
Lic. En turismo / Magister en Sociologia (Cand.)
Sociología laboral
País de residencia: Argentina.Cumpliendo con mis funciones
como asesor en una de las empresas en las cuales tuve el placer de trabajar,
pude observar un altercado entre el supervisor del departamento de logística
y un integrante del departamento de Maestranza. Tiempo después, hace dos
días atrás (para ser más exacto) fui testigo de otro altercado entre le
Gerente de Finanzas y otro integrante del mismo departamento.
Esto me llevó a pensar en la posibilidad de que quizás, este último
departamento (maestranza) tuviera algunos problemas de relación con otras
áreas por aspectos característicos que hacían a los integrantes del sector.
En dos casos, si la constante parecía ser la misma, por lo menos ya teníamos
identificada la variable sobre la cual dirigir nuestra curiosidad.
Visto desde una posición de staff o gerencial y siguiendo los propios
prejuicios, era ciertamente posible que el personal de maestranza no
estuviera lo suficientemente entrenado para poder entablar una conversación
dentro de los mismos parámetros y códigos que demanda un ejecutivo de
finanzas o ventas. O quizás que esa diferencia de códigos estuviera
generando el corto.
No obstante, me parecía prematuro poder sacar una conclusión de aquella
situación sin haber revisado primero el organigrama de la empresa, el
cual podría darme un encuadre general sobre si esa relación entre el sistema
finanzas y maestranza era permitido o si directamente el sistema maestranza
tenía prohibido su comunicación directa con el sistema finanzas.
Me acerqué a las oficinas del gerente general a fin de solicitar el
organigrama de la estructura. Aun cuando la empresa tenía un organigrama
formal, era claro que el personal de Maestranza dependía directamente del
gerente general y no debía dar explicaciones ni mucho menos dar cuentas a
cualquier otra gerencia que no fuera la General.
Bajo estas circunstancias el caso daba un cambio de 180 grados. Era
evidente, que tanto el Gerente de Finanzas como aquel supervisor logístico
habían transgredido una regla. La gente de maestranza no tenía un jefe
directo que los agrupara mas que el gerente general de la firma. Y realmente
como esté lo manifestó, no había necesidad de modificar tal relación.
Muchas veces, los organigramas cumplen con la función de diferenciar
jerarquías orientadas a la concreción de metas comunes. (especialización del
trabajo). En sí, es lógico, que unidos por un mismo objetivo central
(producción), aquellos que forman parte de una empresa establezcan canales
comunicativos según la utilidad de cada uno hacia la concreción del mismo.
Bajo este razonamiento, las relaciones humanas están supeditadas a la
utilidad que puedan dar al objetivo institucional de la empresa.
Pero desde un punto de vista informal, también es muy cierto que, uno tiene
la libertad de poder relacionarse con quien desea y evitar a aquellos con
los que no se establece un buen ”raport”.
Existen casos, donde la relación debe ser socialmente sancionada por
considerarse disfuncional para el sistema, y otros donde puede ser tolerada
por ser considerada a-funcional. En los casos, los cuales, sea vista como
funcional será fomentada. Nuestra interpretación del hecho era mucho más
simple: ¿estaba el secreto en la utilidad propia percibida?.
Para el personal administrativo su percepción de utilidad era mucho mayor en
relación a su labor con respecto a Maestranza.
Una semana más tarde, motivado por mi curiosidad, tuve una entrevista de
casi 40 minutos con los cuatro integrantes del departamento de maestranza.
Los temas eran muy variados, y estaban relacionados tanto con asuntos
laborales como con otros de interés general.
A mi sorpresa, los entrevistados demostraban el mismo grado de compromiso y
entusiasmo tanto para casos donde el tema central era el trabajo como para
aquellos el tema tenía que ver con él, como el partido de fútbol de la fecha
anterior. Era evidente, que aunque no reconocidos por la mayoría de sus
pares, este grupo tenía una motivación tan elevada como aquellos que ya
habían recibido premios extra saláriales por la excelencia en su labor.
Realmente, era sorprendente, como un grupo sin reconocimiento de sus pares,
sin objetivos cumplidos (mas que un sueldo a fin de mes) demostraba un alta
motivación.
¿Era yo capaz de volver a ver todos los manuales y libros que había leído
sobre recursos humanos y administración durante los estudios en mi carrera
de grado?. Todo parecía indicar, que lo aprendido hasta el momento en temas
de motivación y manejo de personal nada tenían que ver con aquello que
estaban observando mis ojos.
