Profesor de Estrategia en el programa de posgrado de Marketing de la Universidad de San Andrés.Consultor de empresas, Director de Phi-Sigma Estrategia y Finanzas.
Sin embargo, en 1984 sus ventas se derrumbaron a la mitad. A fines de 1985,
su facturación siguió en caída libre hasta alcanzar apenas los 100 millones
de dólares.
Este fenómeno, llamado de "explosión y colapso", es muy común y se ha visto
numerosas veces en diversas industrias (calculadoras de mano, raquetas de
tenis, motos de nieve, etc, etc). Su dinámica es tan sencilla de explicar
que resulta a su vez difícil de justificar cómo experimentados hombres de
negocios fueron incapaces de predecir sus consecuencias.
Cuando la consola de videojuegos de Atari salió al mercado, todos querían
tenerla. Así, las ventas treparon hasta las nubes. Sin embargo, tras los
primeros años (y con la entrada de numerosos competidores) ya casi no quedó
nadie sin tener en su casa uno de esos aparatitos.
Desde aquel momento, las únicas ventas empezaron a deberse a la reposición
de unidades rotas y al crecimiento vegetativo de la población (niños que
llegaban a la edad de querer jugar con una consola de video juegos y se la
pedían a sus padres).
Así, la empresa se quedó sin clientes y sus números colapsaron en forma casi
inmediata, interrumpiendo lo que hasta ese momento parecía un proceso de
crecimiento imparable.
Sin embargo, no sólo la escasez de clientes puede llegar a imponer serios
límites al crecimiento de una empresa.
Hace un par de años, el señor Hiroshi Matsuo, director general de
operaciones del gigante electrónico Sharp en China, dijo al Financial Times:
"si de repente hubiera en el mercado varios cientos de ingenieros de máxima
calidad disponibles, los contrataríamos a todos".
Pese a que cada año las universidades chinas lanzan miles de ingenieros al
mercado laboral, el acelerado crecimiento de la economía de ese país genera
una demanda muy difícil de cubrir. Empresas como Sharp no pueden contratar a
todos los ingenieros que necesitan para atender la creciente producción de
sus plantas en ese país. Así, la escasez de capital humano también puede
imponer límites al crecimiento.
Otro ejemplo: en un reciente artículo publicado por Clarín, se comenta la
posibilidad de que la capacidad de Internet pudiera llegar a su límite a
finales de 2007.
Aparentemente, el uso intensivo de diversas aplicaciones altamente
demandantes de ancho de banda podría generar un tremendo embotellamiento de
la autopista informática en pocos meses más.
Si la predicción llegara a cumplirse, muchas empresas de brillante presente
tendrían que replantear sus proyecciones de crecimiento, no por falta de
dinero, sino por la insuficiencia de uno de los recursos estratégicos del
proyecto: el ancho de banda.
De hecho, ¿seguirían siendo atractivas iniciativas como YouTube, Skype,
iTunes o Joost si volviéramos a las velocidades de la década del '90 o si
tuviéramos que pagar por cada megabyte consumido?
Desde luego, es posible aumentar la capacidad instalada (del mismo modo en
que sería posible que más jóvenes estudien ingeniería en China). Sin
embargo, esto llevaría tiempo. El recurso no podrá generarse de inmediato
como por arte de magia.
¿Qué tienen en común estos tres ejemplos?
En ninguno de los casos, la limitación responde a factores económicos o
financieros. En un caso, se trata de falta de clientes. En otro, la falta de
ingenieros. En el último, la falta de adecuación de cierta parte de la
infraestructura.
El crecimiento es un proceso muy complejo donde intervienen numerosas
variables. Si no tomamos conciencia de la cantidad de recursos involucrados,
su disponibilidad, su dinámica de crecimiento, y la forma en que estos se
relacionan entre sí, es muy probable que obtengamos un pronóstico
equivocado.
Es hora de dar un salto cualitativo, dando más importancia a aquellas
herramientas de análisis que permitan apreciar la complejidad dinámica de
nuestros proyectos, ya que sólo a través de ese entendimiento seremos
capaces de conducir un proceso de crecimiento sustentable en el largo plazo.