
Fundador y Director General de AITA, Consultores de Innovación Tecnológica y Empresarial, S.L. (desde 1.989)
Ciertamente en nuestro
pequeño mundo de la peineta, el clavel y la rosa, empresario para
muchos, estaba asociado al empresario de la plaza de toros, al del circo
y, en general, al de las “varietées” y espectáculos, en todo caso a un
“trabajo”, (generalmente mucho trabajo) pero que para el común era
sinónimo de jolgorio, fiesta y zarabanda, más alegre y amable que otra
cosa.
Emprendedor, palabra empleada por la progresía en general para nombrar
al empresario del plástico, del metal, del turismo, del zapato, de la
construcción y de la piedra, es más adjetivo calificativo que nombre,
puesto que hay empresarios emprendedores, otros que no lo son y así les
va a sus empresas.
Creo que ha sido por un falso pudor de hacer bueno, algo históricamente
denostado y por ello el cambio de nombre por el adjetivo.
Hoy los emprendedores, las emprendedoras, ya comúnmente definidos como
aquellas personas que comienzan algún negocio con ánimo de lucro, que no
es malo y que crearán empresas de las que de ellas, sí salen adelante,
serán empresarios; empresas que crearán riqueza y puestos de trabajo,
serán las que defiendan el progreso y pagarán el sistema de pensiones.
Hoy las personas emprendedoras tienen todo el apoyo social y los
empresarios, agentes y actores de desarrollo social, son un importante
activo de nuestra sociedad.