¿Es la diferencia de códigos en la comunicación y la instrucción aquel que
generaba estos conflictos?
Si bien hacia la misma pre noción apuntaban los entrevistados en los
sectores de mayor jerarquía, había que hacer ciertos reparos en nuestro
análisis. Uno de los entrevistados exclamó “los de maestranza funcionan a
los golpes como los de mecánica no se puede por diferencias culturales
entablar una comunicación civilizada con ellos”.
Fue entonces cuando dirigí mi atención hacia el departamento de mecánica. En
esa ocasión recuerdo haber encontrado un nivel muy bajo de motivación. Según
lo que pude averiguar esto se debía a que los integrantes de este sector no
habían podido cumplir ninguno de sus objetivos mensuales y era uno de los
departamentos que menos reconocimiento de sus pares parecía tener.
Evidentemente el nivel de instrucción (per se) no aparentaba ser el factor
que generaba los choques Inter. departamentales.
Sin embargo, como comparando se aprende, pude darme cuenta de un punto que
los diferenciaba. El departamento de Maestranza dependía directamente del
Gerente General mientras que el de Mecánica tenía en su organigrama por lo
menos cinco sistemas superiores que lo controlaban y lo condicionaban.
Para tal caso, podía pensar que a menor control mayor motivación pero esto
era relativo ya que el departamento de logística demostraba un menor grado
de control y una motivación mayor al resto de los sectores. El control -o
mejor dicho la capacidad de ejercerlo- tampoco parecía ser la causa del
problema que me pretendía estudiar.
El punto que diferenciaba a los departamentos de Maestranza y a Mecánica
era la frustración y los mecanismos de adaptación a la misma. En el primer
caso, había un alto nivel de frustración pero se había podido nivelar
mediante el vinculo con el individuo más influyente de la estructura. Por
otro lado, el segundo caso apartado de tal beneficio no tenía mas que
contentarse con los logros personales (concreción de objetivos planteados).
Paradójicamente, el grupo más dependiente por su falta de iniciativa estaba
motivado al mismo nivel que aquel que más independencia evidenciaba por la
concreción de todos sus logros departamentales. De esta forma, la concreción
de metas no cumple una función de cohesión sino de disgregación. En el
sentido que la acumulación de méritos separa al individuo de su grupo de
referencia más cercano.
El fracaso al igual que el éxito cumplen una función dual, ya que por un
lado diferencian empero por el otro masifican.
Dentro de su ethos, tanto Pedro, Raúl, Rodolfo y Adrián (maestranza) habían
podido asimilar sus frustraciones mediante una compensación simbólica. El
hecho de estar próximos a la persona que más influencia tenia en los
destinos de todos, hacía mucho menos pesado el hecho de no ser objetivamente
reconocidos por su tarea.
Para tal caso, cualquier intento por romper ese vínculo era respondido con
una actitud hostil, finalizada por la frase “Ud Señor por favor no debe
darme ordenes, diríjase a mi jefe por favor”, lo cual no sólo constituía
una actitud totalmente asertiva sino que además comunicaba en forma precisa
y clara lo dispuesto en el organigrama general.
Los departamentos de Finanzas y Logística (que comparaba sus logros por
sobre este departamento) juzgaban de casi inútil la labor de los
integrantes de maestranza y por tanto creían tener la facultad de
transgredir las normas estatutarias que prohibían su contacto directo.
La concreción de objetivos no sólo demuestra diferenciación del resto que ha
fracasado sino también ejercicio de poder y obediencia para con quienes se
encuentran en una supuesta “inferioridad de condiciones” por no haber
cumplido.
La forma de nivelar esa presión hace que los departamentos residuales sean
aquellos que más cerca se ubiquen (en relación vincular) de aquellos más
estratégicos para la organización, estructurando así una relación
centrípeta.
Luego de esta experiencia real, pude observar lo mismo en otros
departamentos y empresas en las cuales me había desempeñado. Claramente como
lo había pensado, mis primeras intuiciones eran meros prejuicios de clase.
Por otro lado, comprendí que para nosotros es importante la valoración y el
reconocimiento del otro, pero no es menos cierto que también influye en
forma significativa el valor simbólico que ese otro tiene en nuestra forma
de ver el mundo.