Profesora de Administración de Empresas e Investigación de Operaciones de la
Universidad de la Habana. ¿Qué impulsa a unas empresas a inventar su futuro y por qué otras no asumen el reto?
¿Por qué unas empresas parecen tener un radar para mirar el horizonte y otras parecen caminar hacia atrás?
¿Por qué unas empresas crean un futuro con escasos recursos
y para otras que gastan millones el futuro nunca llega?
Son cuatro los factores claves para que una empresa pueda llegar primero al
futuro:
Comprender los requerimientos de diferenciación en el futuro.
Buscar oportunidades futuras y comprenderlas.
Ser capaz de infundir en todos los niveles de la organización el viaje al futuro.
Ser el primero en llegar, corriendo menores riesgos.
Todos los conceptos de competir por el futuro están dirigidos a ayudar al
empresario a imaginar el futuro, para después crearlo. Ahora resulta paradójico
pensar que, si alguna empresa llega a lograr el futuro, aunque sea en el diseño
al nivel de pensamiento, no puede sobreentenderse que las otras no lo logren,
dejen de ser líderes para convertirse en seguidoras, porque no hay un futuro
único, como tampoco una única empresa. Cada empresa puede tomar o concebir su
futuro y tener éxito sin pensar en el fracaso del otro ni el espacio temporal
que se tomen para implantar la categoría de empresa exitosa.
Los términos eficiencia, excelencia y competitividad son algunos de los más
empleados a la hora de calificar o analizar una empresa, estos son los elementos
fundamentales que componen al desempeño empresarial. La competitividad supone
conceptos como eficiencia, eficacia y excelencia, aunque la existencia de estos
últimos no supone la competitividad. Entre los objetivos básicos de una empresa
se encuentra lograr la eficiencia, eficacia, el auto control y la competitividad
en general, o sea, toda empresa busca la supervivencia dentro del entorno
económico y el mercado.
La eficiencia es un concepto relativo a la obtención de resultados en
relación al uso de los recursos. Se mide a partir de un sistema de indicadores,
resulta difícil llegar a conclusiones completas con uno solamente pues los
indicadores reflejan aspectos de la realidad y no toda la realidad, existen
indicadores sintéticos como la rentabilidad, la productividad, el costo por
peso, que sirven para hacer evaluaciones diagnósticas de la eficiencia, pero
siempre un estudio más profundo, buscando las relaciones causa- efecto
implicaría la utilización de un sistema de indicadores organizados
piramidalmente.
En Cuba, el término ha transitado por diferentes momentos en su interpretación y
aplicación como medidor de desempeño, y se comete el error de realizar
comparaciones interempresariales a través del empleo de un solo indicador,
ejemplo la rentabilidad o el costo por peso. La eficiencia es un indicador
fundamental para el crecimiento y la supervivencia de la empresa.
La eficacia es un concepto relativo a la capacidad de una organización
para cumplir con su misión. Sin embargo, eficacia no implica eficiencia ya que
una organización puede ser eficaz, pues cumple correctamente su misión, pero
esto no implica que resulte eficiente, pues invierte grandes recursos en el
logro de sus resultados económicos. De igual forma puede lograr la eficiencia y
la misión estar mal formulada (no se corresponde con la necesidad económica y
social) por lo que podría resultar ineficaz la gestión de la empresa. Ambos
términos están implícitos en la excelencia empresarial y a su vez el
término se identifica con el logro de ventajas sostenidas en el mercado por lo
que la excelencia es asociada con la competitividad.
Por competitividad se entiende por parte de la autora: "la capacidad de
una empresa u organización de cualquier tipo para desarrollar y mantener unas
ventajas comparativas que le permiten disfrutar y sostener una posición
destacada en el entorno socio económico en que actúan. Se entiende por ventaja
comparativa aquella habilidad, recurso, conocimiento, atributos, etc., de que
dispone una empresa, de la que carecen sus competidores y que hace posible la
obtención de unos rendimientos superiores a estos”. Para Porter, en su artículo
“Cómo las Fuerzas Competitivas le dan forma a la Estrategia”[1], esa ventaja
tiene que ver en lo fundamental con el valor que una empresa es capaz de crear
para sus compradores y que exceda al costo de esa empresa por crearlo.
La competitividad es un concepto relativo, muestra la posición
comparativa de los sistemas (empresas, sectores, países) utilizando la misma
medida de referencia. Podemos decir que es un concepto en desarrollo, no acabado
y sujeto a muchas interpretaciones y formas de medición. Dependiendo de la
dimensión a la que pertenezcan los sistemas organizativos, se utilizarán unos
indicadores distintos para medirla.
