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ENTRE LA CAPACIDAD Y EL ALTO RENDIMIENTO
- By Jose Enebral Fernandez
- Published 03/5/2008
- Alta Gerencia
- Unrated
Jose Enebral Fernandez
Consultor de Management y Recursos Humanos, el ingeniero madrileño José Enebral colabora desde hace años con diferentes medios impresos españoles y americanos (Capital Humano, Training & Development Digest, Nueva Empresa, Learning Review, Coaching Magazine...). Pronuncia además frecuentes conferencias en diferentes países, abordando temas como la intuición en la empresa, la calidad de vida en el trabajo, el aprendizaje permanente o la Sociedad de la Información
Temas: management
País de residencia: España.
View all articles by Jose Enebral FernandezENTRE LA CAPACIDAD Y EL ALTO RENDIMIENTO
Hay que insistir en que un perfil profesional, por muy completo que parezca, no garantiza los logros, y en que la distancia, la terra incognita, que separa a la competencia exigida del éxito perseguido viene a ser una intrincada, inexplorada, selva de estímulos, intereses, dilemas, obstáculos, sentimientos, tentaciones y circunstancias, de origen individual y organizacional. Entre otras metacompetencias y en diferentes colectivos profesionales, la intuición, el compromiso, y la confianza en lo que se hace parecen contribuir a resolver el hiato existente entre la capacidad atesorada y el alto rendimiento perseguido.
Sabemos que los directivos
—empecemos con este colectivo—, movidos por intenciones y coyunturas,
han venido en los últimos años dedicando su empeño a propósitos
alternativos y diversos: a gestionar su empresa, o a gestionar su valor
en el mercado; a asegurar el futuro, o a generar éxitos rápidos; a
generar productos atractivos para sus clientes, o a estimular sus
decisiones de compra; a hacer crecer sus empresas, o a reducir
plantillas… Felizmente, en la mayoría de los casos se ha venido
trabajando más en lo primero que en lo segundo, y cosechando éxitos y
fracasos que, como hemos comentado, no se explicaban siempre por la
competencia o incompetencia de los protagonistas, y que, aparte de los
elementos exógenos, parecen más vinculados con algunos endógenos como el
compromiso, la confianza en lo que hacemos, la integridad o la
intuición.
El compromiso, si auténtico, si referido a metas empresariales no
adulteradas y a medios saludables para alcanzarlas, desata la voluntad,
toma forma de motivación, coraje o empeño, y se materializa en actitudes
y actuaciones como las siguientes:
Desarrollar con diligencia y esmero nuestras tareas.
Asegurar su contribución a resultados colectivos.
Neutralizar cualquier circunstancia o evento que ponga en riesgo las
metas.
Guiar, en su caso, la actuación de nuestros colaboradores.
Asegurar el alineamiento de éstos con las metas comunes.
Seguir las reglas y métodos establecidos en la comunidad profesional.
Subordinar intereses propios a los colectivos.
Cultivar los valores corporativos.
Colaborar con los demás.
Ejercer crítica constructiva, inteligentemente formulada.
Hacer fluir la información y conocimientos de que disponemos.
Ser leales, íntegros y coherentes.
Ser preactivos o proactivos, lejos de la pasividad.
Conjugar la percepción de la realidad con el optimismo.
Perseverar ante las dificultades.
Perseguir la mejora continua y la innovación.
Representar dignamente a nuestra organización ante terceros.
Equilibrar la relación personal con la ejecución de tareas.
Contribuir a la calidad de vida en el trabajo.
Estas actuaciones se ven típicamente asistidas por la intuición como
complemento de la inteligencia, y de ello se benefician muchos
directivos; pero también hay —no lo olvidemos— obstáculos diversos en la
selva inexplorada a que nos habíamos referido en el camino del éxito.
Entre algunos endógenos posibles y todavía pensando sobre todo en
personal directivo:
El excesivo culto al ego.
La presunción de infalibilidad.
La codicia de dinero o poder.
El imperio de la autoridad sobre la racionalidad.
El aferramiento a errores estratégicos o tácticos.
La adulteración de las metas.
La desconexión de la realidad interior y exterior.
La voz interior, si le damos ocasión, podría ayudarnos a ver lo
ridículos que resultamos a veces en defensa del ego; a detectar nuestros
errores; a sentir que estamos bajando la guardia; a percibir nuestra
obstinación; a ver realidades ocultas... Si nos caracterizan algunos de
estos pecados capitales y no prestamos oído a esta voz interior, podemos
quedar atrapados en la travesía hacia el logro; pero si la escuchamos
con honestidad, podrá asistirnos en la toma de acertadas decisiones y en
la solución auténtica de problemas y conflictos.
Vayamos ahora a los trabajos técnicos de investigación e innovación, o a
modestas y cotidianas tareas creativas de los profesionales técnicos:
resulta frecuente encontrarnos con íntimas convicciones en relación con
las posibilidades a explorar. No podríamos ser tan perseverantes si no
estuviéramos seguros de que vamos bien. Pero también algo puede decirnos
que por ahí no; algo nos guía, y lo percibimos especialmente en los
estados de flujo intuitivo, cuando estamos concentrados en la tarea.
Abramos espacio a la confianza en lo que hacemos y a la intuición.
Lo dijo Einstein: “En todos estos años, he tenido un sentimiento de
dirección, de ir derecho hacia algo concreto; es difícil describir este
sentimiento, pero yo lo experimentaba en torno a mí”. Nuestra actividad,
la de todos nosotros, directivos y trabajadores, es seguramente más
modesta; pero como profesionales de nuestras áreas técnicas hemos de
contribuir a su desarrollo, y a este fin orientamos esfuerzos. Nos
sentimos profesionales leales a nuestra profesión, y en consecuencia
perseguimos logros técnicos o funcionales de que sentirnos orgullosos.
En definitiva, parece difícil alcanzar éxitos profesionales sin contar
con la confianza en lo que hacemos, con la intuición como guía y vigía;
con el compromiso que nos energice.

