que la autoridad
es una de las variables que más emparentada se encuentra con la imitación.
Sin embargo, es correcto afirmar ¿qué imitamos a quienes ostentan autoridad tal
como sostiene Aldo Schlemenson?. ¿No es una idea preconcebida afirmar que la
imitación se da en círculos que conservan el poder?, ¿es la imitación política
por sí misma?.
Weber en sus escritos usa los términos dominación “tradicional” “carismática” y
“Racional”, acorde a los tres tipos de acción social, para hablar de la
autoridad. La primera, es aquella que se da junto a la naturaleza sagrada de las
tradiciones religiosas. La segunda, hace referencia según un sujeto particular
adquiere atributos especiales por sobre el resto. En último lugar, la dominación
“racional” o conocida también “legal-racional” apunta propiamente a la
legitimidad fundad en el Estado moderno basada en procedimientos normativos
formales y estatutarios. Uno de los errores de muchos científicos sociales que
se dedican a la investigación de la empresa, es focalizar en la autoridad
racional como su objeto de estudio; mientras que dejan de lado las otras dos
tipologías.
No está demás volver a señalar que dentro de la organización empresaria las tres
tipologías se dan y no sólo eso sino que interactúan en forma simultánea. Todos,
tenemos pautas y reglas que cumplir, pero a veces las violamos hasta por
tradición o influencia de un sujeto sobre el cual sentimos admiración y quien
sobre nosotros ejerce una autoridad carismática.
En su análisis de la “empresa unipersonal”, es decir una organización donde el
dueño y el gerente son la misma persona, Schlemenson (1987b:32) distingue dos
tipos de interacción diferentes. La primera, está supeditada a procesos
interpersonales de “identificación” con la autoridad, las necesidades,
motivaciones y ansiedades subjetivas; la segunda hace referencia a un sistema
normativo de sanciones formales e informales que forman las estructuras de rol,
la autoridad según comenta el autor, es el eje central que articula la
estructura organizacional.
Influido, por las enseñanzas de Elliot Jacques, distingue cuatro tipos de
estructuras organizativas: a) la formal u oficial, b) la presunta, c) la
existente, y por último la requerida. La divergencia entre ellas genera
conflictos y tensiones entre los miembros. Asimismo, señala “los roles y la
estructura, independientes de la persona, establecen conceptualmente una
separación entre persona y rol. Esta separación hace que en las organizaciones
el rol sea relativamente fijo y permanente, mientras que las personas roten.”
(Schlemenson, 1987:41)
Particularmente, su visión sobre el conflicto dentro de la organización es
negativa y en varios pasajes de su trabajo lo deja muy claro.
La posición de Schlemenson requiere ajustar su contenido y pasarlos por los ojos
de la crítica (aunque más no sea una muy sumariada); encontramos así por lo
menos dos obstáculos: por un lado, el conflicto como parte de la relación social
es innegable e intentar considerarlo una “patología” es no comprenderlo en las
dimensiones que éste requiere; por el otro, es precisamente discutible y
polémico pensar al rol y a la acción como separadas aunque sea en forma teórica.
De hecho, si uno analiza y observa a una empresa unipersonal y la compara con
otras estructuras (más burocráticas), precisamente se dará cuenta que una de las
características que distingue a la primera de las segundas, es la informalidad y
cercanía que existe entre rol y acción. Por ende, no es raro ver en estas
empresas tareas repetidas y procesos de control superpuestos, producto de un
apego a las antiguas funciones de rol (funciones residuales). Lo que caracteriza
a las empresas unipersonales, precisamente, de las burocráticas es un acentuado
proceso de interacción y autoridad carismática y tradicional en detrimento de la
legal racional. No importa tanto quien hace que o quien cumple cual función,
sino más bien quien es quien y como llegó a ese lugar.
Para finalizar, destacamos que el autor, vuelve a equivocarse cuando afirma
“Los fenómenos de crisis que suelen darse en las organizaciones están
relacionados con la influencia de un contexto turbulento amenazante. Las
organizaciones debieron transformarse o modificarse para evitar el riesgo de
desaparición. Los cambios abruptos ejercen en primer momento un impacto
desorganizador severo, desorientan, aportan sensación de catástrofe” (ibid:47).