Se puede considerar la competitividad empresarial en un doble aspecto; como
competitividad interna y como competitividad externa. La competitividad interna
está referida a la competencia de la empresa consigo misma a partir de la
comparación de su eficiencia en el tiempo y de la eficiencia de sus estructuras
internas (productivas y de servicios.) Este tipo de análisis resulta esencial
para encontrar reservas internas de eficiencia pero por lo general se le
confiere menos importancia que al análisis competitivo externo, el cual expresa
el concepto más debatido, divulgado y analizado universalmente.
El estilo de dirección se puede definir como el conjunto de pautas de conducta,
parámetros psicosociológicos, procesos de información y de decisión, etc.,
característicos de la función directiva de una empresa u organización. Por
tanto, la dirección es quien puede determinar la cultura organizativa, a su vez
esta va a configurar las características profesionales y personales de los
individuos que serán promocionados a puestos directivos. En este sentido algunos
aspectos de particular importancia son los siguientes:
El papel de la dirección en los procesos de cambio organizativos.
El tratamiento de la iniciativa empresarial dentro de la organización.
El compromiso para desarrollar y extender una cultura organizativa coherente y orientada al incremento de la competitividad.
La valoración de la importancia de la gestión de los recursos humanos, los cuales se consideran un elemento fundamental para mantener la dinámica de cambio necesaria para ser competitivo.
La creación de un ambiente de formación y reciclaje permanente de directivos, pues la espiral tecnológica y las condiciones de mercado requieren una continua actualización de conocimientos.
Resulta esencial para comprender el cómo llegar a la competitividad, vincular
como mínimo los siguientes elementos de enlace: ¿Cuáles son los factores que la
condicionan? ¿Cuál es la relación estrategia-competitividad? Estas respuestas
son complicadas y no tienen unanimidad en su consideración pero intentar un
mínimo esclarecimiento, a partir de la práctica gerencial actual y de los
criterios de los estudiosos del tema, es siempre una valiosa ayuda para
desbrozar el camino hacia la competitividad.
Según Porter “el entorno nacional desempeña un papel estelar en el éxito
competitivo de las empresas. Algunos entornos nacionales parecen más
estimulantes que otros” . El entorno proporciona un importante número de fuerzas
y circunstancias que condicionan la capacidad competitiva de la empresa, y que
han de tenerse en cuenta a la hora de formular estrategias para alcanzarla.
En definitiva, la competitividad empresarial requiere un equipo directivo
dinámico, actualizado, abierto al cambio organizativo y tecnológico, y
consciente de la necesidad de considerar a los miembros de la organización como
un recurso de primer orden al que hay que cuidar. Sin embargo, se puede afirmar
que este suele ser uno de los puntos débiles de un elevado número de empresas
que ha desaparecido o tienen problemas de supervivencia. Como sabemos, el equipo
directivo determina en gran medida la actitud de los miembros de la organización
hacia el trabajo. La experiencia demuestra que las empresas que mantienen en el
tiempo posiciones competitivas sostenidas, dedican una gran atención al futuro,
al tiempo que vigilan constantemente su entorno. Michael Porter a partir de la
definición de “cadena de valor” identifica las líneas de acción que la empresa
puede tomar para diseñar su estrategia competitiva adecuada a sus necesidades.
La cadena de valor descompone la actividad de la empresa en sus elementos
básicos: diseño del producto, abastecimiento, producción, comercialización,
distribución y demás funciones de apoyo.
Según lo planteado por Carlos Lage “Hoy día no es política de nuestro país
desarrollar la competitividad entre las empresas estatales, aunque resulta
imposible defender la economía de un país mediante leyes proteccionistas, hoy
sólo se puede defender la economía en base a la competitividad ¨. “Lo más
importante, es evaluar si realmente estas empresas están en condiciones de ser
competitivas, vista la competitividad a escala mundial, si realmente están
nuestras empresas en condiciones de convertirse en verdaderas empresas de clase
mundial” .
La paradoja es entonces cómo lograr ser una empresa competitiva en este medio
con técnicas que no vayan en contra de la política trazada por la Revolución.
Ahora bien, no es posible entender el desempeño empresarial como la ilusión de
ser perfecto, de hacerlo todo bien, de ser el mejor en todo o en cualquier cosa;
eso es teórica y prácticamente hablando muy difícil de lograr, lo que no resulta
imposible para cualquier empresa sea cubana o de cualquier parte del mundo es
lograr la competitividad a nivel mundial cumpliendo los más elementales
requisitos exigidos por el mercado. Ser competitivo a nivel mundial significa,
junto a eficiencia y eficacia, mantener un buen desempeño empresarial, y para la
mayoría de los empresarios en el mundo, encontrar los caminos necesarios para:
Satisfacer determinadas necesidades sociales al más alto nivel cualitativo.
