Los robots llevan años siendo utilizados en la industria, porque
programarlos para realizar tareas repetitivas era mucho más fácil que
intentar integrarlos en la vida cotidiana. Ahora el siguiente campo a
conquistar es el hogar. Y si no, ahí tenemos a
Roomba, el aspirador de iRobot (300 euros) que detecta la porquería, la limpia y luego vuelve a su base.

El
Gobierno de Corea del Sur, en su intento por introducir los autómatas
en los hogares, distribuyó gratuitamente hace tres años mil robots
domésticos, que vigilaban la casa cuando no estaban los dueños, leían
cuentos, ayudaban en la limpieza... Fue bastante polémico no por el
rendimiento de las máquinas en sí, sino porque estaban conectadas a una
sede central controlada por el Gobierno, y algunos lo consideraron
espionaje.
Otro ámbito en el que se está trabajando es el de las personas con problemas de autonomía. Como ejemplos tenemos a
Hal, un exoesqueleto precursor de los ciborgs (combinación humana y mecánica); a la foca
Paro,
orientada a la estimulación de los ancianos,ya que si la tratan bien
aprende y transmite cariño; y Wakamaru, de aspecto humano, que es capaz
de mantener conversaciones simples, recordar a los ancianos cuándo
tomar la medicación o pedir ayuda si sospechan que puede haber algún
problema.
El envejecimiento de la población, junto con la
reticencia a ser atendidos por inmigrantes (prefieren ser atendidos por
robots que por extranjeros), son los dos factores fundamentales de la
expansión robótica en Japón.
En Estados Unidos va por otros
derroteros: el automóvil. En 2005, un Volkswagen Tuareg al que se le
habían añadido dos radares, cámaras, GPS, seis procesadores Pentium y
cinco detectores de movimiento láser, cruzó por sí sólo 200 kilómetros
del desierto de Mojave, tomando decisiones ante cada obstáculo. Otro
vehículo consiguió también hacer un recorrido urbano (en circuito
cerrado) de 100 kilómetros, respetando puntillosamente las normas de
circulación.
Los últimos experimentos van orientados a interpretar las emociones humanas y los gestos que las acompañan. Por ejemplo,
Keepon, un especie de patata que baila canciones marchosas;
Asimo, que sabe estrechar la mano cuando se la ofrecen; o
Albert Hubo, una especie de Einsten que reproduce 35 gestos de la cara.
Hay
también proyectos que parecen más de película, como los nanorrobots que
se introducirían en el cuerpo para combatir enfermedades, o los
orientados al campo militar. Algunas ONG temen incluso una
carrera armamentística robótica.
Aunque
todos estos proyectos puedan hacernos temer el futuro, lo cierto es que
los avances se van introduciendo en nuestras vidas tan poco a poco que
ni nos damos cuenta.
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