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DIFICULTADES DEL TRABAJADOR ANTE EL ACOSO MORAL
- By Prof. M. Muñoz A.
- Published 06/20/2008
- Recursos Humanos
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DIFICULTADES DEL TRABAJADOR ANTE EL ACOSO MORAL
En nuestra realidad Latino Americana, el trabajador enfrenta serias dificultades en situación de Acoso Moral. Resulta de suyo interesante realizar una breve anotación de la naturaleza de éstas y los modos más característicos en que se expresa.
A modo de ejemplo señalamos
los siguientes, a los que pueden agregarse los que estiméis
convenientes:
1.- Desconocimiento del tema
Resulta anecdótico que, conforme me lo demuestra mi propia experiencia,
en los casos conocidos por el suscrito, los trabajadores han advertido
el hostigamiento, la discriminación, las agresiones sistemáticas del
acoso moral, cuando estas se encuentran a un nivel superior, es decir,
cuando el cuadro de salud personal ha sido absolutamente trastornado y
la depresión, angustia, en general, la neurosis laboral, se ha
manifestado a nivel dramático.
En esta etapa ha sido el
psiquiatra o el psicólogo quienes han advertido las consecuencias del
acoso moral en la salud del paciente.
En otras palabras, el trabajador ha resistido la agresión y la violencia
laboral al punto de quedar examine física y psíquicamente.
Ello, no debe asombrarnos
a quienes conocen las formas y efectos del acoso moral, pues, se le ha
llamado también el homicidio silencioso o el asesinato perfecto, por
razones que en este breve comentario no vamos a repetir, pero si
enfatizar en que el psicoterror, como se le denomina, es una agresión
permanente y continua que provoca la destrucción de la dignidad del
trabajador, atacando su psiquis y provocando daños reales a su
organismo.
2.- Desconocimiento colectivo del tema
Muchos casos de acoso moral se realizan por el psicópata acosador de tal
forma que pasa inadvertido para la mayoría del grupo o colectivo de
trabajadores que constituyen el entorno de la víctima.
Resulta redundante explicar que esta circunstancia provoca más dolor y desesperación en el trabajador acosado, por cuanto, no encuentra modo de conversar, comunicar o dar cuenta de su problema aún a sus más íntimos, quienes ignoran o desconocen las prácticas siniestras e hipócritas del acosador.
En este aspecto se ha observado que incluso, los propios compañeros de trabajo del acosado no le creen cuando trata sin éxito alguno describir el hostigamiento a que es sujeto permanentemente.
El acosador ha sabido
actuar y disfraza sus actuaciones frente a los demás miembros del grupo.
Esta característica en la forma del acoso, es lo que lo convierte en
dolosa y maquiavélica, al decir de la Dra. portorriqueña Wanda Soto, el
acoso moral y lo que me permite sostener que se trata de un delito que
conlleva la circunstancia de la reiteración y el ensañamiento en la
víctima.
3.- El síndrome de la víctima desorientada
La víctima de acoso en su enfrentamiento diario a las acciones del
acosador termina completamente desorientado respecto a cual es el origen
de sus males.
Nos referimos al dolor interior, a la descompensación psicológica que le mueve a concurrir a su lugar de trabajo aún cuando presa del terror psicológico sabe que va a sufrir maltrato, ridiculización, desprecios, insultos y otras formas de hostigamiento claramente definidos por los especialistas del tema.
Cualquier observador sin conocimiento de lo que se trata, incluso los propios compañeros de trabajo se preguntan ¿cuál es la razón del comportamiento laboral de esta persona? La que aparece con algún grado de autismo laboral, sin comunicación, participación ni interrelación grupal.
Pero, ellos mismos no se
han posido percatar que ante los primeros llamados de auxilio, digamos
comunicación de su problema al colectivo, éste cerró las puertas a toda
posibilidad de defensa colectiva, al no creer, desinteresarse, incluso
burlarse de la situación personal del acosado, a quien se le atribuyen,
más que consecuencias del psicoterror, una hipocondría galopante o
sencillamente falta de adecuación técnica para sus labores.
Lo anterior lleva a la víctima a desorientarse de tal modo que termina
creyendo que la fuente de sus males se encuentra en si misma y no en los
efectos del acoso.
Un caso que he conocido últimamente se refiere a una trabajadora que
estando dedicada plenamente a la vida religiosa hasta los veintidós
años, optó por retirarse y salir a la vida citadina con perspectivas de
realizarse en otro sentido distinto al que conocía.
En su lugar de trabajo fue atacada por su Jefe directo desde un punto de vista sexual, es decir, la acosó sexualmente, lo que estimo una forma de violencia laboral de género en términos generales.
La actitud de rechazo de la trabajadora a su superior directo la hizo objeto de un acoso moral, derivado de la frustración del jefe psicópata de no haber obtenido ninguna ventaja sexual de la mujer.
El grupo con el que trabajaba no se percató de inmediato de la conducta dolosa del superior, pero, comenzó paulatinamente a darse cuenta de los cambios en la personalidad de la trabajadora, que desde la confianza en sus amistades, se transformó en una mujer huraña y distante.
El grupo había escuchado
las quejas de la trabajadora, pero, lo tomaron livianamente y no le
dieron mayor importancia. Incluso fue objeto de insinuaciones como:
“dale rienda para que te de mejores oportunidades”; “aprovéchate de la
situación”, etc. Asunto que logró evidenciar que el colectivo laboral no
estaba conciente de la gravedad de la agresión.
La trabajadora, de esta forma, sufrió una descompensación dentro de su
propio colectivo, obligándola a replegarse en si misma.
