Ingeniero-Administrador, Abogado, Doctorado Honoris Causa en Educación De ahí, que no nos debe extrañar, que se comente, que la participación de la mujer en el mercado laboral aumenta, especialmente en las edades centrales, coincidiendo con la vida familiar. También aumenta el porcentaje de mujeres asalariadas, hecho que confirma que su situación laboral está cada vez más formalizada y socialmente reconocida. Aumenta el número de mujeres empleadas con estudios superiores y su presencia se hace patente en casi todos los sectores económicos. Sin embargo, si bien es cierto que las mujeres acceden al trabajo, no deja de ser menos cierto que aún se sitúan lejos del poder, feudo que aún mantiene la población masculina. La tasa de incorporación de la mujer a cargos directivos es aún menor al 5%.
Para una mujer suele ser difícil encontrar un empleo, de ahí que los programas de ayuda a los grupos menos favorecidos las incluya como uno más, entre los jóvenes en busca del primer empleo y los minusválidos. Además, cuando lo encuentra, se caracteriza por su precariedad. Y por último, la remuneración que recibe generalmente una mujer es menor que la que recibe un hombre.
Este rol de integración de
la mujer de manera proactiva a la fuerza laboral ha conllevado por
ejemplo, como lo analiza intermanagers, que a medida que las mujeres
afirman su posición en el mundo ejecutivo, las cuestiones que las
inquietan varían: del acceso a la dirección a una mayor comodidad en sus
elecciones personales. Esta situación representa un cambio y una
expansión en la clase de problemas que típicamente enfrentaban las
mujeres con éxito. Antes, lo más importante eran los obstáculos
laborales vinculados con el género: acoso, aislamiento, necesidad
constante de encajar y demostrar el propio valor; ahora, el énfasis está
puesto en los estilos de vida cambiantes, en las elecciones y los
compromisos, en las fuerzas que influyen en las decisiones y en las
estrategias con las que las mujeres triunfadoras se labran carreras
significativas y satisfactorias.
Muchas mujeres se encuentran frente a una encrucijada: los caminos
tradicionales en las carreras profesionales parecen claros pero,
también, insatisfactorios o imposibles de transitar, mientras que los
nuevos senderos que permitirían una vida más plena, son complejos,
inciertos y ambiguos.
Algunas preguntas que desvelan a mujeres en cargos ejecutivos son: ¿qué
significa ser una directora de éxito?; ¿el éxito equivale al progreso en
la carrera o a algo más?; ¿cómo tomo decisiones sobre mi vida?; ¿cómo
puedo fusionar mis ambiciones profesionales con mis otros objetivos de
vida?; ¿puedo ser fiel a mí misma y a mi organización al mismo tiempo?;
¿puedo desarrollar todo mi potencial en este trabajo?; ¿qué estoy
perdiendo al tener éxito en mi trabajo?; ¿cómo acceden al poder las
mujeres?; ¿qué estilo político efectivo me resulta cómodo?; ¿cómo puedo
mostrar seguridad en mí misma de manera eficaz.
Estos interrogantes reflejan preocupaciones muy diferentes de las que afligían a las generaciones previas de mujeres triunfadoras; otro elemento distinto es que, ahora, son muchas más las que ponen en tela de juicio su vida profesional.
Definitivamente como lo indican Marian N. Ruderman / Patricia J. Ohlott, muchas mujeres se encuentran frente a una encrucijada: los caminos tradicionales en las carreras profesionales parecen claros pero, también, insatisfactorios o imposibles de transitar, mientras que los nuevos senderos que permitirían una vida más plena, son complejos, inciertos y ambiguos.