Los expertos no se ponen de acuerdo sobre cuándo es el mejor momento. Los hay que opinan que un negocio debe estar siempre reinventándose, porque los gustos del consumidor cambian constantemente. Otros, sin embargo, aconsejan ser prudentes y meditarlo bien. La frecuencia con que se debe hacer el restyling depende de dos factores:

- Tipo de público al que nos dirigimos, más o menos proclive a los cambios.

- Sector de actividad en el que nos movemos. Por ejemplo: el sector farmacéutico planea sus innovaciones con 20 años de plazo, el textil con 6 meses, el de alimentación y perfumería continuamente, y el del automóvil con 18 meses.

En general, todos los expertos coinciden en que no deben pasar más de cinco años sin añadir alguna modificación a nuestro producto o servicio, salvo que nuestra marca sea de las llamadas
intocables, en cuyo caso habrá que potenciar el valor de lo clásico, y dejar las innovaciones para nuestros productos de gama inferior.

En ocasiones, es la empresa líder en el sector la que marca el momento de hacer el restyling a las demás, por introducir cambios en su propia marca y no poder permitirnos el lujo de quedar atrás.

Hay, sin embargo, una serie de indicadores claros:

- Aunque siga vendiéndose bien, el diseño de nuestra oferta empieza a quedarse anticuado para el gusto de nuestra clientela

- Las ventas se ralentizan

- La competencia se mueve

- El sector crece a menor ritmo que el de mercado

- Los distribuidores te comentan que el producto ya no tiene la misma salida

En definitiva, hay que estar alerta. Si tu marca funciona bien, no la toques; pero al menor síntoma, pon en marcha su restyling antes de que sea tarde.