4.- El temor reverencial
Todo trabajador sano y leal, responde ante su superior jerárquico como
un soldado frente a su teniente.
Hay una confianza ciega y un temor reverencial hacia la persona que manda y dirige las acciones de trabajo. Se presume, que éste cuenta con la experiencia y la sabiduría para llevar adelante las tareas y para obtener los mejor, lo más creativo de cada trabajador.
Sin embargo, a nadie se le
instruye que los mando sufren también, como todo ser humano, debilidades
a veces extremas, que los lleva a confundir la realidad con las
condiciones de hecho en que operan las circunstancias.
Lejos de mi está obtener una ventaja de funesto hecho que ocurrió en la
VIII Región, Chile, en la cordillera, cuando una coronel del ejército
ordenó una marcha de varios kilómetros a los conscriptos del regimiento
de montaña, cuando el clima no se encontraba en condiciones, los
soldados no estaban vestidos apropiadamente y los mandos inferiores
hicieron notar los riesgos y dificultades de la marcha, pero a pesar de
todo ello la marcha se ordenó y los mandos inferiores obedecieron, con
la funesta consecuencia de cuarenta y cinco jóvenes muertos.
Este hecho, puede llevarse también alo que sucede en la empresa o en el servicio público, donde los superiores exigen tareas superiores a lo que el trabajador es capaz o dando tareas superiores al tiempo de trabajo y a un número adecuado a lo que humanamente se puede lograr. Lo extraño es que aún así, conociendo la imposibilidad del éxito en el resultado, los trabajadores se esfuerzan y rinden hasta sus últimas fuerzas.
Es lo que se llama el
“temor reverencial”. El temor no a la fuerza o el maltrato, sino, el
temor a defraudar a su superior, al padre, al marido, al jefe.
Este “temor reverencial” actúa también en el acoso moral para inhibir al
trabajador a demandar un mejor trato, pues, muchas veces estima que es
propio de los superiores jerárquicos aplicar a extremo la gestión y la
disciplina. De modo, entonces, que este factor es absolutamente negativo
para el acosado, desde que lo impulsa a mantener una situación que lo
disminuye moralmente.
5.- La estabilidad laboral
Estimo, que la estabilidad laboral como fuente de aceptación de formas
injustas de trabajo, no requiere mayor explicación.
En países en estado de desarrollo como el nuestro la posesión de un lugar de trabajo implica un privilegio al que no pueden acceder cerca de un millón de nacionales, por ello quien se encuentra trabajando aceptará una serie de malos tratos, amenazas, insultos y otras formas de discriminación y acoso, en rangos más amplios.
No es extraño escuchar de capataces o supervisores: “a este ¿? Le gusta que lo aporreen”. O la clásica: “este entiende a palos”. Pero, no se trata que el ser humano quiera humillarse.
Soporta por necesidad, pero
atento a esta situación, como consecuencia secundaria se crea una
presión que en el colectivo global en el país, puede significar en el
mediano o largo plazo un estallido social, al estilo de la “Rebelión de
los Colgados”.( Bruno Traven seudónimo de TRAVEN TORSVAN CROVES, 1890.)
6.- Ausencia de legislación favorable
Dos situaciones contribuyen a que el acoso moral en el trabajo asole
nuestras empresas y el hogar de los trabajadores, así como la sociedad
toda.
Una de ellas es la ausencia de Ley que sancione este grave ilícito y lo que es peor, la falta de conciencia social de los jueces, que hasta la fecha han permitido se conculquen los derechos fundamentales de los trabajadores, sin oponerse a ello dando lugar a las demandas contra acoso moral, o haciendo exigencias probatorias ridículas e improcedentes, dando cuenta del más completo desconocimiento del tema.
Pero, no es culpa de los legisladores ni de los jueces, quienes en la gran número son también objeto de acoso moral en el trabajo.
Ello es culpa de un sistema
jurídico-político que se adhiere con sumisión intelectual y de
intereses, a mantener el statu quo, de los sistemas incorrectos de
relaciones de producción, sea entre privados, sea entre los trabajadores
y el Estado. El acoso moral no tiene fronteras y ataca a todos los
trabajadores por igual.
7.- Ausencia de Cultura en Salud-Trabajo
La ausencia de una política destinada a enriquecer los conocimientos de
los trabajadores, o al menos, a informarles de sus derechos y de las
relaciones entre el trabajo y las enfermedades propias, originadas a
causa o con ocasión de éste, es notoria y notable.
Esta no es una tarea propia de los quijotes que escriben, arriesgan sus
fuentes laborales y enseñan por cuenta propia, los beneficios de la ley
en el trabajo y la salud, sino, es una labor propia del Estado y los
organismos intermedios.
Tan culpables son de esta falencia como el Estado, los propios
empresarios que se benefician con la fuerza de trabajo, pero también los
sindicatos, los dirigentes sindicales, las organizaciones y
departamentos públicos, la educación y la salud estatal, las Mutuales y
los organismos fiscalizadores.
Lo que se requiere es una
política nacional en cumplimiento de los convenios y pactos de la O.I.T.
y otras organizaciones preocupadas del tema como las organizaciones
internacionales relacionadas con la salud.
El II Congreso de Salud y Trabajo, Cuba 2007, abre un espacio para la
preocupación, estudio, análisis y promoción de los efectos nocivos del
acoso moral en el trabajador, su familia, y la sociedad toda, siempre
atenta a salvaguardar los recursos humanos y a sostener una férrea
defensa de los Derechos Fundamentales de los Trabajadores.

