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¿Qué significa ser creativo? El caso de la cinta scotch
- By Ernesto Gore
- Published 07/4/2008
- Creatividad
- Unrated
¿Qué significa ser creativo? El caso de la cinta scotch
El conocimiento se ha convertido en un factor de la producción. Tal vez lo haya
sido siempre (aunque imperceptiblemente). Ahora, se ha vuelto evidente de la
mano de la aceleración de los tiempos provocada por la revolución en los
transportes y de las telecomunicaciones.
La consecuencia más directa de la globalización es que, aun cuando las barreras
regulatorias de los países son mayores de lo que suele decirse, toda producción
con márgenes de rentabilidad interesantes termina compitiendo (tarde o temprano)
con alguien que, en cualquier otro lugar del planeta, lo hace mejor, más rápido
o más barato.
Entonces, como nadie quiere que su producto se convierta en un "commodity",
achicando sus márgenes y compitiendo sólo vía precio, todos están obligados a
innovar.
Innovar implica ser creativo pero mucho más que eso: es darle forma organizativa
a la creatividad con el objetivo de aumentar el valor de los productos mucho más
que sus costos.
La innovación suele implicar creatividad y rigor, y no se da solamente en el
producto mismo. Se puede innovar en cualquier cosa que aumente su valor a los
ojos del cliente. Se ha dicho con razón que, si inventar es poner dinero para
sacar ideas, innovar es poner ideas para sacar dinero.
La innovación siempre tiene una dimensión técnica y otra organizativa. Ambas
deben ser dominadas. Cuenta Donald Schön que cuando 3M decidió comenzar a
producir su exitosa "cinta de pintor" utilizando el celofán que por entonces
comenzaba a fabricarse, la gran duda era para qué serviría una cinta adhesiva
transparente. ¿Cuál
Se pensó entonces que podría ser útil para reparar libros en bibliotecas y
billetes en bancos. Por algún motivo, esa idea de alguien remendando billetes,
les sugirió un escocés y la bautizaron "cinta scotch".
Al poco tiempo, los vendedores comenzaron a notar que este producto, pensado
como un B2B, era utilizado por los empleados para fijar carteles, forrar
cuadernos, rotular cajones, carpetas y estantes y hasta hacer manualidades.
Estaban frente a un producto de consumo masivo. Pero llevar este producto al
mercado no sólo implicaba "vender" diferente, sino también fabricar en distintos
tamaños, colores, anchos y diseños, distribuir de otra manera y con otros
volúmenes, facturar distinto, etc, etc, etc...
Ni qué hablar del revolucionario soporte de escritorio que permitía utilizar la
cinta para envolver paquetes en el comercio minorista, y el racionador que
permitió utilizar la cinta ancha para el embalaje, ¡cuántos kilómetros de cinta
se habrán vendido gracias a innovaciones tan simples!
La empresa podía innovar porque investigaba, pero no investigaba solamente en el
área de I&D, la búsqueda era parte de la vida organizativa y las relaciones
entre las personas permitían que la búsqueda fuera posible.
La búsqueda es operable cuando en la organización no solamente hay espacio para
explotar lo que ya se sabe sino también para explorar nuevas posibilidades.
Cuando preguntar es posible y cuando defender lo que se cree también..
Todas estas cosas sutiles parecen tonterías para quien tiene la idea de la
organización como una máquina, hecha de cosas duras. Sin embargo, cuando
hablamos del valor económico del conocimiento, sutil y volátil por antonomasia,
hablamos precisamente del valor del inasible, de lo etéreo, de lo aparentemente
secundario.