Como le sucede con el conflicto, Schlemenson piensa a los procesos de crisis
como disfuncionales a la estructura organizacional. En parte tiene cierta razón,
pero olvida que los procesos de turbulencia refuerzan ciertas funciones de la
empresa tales como el liderazgo (autoridad carismática). La crisis interna o
externa (con todo lo amenazante que pueda parecer) plantea la posibilidad de una
reducción de la autoridad legal racional empero en la misma proporción surge la
probabilidad de un liderazgo carismático más férreo. Por ese motivo, muchas
pequeñas y medianas empresas han resurgido de las crisis en forma sorprendente
mientras grandes estructuras burocráticas no han hecho otra cosa que colapsar en
forma estrepitosa.
Por último, el error capital del autor consiste en presentar un modelo de
empresa que se aleja de la “unidad centralizada” aduciendo fallas en eficacia y
manejo comunicacional. De esta manera, la empresa “paternalista” parece un
modelo del cual el empresario debe desprenderse.
En este punto, es importante mencionar que la historiadora argentina Mariela
Ceva, en el estudio de Algodonera Flandria, demostró en forma contundente que
eficacia y paternalismo son elementos que se dan en forma complementaria y no
deben ser tenidos en cuenta en forma disociada. (Ceva y Barbero, 1995)
Leonardo Schvarstein (1991:49) advierte “toda actividad organizacional tiene
un valor semántico añadido, y es pasible de ser constituida como referente a los
efectos de entender cómo se debe asumir el rol. Los llamados procesos de
inducción, aquellos que se programan para un individuo cuando ingresa a una
organización, son paradigmáticos en este sentido. En efecto, no sólo son
portadores de lo explícito, de lo denotado, de lo que se quiere que el individuo
adquiera, sino que en este verdadero proceso de socialización secundaria el
ingresante “abreva” en excedentes de mensajes connotados, muchos de ellos no
controlables por la organización.”
Es así que algunos ordenes participativos y democráticos terminan siendo por si
mismos ineficientes. La imitación dentro de este contexto, lleva consigo una
tarea de vital importancia para la organización: la reproducción de
comportamientos en forma sistemática que ayudan a las estructuras
organizacionales a centralizar las decisiones que requieren los nuevos desafíos.
Pues, no puede entenderse el cambio sin aferrarse a la tradición como tampoco se
puede comprender la tradición sin el devenir del cambio.
De esta idea, surge la tercera de nuestras hipótesis, la cual establece que:
ante momentos o procesos de crisis o turbulencias en el entorno, la autoridad
carismática se acrecienta en detrimento de la legal racional. De esta forma, la
imitación reproduce prácticas y comportamientos que ya han funcionado en el
pasado. Esta dinámica refuerza un tercer tipo de autoridad, la tradicional.
Dicho en otras palabras, hacemos de nuestras tradiciones el mapa de lo que en el
pasado nos ha dado resultado.
Es posible, aunque no esté aún probado, que aferrarse a las tradiciones sea una
estrategia de supervivencia que no sólo concrete eficazmente los fines
propuestos, sino que legitime todo el aparato organizacional. Desde este punto
de vista, cuanto mayor es la inestabilidad mayor será la imitación entre los
miembros del grupo.
No parece ser cierto, que la imitación se vincule a los centros de poder con
mayor esmero de lo que puede vincularse con otros centros de prestigio o
reconocimiento, así se debe comprender que su dinámica esté presente tanto en
forma vertical como horizontal indistintamente.
LA EMPRESA TURISTICA (UNA APROXIMACION FINAL)
Hasta aquí hemos intentado presentar tres hipótesis de trabajo con respecto a la
función que tiene la imitación en nuestras relaciones laborales. Estas tres
ideas, hacen referencia a tres elementos bien diferenciados: la confianza, la
coacción y la autoridad.
En este apartado final, nos proponemos aplicar estas nociones a lo que se
denomina “la empresa turística”. ¿Por qué esta tipo de empresa y no otra?. Pues
bien, una empresa turística es una organización económica con fines comerciales
que se destaca por la producción de bienes intangibles o servicios. En el
turismo, aun cuando, el cliente pague por adelantado la noche de hotel o el
pasaje en avión, existe una expectativa e incertidumbre muy altos, desde el
momento en que el cliente no sabe o no tiene certeza de cómo será el bien a
consumir. Dicho en otras palabras, si bien ha sido asesorado por un empleado de
ventas y posee cierta idea de lo que serán sus vacaciones en Cancún, no será
sino una vez finalizada esa experiencia que reafirme o lamente su decisión de
compra.
