Founding Partner de Midas Consulting. Coordinador del postgrado en Análisis Estratégico e Inteligencia Competitiva en la Universidad de Belgrano.
Curiosamente, más de un 77 por ciento de las empresas reconocieron no haberse
enterado de estas políticas de la competencia con la suficiente antelación para
responder efectivamente.
Esta investigación de McKinsey es una buena introducción a la inteligencia
competitiva, definida de acuerdo a la SCIP (Society of Competitive Intelligence
Professionals) como un programa legal y ético para recolectar, analizar y
distribuir información externa que pueda afectar los planes de la compañía, sus
decisiones, operaciones y performance.
Esta información se refiere a todos los actores que pueden afectar el desempeño
de la empresa, como proveedores, competidores, clientes, productos sustitutos,
potenciales entrantes, tendencias regulatorias y de mercado.
De esta forma, la inteligencia competitiva pretende que la estrategia de la
organización se ajuste mejor a su entorno y, dado el caso, pueda influir sobre
el mismo para tornarlo más favorable.
Desde un punto de vista teórico, la disciplina tiene dos aplicaciones
fundamentales:
1) Disminución de la incertidumbre al contar con mayor
información del entorno y los efectos que pueden tener los cambios del mismo
sobre el desempeño de la compañía
2) Mayor probabilidad de éxito en la implementación de la
estrategia, ya que la inteligencia competitiva brinda herramientas de análisis
para estimar la reacción de los competidores ante un cambio de estrategia de la
compañía.
Ahora bien, veamos una aplicación concreta de inteligencia competitiva.
Una compañía de consumo masivo supo, a través de una charla, que un competidor
introduciría en breve una campaña de promoción y publicidad con grandes premios
para los consumidores.
El competidor planeaba ejecutar la campaña para todas sus líneas de producto.
Sin embargo, la empresa sólo competía con una de ellas, donde el competidor no
era particularmente fuerte y la compañía lideraba con una participación de
mercado de más de 80 por ciento.
No obstante, como cada punto de participación del mercado valía varios millones
de dólares, la compañía estaba muy preocupada por el posible impacto de la
promoción.
Entonces, antes de responder, los ejecutivos decidieron esperar y ver qué
sucedía.
Si el efecto era pequeño, la respuesta sería innecesaria y la compañía ahorraría
gastos de publicidad y promoción. Además, otra promoción podía desencadenar una
espiral competitiva que no beneficiaría a nadie.
Así, mientras "esperaba y veía", la compañía desarrolló su propia promoción para
ganar la guerra, en caso de que fuera necesario.
La empresa reunió toda la información que poseía en un "cuarto de guerra". Los
datos se actualizaban diariamente a medida que diversos ejecutivos conversaban
con las cadenas de supermercados y distribuidores para evaluar la necesidad de
una reacción.
Así, todos los días la compañía revisaba los resultados de la promoción del
competidor para medir su nivel de éxito y la respuesta más apropiada.
A medida que pasaba el tiempo, la decisión de no responder emergió como la
mejor, ya que la iniciativa del competidor no fue suficientemente exitosa en el
mercado.
Y así, gracias a su implementación de inteligencia competitiva, la compañía
evitó los costos de un posible error estratégico.