Profesor de Estrategia en el programa de posgrado de Marketing de la Universidad de San Andrés.Consultor de empresas, Director de Phi-Sigma Estrategia y Finanzas.
El paso del tiempo terminó demostrando lo que por sentido común debiera
haber sido evidente: que tales prácticas no eran sostenibles en el largo
plazo, y que era necesario echar mano a estrategias más creativas e
inteligentes para alcanzar un crecimiento sostenido.
Para crecer, hay que vender más. Y para vender más, hay que ganar la lealtad
de los clientes produciendo lo que éstos quieren comprar. Y para saber qué
es lo que los clientes quieren comprar, primero hay que aprender a escuchar
y entender sus deseos y motivaciones.
En otras palabras: para un crecimiento sobresaliente y sostenible, es
imperativo adoptar una estrategia "cliente-céntrica" capaz de ubicar al
cliente en el centro del universo corporativo.
¿Qué es, pues, una empresa "cliente-céntrica"?
Como su nombre lo indica, es una empresa que funciona sobre la base de la
construcción de un puente que permita una mejor y más profunda comunicación
con sus clientes.
La clave de toda la estrategia cliente-céntrica consiste en ir ganando
lealtad mediante un fluido intercambio de ideas entre clientes y los
encargados del diseño de soluciones a sus necesidades. Una empresa
cliente-céntrica no vende productos, sino que proporciona soluciones. En
estas compañías, los productos no son definidos por la gerencia, sino por
los propios clientes.
En principio, la idea de construir una empresa cliente-céntrica parece de
fácil ejecución, sobre todo si nos quedamos en la superficie del concepto.
Sin embargo, y como pasa siempre con estas cosas, el problema no está en la
definición sino en su eficaz implementación.
Como bien indica Alfred Chandler en su libro Strategy & Structure: Chapters
in the History of the Industrial Enterprise (Cambridge: MIT Press 1962),
toda nueva estrategia exige una estructura organizacional específicamente
diseñada para apoyarla. Y esto va mucho más allá de un simple cambio
cosmético o de la designación de un gerente de relaciones con los clientes.
Hace algunos años tuve la oportunidad de asesorar al recientemente designado
CEO de un importante grupo financiero del Reino Unido. El trabajo consistía
en la identificación de las principales áreas sobre las que habría que
actuar a fin de asegurar la exitosa implementación de la estrategia
"cliente-céntrica" que el nuevo ejecutivo pretendía introducir en la
organización.
Tras algunas semanas de trabajo, el cuadro de situación no podía ser más
claro: la nueva estrategia, si bien inteligentemente concebida, no podría
ser implementada con éxito si no se desmantelaba la compleja red de gerentes
de producto que, durante las últimas dos décadas, había tomado el control de
la oferta de productos y servicios de la firma.
Sin duda se trataba de una sugerencia drástica y de muy profundas
consecuencias para la organización. Se proponía abandonar por completo una
cultura "producto-céntrica" donde los gerentes de producto eran amos y
señores indiscutidos, por otra que privilegiaba a las áreas con capacidad
para contactarse e interpretar las necesidades de los clientes.
Era evidente que sin el restablecimiento de una gerencia de marketing
centralizada y poderosa, capaz de neutralizar el poder y autonomía que hasta
ese momento habían disfrutado los gerentes de producto, no habría
posibilidad alguna de implementar exitosamente la nueva estrategia.
Esto, junto con un reentrenamiento del personal de contacto y la
habilitación de más y mejores canales de comunicación entre la clientela y
las distintas áreas de la organización, permitiría generar las condiciones
ideales para el desarrollo de la cultura "cliente-céntrica" imaginada por el
nuevo CEO.
En definitiva, el diseño de una empresa cliente-céntrica requiere tanto de
un claro plan estratégico como de un diseño organizacional adecuado para tal
desafío. En general, esto implica la introducción de profundos cambios,
llegando incluso a redefinir la estructura de poder dentro de la compañía.
Como en el caso del ejemplo, la clave puede pasar por la redefinición del
rol de la gerencia de marketing, la habilitación de nuevos canales de
comunicación entre esta y la clientela, y el aumento de la capacidad de
maniobra del personal de contacto con vistas a lograr una apreciable mejora
en la gestión de soluciones ante los diversos problemas que pudieran llegar
a presentarse.