Victoria trabajaba en una importante empresa en atención al Cliente,  su jornada laboral era de 8 horas diarias aunque a ella le parecían interminables. Si bien trabajaba rodeada de amigas y compañeras de estudios, el ambiente no le resultaba agradable, no se sentía cómoda ni escuchada por sus superiores.

 

Habitualmente recibía capacitación y tenia todo muy bien aprendido, Ej.: Como responder ante determinados reclamos del Cliente, como evitar engancharse en las discusiones y muchas otras técnicas mas, pero igual sentía que “algo” le estaba faltando.

 

Además era muy habitual que al llegar a su casa, ese “mal humor” generado en el trabajo, seguía acompañándola, aunque muy pocas veces se daba cuenta de ello. Salvo cuando alguna amiga o su novio se lo hacían notar.

 

Que le pasaba a Victoria que lejos de estar “disfrutando” de su trabajo, lo estaba padeciendo” ?.

 

Al igual que a ella, a muchas de las personas les cuesta no “engancharse” emotivamente con ciertas conversaciones. 

 

Cuando hablamos de emocionalidad, podemos distinguir entre dos tipos de fenómenos : Las emociones y los estados de ánimo.

 

Tomando el caso de Victoria, por la mañana cuando llegaba a su trabajo venía con muchas ganas de comenzar el día, planificaba que actividades haría después de su jornada laboral, coordinaba con sus compañeras de estudio alguna salida para el fin de semana. podríamos afirmar que su estado de ánimo era de optimismo, de pronto, atendía un reclamo de esos que no podía manejar y en un momento determinado, gatillado por ese evento que interrumpía el “fluir de la vida”, cambiaba temporalmente su predisposición a la acción.

Distinguimos así un estado de ánimo, el optimismo, de una emoción, la bronca.

Cada vez que experimentamos una interrupción en el fluir de la vida se producen emociones.

 

Los estados de ánimo son predisposiciones para la acción, vivimos inmersos en estados de ánimo, dondequiera que estemos y dondequiera que habitemos.

 

Una vez que nos encontramos dentro de un determinado estado de ánimo,  nos comportamos de acuerdo a lo que se espera de él.

 

También es verdad que los estados de ánimo nos tienen a nosotros,  “nos convertimos en nuestros estados de ánimo”.

Cuando los reconocemos, significa que ya estamos sumergido en ellos.