Esta característica, muy distintiva del producto turístico no sólo define lo que
es la empresa turística sino que además relaciona los tres elementos teóricos
que ya hemos trabajado. Si la incertidumbre es el elemento principal para
comprender las tres hipótesis sobre la imitación, ¿Qué mejor ejemplo que una
empresa que está orientada a satisfacer necesidades con un alto grado
incertidumbre?
Sin embargo, aquí caben algunas mediaciones. Por un lado, no todas las empresas
turísticas siguen las mismas modalidades de trabajo, por otro tampoco poseen la
misma estructura organizativa.
Recordemos por un momento las tres hipótesis que han derivado de este esfuerzo
teleológico:
1- La imitación es un mecanismo que permite restaurar la confianza en momentos
que crisis, incertidumbre, conflicto y convulsión institucional. Sin embargo,
también puede observarse en momentos de estabilidad institucional, cuando los
mecanismos coercitivos no dan abasto y comienzan a ser disfuncionales para el
sistema mismo.
2- Los procesos de control social tienen como función principal, debilitar el
interés individual y reforzar los procesos de cohesión.
3- Ante momentos o procesos de crisis o turbulencias en el entorno, la autoridad
carismática se acrecienta en detrimento de la legal racional. De esta forma, la
imitación reproduce prácticas y comportamientos que ya han funcionado en el
pasado. Esta dinámica refuerza un tercer tipo de autoridad, la tradicional.
La primera hipótesis se comprende mejor según el siguiente caso: Un grupo de
turistas franceses arriba a la ciudad de San Juan para visitar el Valle de la
Luna. La visita es guiada completamente en español, al no hablar y mucho menos
comprender el idioma, este contingente imita las actitudes y las conductas de
los argentinos que siguen estrictamente las instrucciones del guía. Suben y
bajan de los vehículos cuando ven que todos lo hacen, sacan fotografías cuando
ven que todos hacen lo mismo y escuchan las interesantes explicaciones del
empleado del Parque aun cuando no entiendan lo que dice. En efecto, la
incertidumbre que genera el desconocimiento y la auto-afirmación por falta de
comunicación hace que estos turistas imiten al resto como medida que nivela un
efecto disonante muy marcado. El pensamiento sería “si todos lo hacen por algo
deberá ser, yo no se bien porque pero mejor seguir la corriente”.
También, se da el mismo caso cuando un empleado es transferido por primera vez a
un entorno laboral nuevo. En los primeros días de su adaptación, el sujeto
tendrá especial atención en las conductas de sus compañeros de trabajo, y en
(tal vez) un lapso breve estará en condiciones de imitarlos, hablar como ellos y
hasta vestirse en forma similar. El “efecto demostración” que experimentan
muchos pobladores locales cuando reciben en forma repentina grandes contingentes
de turistas extranjeros, que implícitamente modifican sus conductas, es un claro
ejemplo.
Sin embargo no son los únicos, también están aquellos imitan a los demás
persiguiendo un fin personal. Es el caso, del ejecutivo que copia la conducta de
sus subalternos para generar la confianza suficiente y restablecer el sentido de
solidaridad de grupo sin recurrir a elementos coercitivos. Los planificadores de
marketing que se esfuerzan por conocer las pautas de conducta de sus clientes,
para crear avisos publicitarios que vendan un producto o destino turístico
determinado. En esta ocasión, es el interés personal basado en el individualismo
o egocentrismo lo que mueve al sujeto a imitar o emular comportamientos en su
propio beneficio.
La segunda hipótesis se ocupa de este tema, en forma más detallada cuando afirma
que el interés individual se acrecienta cuando disminuyen los controles
sociales. En el mercado turístico es innegable el rol que cumplen los operadores
como grupo de presión capaz de fijar mínimos y máximos de precios en temporadas
cuando el Estado está ausente. En la inflación por demanda, es cuando las
empresas turísticas adquieren el máximo beneficio. Al contrario, cuando el
Estado obliga al mercado mediante la institucionalización normativa, por ejemplo
cuando establece medidas para que los turistas no sean engañados por las
empresas o cuando exige a los hoteles a exhibir sus precios, está fomentando la
cohesión grupal en detrimento de los intereses sectoriales (considerados en este
caso individuales).
