Seamos sinceros, ¿quién no
ha sentido ganas de entrar a los outlets de Puma, Polo, Cardinale, Casa
& Ideas o Discount House de Hush Puppies? Ver un letrero que diga:
Outlet de Maui, hasta 60% off, palidece a cualquiera, más todavía a mi
señora. Las carpas con grandes letreros “Off” y las etiquetas de precios
de color amarillo son un gancho que cuesta resistir.
¿Me compro un pantalón en la boutique de siempre, o me compro tres
pantalones de la misma calidad en Zara? No hay dónde perderse. Me lo
compro. Mejor dicho, me los compro, pero a bajo precio, y tres. Outlets,
la energía, billetes de avión, hoteles, autos, universidades,
telecomunicaciones y el software quizás antes no tenían nada en común,
pero hoy todas se reúnen bajo el concepto de vivir la vida low cost.
El otro día escuché en la radio, por motivo del día del medio ambiente,
que uno de los países nórdicos o escandinavos, no lo recuerdo bien,
había reducido su consumo de agua a nivel país, tras las campañas
impulsadas por el gobierno local. Incluso Romano Prodi, Premier
italiano, destacó el interés de su país de aumentar sus inversiones en
Chile, sobre todo en los sectores de energías renovables.
Sigamos: los biocombustibles ocuparon un lugar muy importante en la
agenda de trabajo de George W. Bush en su reciente visita a países
latinoamericanos y ni hablar del impacto que provocó el documental “An
Inconvenient Truth” producido por Al Gore. Lo anterior es parte del
fenómeno low cost, que incluso va más allá de la moda. Y la cuestión no
para ahí.
Basta ver el giro del mercado automotriz hacia los denominados híbridos,
vehículos que combinan o incorporan más de una fuente de propulsión,
como un motor de combustión interno y un motor eléctrico. Por dar un
ejemplo: tan sólo el grupo japonés Toyota, segundo constructor mundial
de automóviles, prevé fabricar un millón de híbridos en 2010, de un
total de 9 millones de unidades. En el largo plazo, se espera que posean
motores híbridos toda la gama de modelos de ésta y otras marcas.
Todo esto además se suma a la novedad de los autos baratos, que veremos
incrementarse con la puesta en marcha de los diversos TLC firmados por
Chile con los países asiáticos. La marca china Great Wall con su modelo
Hover inició hace pocos días una interesante campaña, con un vehículo
cuyo aspecto no tiene nada que envidiar a los SUV de marcas bien
posicionadas en nuestro país.
Pero la moda de los precios asequibles o el lema viva el mundo low cost
ha sido un pleno boom con las Aerolíneas. De hecho el término se comenzó
a usar cuando el mercado aéreo aprovechó las ventajas de internet para
lograr reducir los precios de los billetes. Primero en Chile fue la
llegada de la colapsada Air Madrid , luego la brasileña Gol y hoy vemos
que el fenómeno ha alcanzado hasta a LAN, con ofertas impresionantes en
vuelos locales. Sin embargo, el cierre de Air Madrid y de Air Asturias
ha puesto en tela de juicio un modelo de negocio que tiene gastos
excesivos, sobre todo en vuelos de largo radio.
Gastar menos, contaminar menos, pero no consumir ni disfrutar menos, y
al mismo tiempo ganar en calidad de vida y ganar en competitividad en el
caso de las empresas.
Una mención especial merece el software libre, mercado que está
generando una inusitada reacción y debate entre sus seguidores y sus
detractores, debido a que muchas veces estos programas ni siquiera son
de bajo costo, sino que gratuitos. Los miles de millones de dólares que
mueve esta industria del software hacen que el impacto potencial de
cualquier cambio en la estructura del sector genere una acción y
reacción por parte de las numerosas partes implicadas, e incluso con
repercusiones en la sociedad en general. De este modo, las licencias y
actualizaciones comerciales tremendamente costosas también deben hacer
frente al fenómeno low cost que arrastra el software libre.
El sistema operativo Linux, el servidor web Apache y Tomcat, la base de
datos MySQL, las suites de productividad OpenOffice o StarOffice, el
sistema de business intelligence Pentaho y el groupware Hipergate son
sólo algunos ejemplos de sistemas de muy buena calidad que se pueden
obtener en forma gratuita o a un bajísimo costo. En este mundo, los
modelos de negocios son similares a los softwares comerciales, sólo que
no existe el pago por licencias, y a quien le ha tocado adquirir
sistemas con licencias comerciales, sabe que los precios normalmente son
múltiplos de cien mil dólares.
Pero los gigantes del software comercial no se quedarán atrás. Un
movimiento relativamente nuevo es el “Software como servicio” o “SaaS”
(del inglés Software as a Service), donde el pago de las licencias, la
consultoría e implementación son llevados a una tarifa mensual fija. No
dejó de sorprenderme la oferta de Oracle con su “Siebel CRM on Demand”,
donde invita a tener en la empresa un afamado sistema CRM desde sólo US$
70 mensuales ¡¡Guau!!
¿Se nos vino un desafío? ¡Ni hablar! Las empresas se enfrentan a dos
disyuntivas claves. La primera es qué hacer con las nuevas y poderosas
herramientas que se nos presentan para mejorar la productividad y
competitividad, con barreras económicas y requisitos técnicos mínimos.
La segunda es cómo incorporan a su oferta de valor la nueva mirada que
consumidores individuales e institucionales están haciendo sobre los
beneficios que progresivamente esperan obtener por su dinero.
Para mi gusto, el aprovechamiento de las nuevas herramientas para ganar
competitividad y productividad pasa por un hecho clave: tenemos que
pasar del discurso a la acción en cuanto al valor que asignamos al
conocimiento como factor clave en la estrategia del negocio.
Planificar para saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir, para
enfocar y asignar correctamente los recursos, para que adquirir
conocimiento sea un proceso conciente y valioso, no el pasatiempo de un
estudiante en práctica. No confundir conocimiento con capacitación, ya
que el primero es un tema de gerenciación y el segundo es una
herramienta, como también es la investigación, la contratación de
asesorías, el gerenciamiento part-time y otras yerbas similares. El
conocimiento no es un tema de las finanzas y el 1% del Sence, es un tema
de gestión del negocio. Pasar del “hay que” al “tengo que” será lo que
nos permitirá hacer un alto y ganarle unos metros al voraz día a día. El
conocimiento permite innovar, e innovar nos lleva a la segunda
disyuntiva.
La agregación de valor para el “consumidor low cost” sigue tres caminos:
entregar beneficios similares a un menor precio, incrementar el valor
percibido sin que el cliente deba pagar más por ello, o una combinación
de las anteriores, que es el más difícil.
Hace un par de días le pedí a un amigo que trabaja en una prestigiada
marca de notebooks, que me consiguiera un equipo similar al Dell XPS
1330 pero a un precio menor a lo menos similar, para no tener que
bancarme los 20 días que se demoran normalmente en despachar el aparato.
Me dijo “ninguna posibilidad de competir con Dell, porque ellos no
tienen que pagar los intermediarios que nosotros sí tenemos”.
Valor similar (e incluso mayor) a menores precios, significa desarrollar
e innovar en todos los procesos del negocio. Y es absolutamente
imprescindible reconocer, que a veces, no están dados los conocimientos
en la empresa para hacerlo. Adquirir conocimientos no es nada del otro
mundo. Tomar conciencia de la necesidad de ello ya requiere ver un poco
más allá de la punta de los zapatos.
Esperaré gustoso mi nuevo y poderoso Dell. Soy un consumidor low cost en
búsqueda de ofertas low cost. Me gusta.