
La Lic. Vázquez forma parte de Q GRUPO ASESOR S.A.
No existen dos calidades,
solo existe Calidad; y Calidad es cumplir siempre las necesidades y
expectativas de los clientes, no sólo de los del exterior, de todos los
clientes. La Calidad no se alcanza con órdenes y, quién aún no aprendió
esto enfrentará muy serios problemas, la Calidad se crea, la Calidad es
una cultura que invade la empresa alcanzando todos sus recovecos. Si no
es así, no existe.
¿Cómo se crea una cultura en una organización, desde un país hasta una
empresa? Dijimos que no es con órdenes, tampoco es con normas y
entrenamiento. Una cultura organizacional se crea con ejemplo y
formación.
En el caso de una empresa, el ejemplo lo proveen sus máximas autoridades
que son los dueños y/o gerentes, es decir la dirección. No importa lo
que dicen, importa lo que hacen, pues ello determina la cultura de la
organización.
Socialmente es reconocido que el ejemplo de los padres es fundamental en
la educación de los niños, los padres son los primeros referentes del
niño. Algo similar es lo que ocurre con la dirección de la empresa y el
personal de la misma : la dirección es el referente de los empleados.
A veces la dirección comprende la necesidad del cambio cultural pero no
está dispuesta a predicar con el ejemplo, intenta entonces alcanzar el
cambio incorporando nuevo personal jerárquico proveniente de empresas
que han desarrollado esa cultura ambicionada. Los resultados previsibles
son : la mimetización del nuevo empleado con la cultura existente en la
empresa o bien, su renuncia o despido. La dirección es la única que, a
través del ejemplo, puede generar el cambio cultural en la organización.
El cumplimiento de las necesidades de los clientes requiere de una gran
vocación de servicio por parte de todos los integrantes de la
organización. Para lograrla, la dirección debe mostrar su propia
vocación de servicio, debe comprender que su tarea permanente es allanar
el camino a los empleados para que ellos puedan realizar su trabajo con
eficacia. La dirección “allana el camino” cuando provee una política y
recursos, cuando está disponible y toma rápidamente las decisiones que
nadie más puede tomar y cuando sabe delegar las demás decisiones en los
empleados capacitados a tal fin.
En un entorno globalizado y cambiante, la toma de decisiones ya no puede
restringirse a la dirección ni supeditarse a estados de ánimo y tampoco
basarse en el “olfato”. Las decisiones deben tomarse en base a datos e
información verificable.
Todos los integrantes de la empresa, incluyendo la dirección, deben
aprender a tomar decisiones. Si no lo cree así piense un momento cuánto
dinero le han costado las decisiones incorrectas tomadas en los últimos
cinco años. Hoy, la formación continua es un requisito para asegurar la
permanencia de la empresa en el tiempo. Una encuesta entre once estados
miembros de la Unión Europea muestra que los países del norte de Europa
son los que realizan mayores esfuerzos para mejorar la formación de sus
trabajadores. A la cabeza está Dinamarca ( 14 horas de formación cada
1000 horas trabajadas). Le siguen Suecia, Finlandia y los Países Bajos,
Irlanda y Bélgica. Si se observa la situación económica y social de
estos países, es fácil llegar a la siguiente conclusión: la formación
del personal es una inversión y no un gasto.
La exportación de productos y/o servicios tiene que ser una actividad
tan rutinaria para la empresa como lo es la provisión a los clientes
locales. No debe requerir operativos excepcionales ya que, si los
requiere, en poco tiempo perderá sus clientes por su incapacidad de
cumplimiento. Lo que ocurre es que los operativos excepcionales
reiterados dejan de ser excepcionales y se integran a la rutina de la
organización quedando así sujetos a las pautas culturales vigentes en la
misma.
La única manera de retener a los clientes, tanto locales como del
exterior, es realizar el cambio cultural que asegure que la empresa es
capaz de satisfacer siempre las necesidades y expectativas de todos sus
clientes.