Profesor del Instituto de Empresa. Director de programas de Alta Dirección y Empresa Familiar.
Es posible que este enfoque un tanto negativo proceda del hecho de la psicología
es el ámbito desde el que se empezó a afrontar el estudio de la empresa familiar
y se puso el foco en los conflictos derivados de las singulares relaciones
personales que se establecen en este tipo de organizaciones.
Sin embargo, también es cierto que existe un alto índice de mortandad en
empresas familiares. La causa se encuentra, en muchos casos, en la mala gestión
de estos conflictos de las personas involucradas, sean o no de la familia.
Sin embargo, en este artículo quisiera aportar una visión más optimista que
ponga en valor el papel que las familias empresarias desarrollan en todo el
mundo. En definitiva, prefiero ver la empresa familiar no como una fuente de
problemas sino como una plataforma de desarrollo de nuevos proyectos
empresariales.
Cuando uno analiza empresas familiares exitosas, observa que se han expandido ya
sea por crecimiento geográfico del modelo de negocio original, por procesos de
diversificación o por una mezcla de ambas.
En todo caso, detrás de ese crecimiento hay oportunidades de desarrollo
profesional para los miembros de la familia, mejoras de sus ingresos pero
también generación de empleos, oportunidades e inversiones para el conjunto de
la sociedad. Para que esto ocurra, es necesario que las empresas se gestionen
con una perspectiva muy emprendedora.
Muchos creen que el espíritu emprendedor es un valor que debe acompañar a los
fundadores en los momentos iniciales de la actividad y luego hay que empezar a
gestionar, es decir, aplicar las buenas prácticas que generalmente van
orientadas a una mejora de partidas de gastos y/o inversiones.
Esta perspectiva me parece un grave error. Desde luego que la gestión debe ser
lo más eficaz y eficiente posible. Sin embargo, no debemos olvidar que el
crecimiento de las empresas depende del aprovechamiento de nuevos mercados, el
lanzamiento de nuevos productos y la captación de nuevas oportunidades de
negocio. Este es el conjunto de actividades que englobo bajo el término "gestión
emprendedora".
Por consiguiente, la gestión emprendedora es y debe ser un eje de actuación en
empresas familiares de éxito. Por lo tanto, creo que lo mejor que le puede pasar
a una empresa familiar es encontrar un líder empresario por generación.
Detrás de un líder empresario encontramos características de buen gestor pero
también visión, motivación, y, en suma, capacidad de movilizar proyectos,
ilusiones y personas.
¿Cuáles son los componentes básicos que concurren en la gestión emprendedora
dentro de las empresas familiares?
1) Las personas
La gente es lo más importante de cualquier empresa. A más talento, más
posibilidades de éxito. Creo que estamos viviendo tiempos más propios para los
liderazgos de equipos que para los liderazgos carismáticos.
Las actuales circunstancias del entorno empresarial hacen que sea muy difícil
que una única persona aglutine todas las capacidades para abordar con éxito un
proyecto empresarial. En la empresa familiar, muchas veces cuesta delegar. Sin
embargo, sólo a través de la creación de buenos equipos, la empresa podrá
soportar el crecimiento.
Por tanto, el principal desafío radica en atraer talento hacia la empresa
familiar, cuenten o no con el apellido del fundador, y después en retenerlo (lo
cual, por cierto, no sólo se consigue con salarios seductores).
2) La idea de negocio
Muchas veces, las empresas familiares se anclan demasiado en la tradición y les
cuesta cambiar. Se mira demasiado dentro de casa. Cuando queremos darnos cuenta,
las circunstancias del mercado han cambiado drásticamente.
En última instancia, esta actitud suele conducir a situaciones graves de pérdida
de participación de mercado (y hasta amenazar la supervivencia de la empresa).
Por lo tanto, la innovación es esencial para aportar propuestas de valor
atractivas a los consumidores. Esta innovación puede ser tanto por la vía de la
tecnología (algo muy interesante, porque las tecnologías propietarias son
fuentes de ventajas competitivas rotundas) o por la vía del aprovechamiento de
los cambios sociales, demográficos, empresariales, hábitos, etc.
3) La planificación
Muchas empresas familiares se caracterizan por una gestión muy informal donde
priman valores como flexibilidad, agilidad, rapidez y cercanía al cliente. Sin
perder estos valores (y sin caer en fundamentalismos al respecto) los nuevos
proyectos deben abordarse con planificación.
La herramienta de planificación en estos casos se denomina "plan de negocio" y
es ahí donde debe fijarse la estrategia en función de las características de los
mercados donde queramos operar, las políticas para poner en marcha la actividad,
los recursos necesarios, la rentabilidad económica que podamos alcanzar y los
planes de contingencia con que abordar cambios de los escenarios previamente
establecidos.
4) La gestión
Por un lado, la gestión emprendedora debe basarse en una atención permanente a
los mercados en los que competimos pues esta es la fórmula a través de la cual
detectar segmentos con necesidades insatisfechas que nos permitan desarrollar
nuevos modelos de negocio.
Por otro lado, es clave definir estrategias y poner a disposición de las mismas
los recursos que permitan su implementación con éxito.
5) Los recursos
La velocidad a la que se mueven hoy los mercados hace que las ventanas de
oportunidad se estrechen cada vez más. Captar oportunidades de negocio exige
movimientos muy rápidos que no siempre pueden financiarse con los fondos
generados por las operaciones del negocio. En estos contextos, el empresario
familiar no debe temer acudir a inversores profesionales. Las sinergias entre
ambos son evidentes.