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RECORDANDO A LEO BUSCAGLIA
- By Carlos Mora Vanegas
- Published 06/19/2008
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Carlos Mora Vanegas
Ingeniero-Administrador, Abogado, Doctorado Honoris Causa en Educación
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Libros que se discutían en talleres, se analizaban sus posiciones y sin duda alguna, aportaban reflexiones, enseñanzas muy significativa en pro del crecimiento personal de cada quien. Sabemos que a algunos les ayudo en su crecimiento.
El diario Clarín.com sobre él escribió, autor de Vivir, amar, aprender y otros 14 libros de autoayuda que vendieron más de 20 millones de ejemplares, murió en su casa de Lake Tahoe, en Nevada. Stephen Short, su amigo y editor, confirmó que Buscaglia murió de un paro cardíaco. Buscaglia, de 74 años, fue uno de los pioneros en el género de los libros de autoayuda. Sus obras, traducidas a 19 idiomas, durante años figuraron en los primeros puestos de la lista de best-seller del The New York Times, entre otros medios. Sin embargo, el barbudo y efusivo profesor Buscaglia nunca se casó ni tuvo hijos, aunque siempre dijo ser un amante del amor, las familias y los niños. En vida, respondía a quienes le criticaban esa paradoja explicando que él amaba a toda la humanidad, no a una persona. Llegó a escribir su primer gran éxito -Amar, publicado en 1972- casi de casualidad. Afectado por el suicidio de un estudiante de la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles -donde Buscaglia enseñaba patologías del lenguaje a docentes-, decidió dar un curso sobre el amor .Los colegas de Buscaglia lo miraron con escepticismo, pero el aula se llenó con 600 alumnos. Entonces empezó a dar conferencias en el circuito universitario estadounidense, hasta que en Nueva Jersey un editor, Charles Slack, lo convenció de que debía escribir un libro. Amar se publicó en 1972 y vendió un millón de ejemplares.
Después siguieron otros éxitos como Vivir, amar y aprender (1982), Amar a los demás (1984), Nacido para amar (1992) y El libro de cocina del amor (1994).En los Estados Unidos, el periodismo lo había bautizado el doctor abrazo y el mercader del amor. Desde que se transformó en un autor exitoso, Buscaglia quedó asociado a la imagen de un hombre que daba abrazos espontáneos de corazón a corazón. Sus conferencias sobre el amor consistían de una hora de charla sobre el tema, que terminaban en tres horas de abrazos. Ante una Audiencia de padres de familia, era capaz de hacerlos llorar al preguntarles: ¿Hace mucho tiempo que no les dicen a sus hijos cuánto los quieren? En palabras de sus muchos admiradores, Leo era un hombre que todos amábamos. Sus críticos dicen que ésta era una imagen cuidadosamente construida. Pero evitó siempre transformarse en un apóstol en busca de una congregación, más bien trató de ser un maestro que inspiraba a la gente a amar a los demás tanto como a sí mismos .Leo Buscaglia no pretendía ser original. Se había criado en una típica familia italiana, reunida alrededor de una mesa de tallarines, donde los chicos debían contarle al padre sus actividades diarias. Papá Buscaglia era mozo de bar en Los Ángeles, le gustaba bailar y cantar con sus hijos. Y tenía una frase de Cabecera: Hay que aprender algo nuevo cada día. Su hijo Leo Buscaglia iba a frecuentar las enseñanzas de Jesucristo, Buda y los dioses hindúes para acuñar frases sobre el amor. Cualquier cosa que nos inhiba no es amor, el amor sólo es amor cuando nos libera, escribiría años después.
Hay antecedentes de cómo se adentró a convertirse en un maestro demandado por sus libros, conferencias sobre el amor. Al respecto predicado.com, nos recuerda, que ante el hecho fatal de una alumna que él apreciaba dijo: “¿Que estamos haciendo?” , Pregunte a un colega. “Nos ocupamos demasiado en enseñar cosas. ¿De que sirvió haberle enseñado a Liani a leer, escribir, hacer cuentas, si jamás incluíamos lo que realmente necesitaba aprender: a vivir jubilosamente, a justipreciarse y a tener conciencia de su propia dignidad? ” . Quise ayudar a quienes necesitaban sentirse amados. Daría un curso acerca de amor. Me la pase varios meses buscando libros algo que pudiera ayudarme, pero fue poco lo que halle. Casi todos los textos trataban el tema con enfoque sexual o romántico. Era lo que había sobre amor en general. Sin embargo, considere que si yo actuaba como mero facilitador, mis discípulos y yo podríamos enseñar y aprender juntos.
Llame al curso “LECCIONES DE AMOR”. Bastó que lo anunciaran una sola vez para que se llenara el aula de asistentes a esa materia extracurricular. Proporcione a cada participante a una lista bibliografía, pero prescindimos de textos obligatorios, de requisitos de asistencia y de exámenes. Solo compartimos nuestras lecturas, ideas y vivencias. Partía yo del supuesto de que del amor se aprende.