Crear riquezas.
3- Desarrollar a los trabajadores espiritual, profesional y materialmente.
Peter Drucker, economista y consultor austriaco ha hecho innumerables aportes al
desarrollo de la teoría administrativa, lo que lo ha convertido en la actualidad
en el más importante teórico de la empresa moderna. Con relación al desempeño
empresarial realizó ya en 1966 un grupo de observaciones que han sido
corroboradas en la práctica empresarial actual y por los estudios de otros
importantes científicos y consultores, como Gary Hamel y C.K.Prahalad de la
universidad de Michigan o Stepen Robin y Mary Coulter. Un resumen muy apretado
de las ideas de Drucker sobre el desempeño empresarial se presenta a
continuación:
Condiciones que se refieren a los recursos y los resultados de la empresa:
Ni los recursos ni los resultados existen dentro de la empresa. Ambos están fuera de ella.
Los resultados de un negocio dependen siempre de personas que no están dentro del negocio: los consumidores y los órganos de gobierno.
Lo mismo ocurre con los recursos, tanto el conocimiento como los recursos financieros y materiales son externos a la empresa y pueden ser adquiridos por esta.
Para obtener buenos resultados, la gestión de los recursos debe estar dirigida al aprovechamiento de oportunidades más que a la detección de problemas. Esto no significa una despreocupación por los problemas, sino más bien poner énfasis especial en la maximización de oportunidades.
Es importante hacer las cosas bien, sin embargo resulta vital determinar o elegir bien lo que hay que hacer y dedicar a ello la mayor cantidad de recursos.
Los buenos resultados no dependen de la competencia sino más bien del liderazgo.
El liderazgo es siempre transitorio y frecuentemente de corta duración. La posición del líder nunca es definitiva. Tanto los conocimientos como los recursos materiales y financieros son accesibles para otras empresas y por ello la posición del líder esta constantemente amenazada por sus competidores. Por ello, la búsqueda del liderazgo debe ser una actitud permanente de la empresa.
Condiciones que se refieren a los esfuerzos necesarios para la consecución de
los resultados:
Lo existente se está haciendo viejo. Una empresa es el resultado de acciones y decisiones del pasado y es por ello que muchos dirigentes invierten una cantidad importante de su tiempo en resolver problemas generados por ese pasado, pues el pasado es lo “normal”. La actitud correcta, sin embargo, es mirar hacia delante, “crear” el futuro y configurar nuevas oportunidades que signifiquen una vía de expansión para la empresa.
Lo existente probablemente está mal asignado. De este principio se deduce que los resultados económicos, son, en general, directamente proporcionales a los ingresos, mientras que los costos lo son al número de transacciones y con frecuencia los recursos se dirigen a áreas que no producen resultados.
La concentración es la clave para obtener buenos resultados. La obtención de mayores beneficios requiere que los ejecutivos concentren sus esfuerzos en un número “lo más pequeño posible” de productos, líneas de productos, servicios, consumidores, mercados, canales de distribución, etc. Los resultados económicos requieren que estos esfuerzos estén concentrados en pocas actividades, capaces de producir resultados significativos.
Estas ideas de Drucker pueden parecer contradictorias y difíciles de seguir en
su lógica, pero los analistas de empresas y consultores las reconocen como
verdaderas con el condicionante de que la realidad es muy rica, no hay dos casos
exactamente iguales y lo que a unos les da resultado en otros es un fracaso.
El estudio de las causas del éxito empresarial ha sido una obsesión desde hace
muchos años, tanto por parte de consultores, profesores de administración y
empresarios. Muchas ideas han quedado así plasmadas en manuales y obras de
Administración, pero no es hasta los años 80 que comienzan verdaderos y serios
análisis, los cuales se han basado en un grupo importante de investigaciones
metódicas y empíricas, algunas de las cuales han sido mencionadas en este
capítulo.
Queda nítidamente marcado el papel que desempeñan los trabajadores como punto de
apoyo y palanca de todos los resultados. Cuando se habla de la necesidad de
tener un equipo directivo profesional, con un estilo de dirección flexible,
creativo, con actitud estratégica, capaz de generar una cultura organizacional
participativa y con orientación positiva al cambio; simplemente se está haciendo
referencia al grupo humano con las habilidades y conocimientos necesarios para
llevar al gran grupo humano de toda la organización empresarial, al éxito.