Finalmente, vamos a detenernos en la tercera hipótesis la cual advierte que la
inestabilidad del medio disminuye la autoridad legal racional (normativa) y
aumenta la carismática (liderazgo) mientras que por refuerzo construye la
tradicional (usos y costumbres). ¿Qué ejemplos pueden respaldar esta idea?
Cuando un empleado aeroportuario o cuando un comandante de un avión trabajan a
reglamento por disconformidad, esto genera un perjuicio a la empresa para la
cual forman parte. La realidad es que en una organización la cantidad de normas
y estatutos legales existentes hacen inefectiva y en algunos casos muy difícil
la tarea diaria. Por ese motivo, y como tercer ejemplo, parte de las prácticas
que acostumbramos diariamente a realizar están orientadas hacia la concreción de
ciertos fines y objetivos. La imitación, en este caso, refuerza la autoridad
carismática, que de una u otra manera se dirige hacia la eficacia, en detrimento
de la legal normativa fundamentada en las reglas que deben romperse para
concretar esas metas. En el momento en que esta práctica se institucionaliza
como normal, estamos en presencia de lo que algunos denominan “normativa
informal” o “por desviación” y que no hace referencia a otra cosa mas que a la
autoridad tradicional.
Por otro lado, cabe aclarar que en ocasiones se cree que cuando la estructura
organizacional es excesivamente vertical (es decir existen una gran cantidad de
gerentes que forman parte de las líneas medias) la posibilidad de que se
observen procesos de imitación es mucho mayor que en organizaciones
estructuradas horizontalmente. Esto en parte puede ser cierto, ya que existen
posibilidades de que sujeto imite por admiración a quien considera su referente
directo. Sin embargo, esta noción es por sí misma falaz por dos razones
principales: la primera es que presupone que todos los jefes ejerzan sobre sus
empleados un liderazgo carismático lo cual ocurre en contadas ocasiones; segundo
no es el organigrama lo que moldea a la imitación, sino la relación entre el
primero y la concreción de los fines para la cual está orientada la estructura.
En organizaciones con estrictos organigramas verticales es factible que sus
metas sean a corto alcance, la inestabilidad del medio sea alta, y la
legitimidad de la gerencia esté siendo seriamente cuestionada. Ante este cuadro
de convulsión, es comprensible que las líneas bajas de la empresa imiten a los
estratos superiores; no por admiración sino para evitar la desintegración de las
partes que la componen. En este sentido y como lo hemos expuesto ampliamente, la
imitación juega un papel fundamental a la hora de mantener la cohesión social y
prevenir la desintegración y el caos que lleva consigo la falta de legitimidad.
No obstante, existen otros casos en que la imitación cumple un rol disgregador y
anómico.
Entre la teoría que hemos trabado, encontramos que Max Weber y Gabriel Tarde
tienen todavía mucho para decir en este tema. Sobre todo en relación al vínculo
que existe entre liderazgo e imitación. ¿Será una cuestión de que los analistas
organizacionales se interesen por el estudio de la imitación o simplemente
quedará condenada al olvido como muchos otros temas de los cuales nadie se ocupa
en desarrollar o continuar?
NOTAS
[1] Ethos es una palabra que deriva del griego y hace referencia al mundo en el
cual se vive. Su epistemología se remite a Ethikos lo cual significaba “Teoría
de vida” y de la cual deriva la palabra moderna “Ética”. A lo largo de la
historia los filósofos le han dado al término diversos sentidos, no obstante
aquel en el cual usamos nosotros este vocablo hace referencia a “mundo”.
[2] El término grupo de referencia y de pertenencia fue acuñado por la
psicología social y hace hincapié en la preferencia sobre las reacciones de los
individuos en su ambiente social interpersonal más extenso. Merton advierte
(284) “que los individuos actúan dentro de un sistema social de referencia
suministrado por los grupos de que forman parte es una idea antigua sin duda y
probablemente cierta … pero hay además el hecho de que los individuos se
orientan hacia grupos que no son el suyo para dar forma a su conducta y sus
valoraciones, y son los problemas centrados en torno de este hecho de la
orientación hacia grupos a los que no se pertenece los que constituyen el
interés distintivo de la teoría del grupo de referencia.”
