Profesor del Instituto de Empresa (IE) e INCAE.
Una organización ha aprendido cuando puede hacer algo nuevo, algo que no
había hecho antes. Aprender es difícil. Pero tal vez más difícil sea
implementar lo que se ha aprendido. Las explicaciones habituales para estas
dificultades suelen ser deficientes. En general, se habla de
"resistencia al cambio" pero no se especifica porqué surge esa
resistencia ni qué puede hacerse para evitarla.
Sin embargo, el problema reside, no tanto en una mítica "resistencia al
cambio", sino en el conflicto entre conocimientos viejos y nuevos.
Buena parte de las dificultades encontradas ante el cambio pueden explicarse
por la falta de atención de los gerentes a los procesos de modificación de
los conocimientos existentes en la organización, conocimientos que el tiempo
ha materializado en rutinas, procedimientos, estructuras operativas y
culturas. Estos viejos conocimientos, que estructuran las
maneras de actuar de cada organización, son poderosos mecanismos
contra el cambio (principalmente, cuando el cambio implica crear y
aplicar conocimiento que está fuera de los límites de sus actividades
actuales).
En otras palabras, las novedades siempre deben implantarse en una
organización acostumbrada a lo viejo. Sin una gestión activa del
cambio se corre el riesgo de no obtener los resultados esperados,
aun cuando la organización haya encontrado una solución satisfactoria a un
problema que la aquejaba.
El olvido es una manera simple y poderosa de facilitar el
cambio estratégico. ¿Cómo implementarlo?
Primero, es importante comprender cuáles son los viejos
conocimientos que entrarán en conflicto con los nuevos. Una vez
detectados, es hora de desmontarlos y así crear las condiciones necesarias
para implementar el aprendizaje de la organización.
Concretamente, la gestión exitosa del olvido estratégico exige la habilidad
de formar y modificar coaliciones, negociar recursos y asignarlos a ciertas
actividades prioritarias, cambiar las estructuras de la empresa y modificar
los procedimientos.
En definitiva, manejar la dinámica del conocimiento es un
imperativo estratégico. Si no se hace, se perderá tiempo, dinero y esfuerzos
en un aprendizaje inútil. La mejor manera de incrementar las probabilidades
de éxito de cualquier esfuerzo de cambio estratégico consiste en la
instauración de procesos de "olvido" que eliminen las
barreras al cambio antes de que aparezcan. Contrariamente a lo que pasa con
las personas, las organizaciones que son incapaces de olvidar su pasado se
encuentran condenadas a repetirlo.