Nuestros “maestros” son quienes se aman y se relacionan con nosotros. De no encontrar modelos de amor, crecemos necesitados de amor y sin capacidad de amar. La venturosa posibilidad- propuse a mis alumnos- es que se puede aprender a amar en cualquier momento de la vida, si estamos dispuestos a dedicarle tiempo, la energía y la práctica necesaria. Pocos faltaban a una sesión de “lecciones de amor”. Los participantes tenían que apretarse unos junto a otros a medida que llevaban consigo a sus padres, hermanos, amigos, cónyuges e incluso abuelos. Una de las primeras cosas que intente aclarar fue la importancia del contacto físico. “¿Cuántos de ustedes han abrazado fuertemente en la última semana a alguien que no fuera su novia, novio o cónyuge?”. Pocos levantaron la mano. Un estudiante afirmo: “Siempre temo que se interpreten mal mis intenciones”. Las risitas nerviosas que se corrieron me revelo que muchos compartían ese punto de vista. “El amor necesita expresarse físicamente” -repuse-.
“Me siento afortunado de haber crecido en el seno de una familia italiana efusiva, en que nos abrazábamos mucho”. Asocio los brazos con un género de amor más universal. Pero ustedes temen que se les interprete mal, comuníquenle sus sentimientos a quien estén abrazando. Para aquellos que realmente se sientan molestos si los abrazan, bastará un fuerte apretón de ambas manos para satisfacer su necesidad de caricias”.
Iniciamos la costumbre de abrazarnos al final de cada sesión. Con el tiempo, los abrazos se convirtieron en forma habitual de saludo en la Universidad, entre los alumnos de mi curso. Jamás concluíamos una sesión sin un plan para compartir amor. Cierta ocasión decidimos expresar gratitud a nuestros padres, lo cual suscitó reacciones memorables. Para uno de los estudiantes, excelente jugador del equipo americano de la Universidad, la tarea resulto en especial incomoda. Sentía un gran amor, pero era incapaz de expresarlo. Tuvo que armarse de gran valor y determinación para ir a la sala de su hogar, hacer que su padre se pusiera de pie y darle un fuerte abrazo. Le dijo: -Te quiero, papá-.
Y lo besó. Al hombre se llenaron los ojos de lágrimas, y musitó. Yo también te quiero.- Este padre me llamo a la mañana siguiente para decirme que aquel día había sido uno de los momentos más felices de su vida.
Otro aspecto importante dentro de sus enseñanzas, experiencia, es la que nos narra, cuando señala, que otra de las actividades que nos asignamos fue la de dar algo de nosotros mismos sin esperar recompensa. Unos ayudaron a niños inválidos. Otros a marginados del barrio más pobre de la ciudad.
Muchos se ofrecieron de voluntarios para atender la línea telefónica de auxilio a suicidas potenciales, con la esperanza de socorrer a otras Liani antes de que fuera demasiado tarde. Yo acudí a Joel, uno de mis discípulos en un asilo de ancianos cercano a la Universidad. Muchas de estas personas, enfundadas en batas de algodón, yacían en sus camas con la mirada fija en el techo. Joel vio a su alrededor y preguntó: -¿Qué puedo hacer?-. Le sugerí: -¿Ves a aquella mujer? Acércate y dile “¡Hola!”-.
En efecto, fue hacia ella y expreso tímidamente: “¡Hola!”. La anciana se quedo mirándolo suspicazmente un momento. Luego inquirió: “¿Eres mi pariente?”. “No”. “¡Magnifico!, ¡Siéntate jovencito!” –exclamó-. ¡Y cuántas cosas contó!: Aquella mujer bien sabia de amor y penalidades. Incluso se refirió a su ya cercana muerte, con la cual había logrado una especie de tratado de paz. Pero a nadie le hubiera importado escucharla, hasta que Joel lo hizo. Prometió visitarla un día de cada semana. Al poco tiempo empezaron a llamar a estas ocasiones “el día de Joel”. La presencia del muchacho hacia que los ancianos hicieran rueda en torno a él.
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3 Responses to "RECORDANDO A LEO BUSCAGLIA" 
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said this on 06 Jul 2008 12:26:21 PM CDT
Super interesante, soy educadora y siento que el enfoque que estamos asumiendo:humanista, de eso se trata de expresar ese amor en nuestros niños, niñas, jóvenes, adolescentes, adultos y adultas. Me encanta abrazar y he escuhado que hay un libro de buscaglia referente a los diferentes tipos de abrazos y no he logrado adquirirlo, vivo en Venezuela
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said this on 24 Jul 2008 6:20:11 PM CDT
Es maravilloso como termina ese texto. Recomiendo leer a Buscaglia. Yo lo leo y me imagino en uno de sus cursos. Tendiendo puentes con el.
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said this on 29 Sep 2008 12:15:00 PM CDT
Creo que Leo Buscaglia fue uno de los pocos autores que habla sobre el amor en toda su extensión. Espero que sus libros se difundan porque en realidad son de mucha ayuda.
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