[3] Para un desarrollo más extenso, véase el tratamiento de Robert Merton sobre
la anomia en Teoría y Estructuras Sociales. Páginas 140 a 168.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Bandura A. Principios de Modificación de Conducta. 1983.
Editorial Sígueme, Salamanca.
Blau P. Exchange and Power in social Life. 1964. Willy
Editor, New york.
Bok S. Lying. Moral choice in Public and Private Life. 1978.
Pantheon Book, New York.
Bowlby J. Una Base Segura: aplicaciones clínicas de la
teoría del apego. 1989. Editorial Paidos, Barcelona.
Cabot H. y Kahl J. Relaciones Humanas I. Conceptos. 1967.
Bibliografía Omeba, Buenos Aires.
Ceva M y Barbero M.L. “La vida obrera en una empresa
paternalista” publicada en revista Sociabilidades. 1995.
Collier G. y otros. Escenarios y Tendencias de la Psicología
Social. 1996. Tecnos Editores, Buenos Aires.
Deutsch M. Teorías en Psicología Social. 1997. Paidos
editorial, Buenos Aires.
Durkheim E. El Suicidio. 1986. Premia Editores, México.
Elster J. Domar la Suerte: la aleatoriedad en las decisiones
individuales y sociales. 1991. Paidos, Buenos Aires.
Etzioni A. Toma de Decisiones Humilde. Revista Harvard
Bussiness Review. Julio Agosto 1989.
Goodin R. Teoría del Diseño Institucional. 2003. Gedissa
Editorial, Buenos Aires.
Hollander E. Principios y Métodos de Psicología Social.
2000. Amorrortu Editores, Buenos Aires.
Kojeve A. La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel. 1975 Editorial La
Pleyade, París.
Korstanje M. Función del Rol Ambiguo y Aliciente Económico.
2005. Publicado en www.ilustrados.com.
Mayntz R. Sociología de la Organización. 1987. Editorial
Alianza, Madrid.
Merton R. K. - Teoría y Estructura Sociales. 1965. Fondo de
Cultura Económica, Buenos Aires.
Miller D. y Swanson D. The Changing American Patterns. 1958.
Willey, New York
Noelle Neumann E. La Espiral del Silencio. Opinión pública, nuestra piel
social. 1992. Paidos, Barcelona.
Luhmann N. Confianza. 1996. Editorial Anthropos, Mexico.
Parsons T. El Sistema Social. 1966. Revista de Occidente
ediciones. Biblioteca de política y sociología.
Pérez Garcia A. Una Polémica Creadora. 2004. Universidad de
la República del Uruguay. Documento número cuatro disponible en
www.rau.edu.uy/fcs/dts/psicologiasocial.com
Piaget J. La Formación del Símbolo en el niño: imitación,
juego, y sueño imagen y representación. 1990. Editorial Fondo de Cultura
Económica, Buenos Aires.
Powell W. y Di Maggio P. – El Nuevo Institucionalismo en el
Análisis Organizacional. 1983. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
Richardson T. y Richarson L. Using Computers in Qualitative
Research 1994. Sage Editor, California.
Rosen R. y Otros. Éxito Global y Estrategia local: el
conocimiento de las culturas nacionales como clave del liderazgo. 2000.
Editorial Vergara Bussiness, Buenos Aires.
Smith A. La Teoría de Los Sentimientos Morales. 2004.
Editorial Alianza, Madrid.
Schlemenson A.
a- La perspectiva Ética en el Análisis Organizacional. 1990. Paidos, Buenos
Aires.
b- Análisis Organizacional y Empresa uni-Personal. 1987. Paidos, Buenos
Aires.
Schvarstein L. Psicología Social de las Organizaciones.
Nuevos Aportes. 2000. Paidos, Buenos Aires.
Steiner P. La Sociología de Durkheim.2004. Editorial Nueva
Visión, Buenos Aires.
Urwick L y Brech E. F. La Historia del Management. 1970.
Ediciones Hyspamerica, Buenos Aires.
vWeber M. Economía Y Sociedad. 1999. Fondo de Cultura Económica, Buenos
Aires.
Winnicott D.W. Realidad y Juego. 1996. Editorial Gedissa,
Barcelona.
Zemke R y otros. Desafío Generacional. 2000. Editorial Vergara Bussiness, Buenos Aires.