La macroeconomía doméstica va muy bien. La Argentina hoy transita su quinto año de fuerte crecimiento acompañado por una mejoría en muchos indicadores.

Sin embargo, no todo es color de rosas. Todavía seguimos debajo del PBI per cápita de 1998, cuando la "burbuja" (para los "antinoventa") definitivamente explotó con el default ruso. Algunos sectores del empresariado no ocultan una insatisfacción a futuro, temerosos de un retroceso a los 80´, por cierto aislamiento internacional o retorno al estatismo. Tal vez ENARSA sea el mejor ejemplo, aunque por ahora sólo se trate de un emprendimiento inofensivo.

En este escenario, surge un gran número de propuestas heterogéneas para alcanzar un objetivo similar: que lleguemos más sólidos y mejor armados al bicentenario (recordemos la ilusión colectiva que supuso el primer centenario en 1910). ¿Cuáles son los principales desafíos a resolver?

En primer lugar, es claro que se requieren profundos cambios para proteger a un tercio de la población muy vulnerable por su baja productividad, un tercio que ha caído en un círculo vicioso de informalidad y pobreza. Debido a su falta de capital humano, estos grupos sociales no pueden escapar a un mundo cada vez más global. Por lo tanto, se vuelve decisivo encarar la educación con otro enfoque para fortalecer la movilidad

social. Esperemos que el tiempo electoral del 2007 no distraiga las energías para encarar las reformas necesarias para proteger a estos grupos desfavorecidos.

El segundo objetivo colectivo de magnitud apunta a lograr una mayor inserción exportadora. Sólo así se podrá evitar otro episodio de falta de divisas como el que la Argentina sufrió a fines de los 90 por su déficit de competitividad debido al deterioro de los términos de intercambio.

Los ideales de los 70´ fueron intensos y románticos. En la actualidad, la juventud descree masivamente del pensamiento cínico del mundo de los adultos y la política. La sociedad repudia al Fondo y cuestiona el consenso de Washington. Quiere respuestas que surjan de los propios argentinos. La sociedad valora lo concreto que se expresa en más trabajo, más seguridad y mejor educación y salud.

La energía setentista en los genes del Presidente, sumada a su probable triunfo electoral en el 2007, anima a soñar con una visión de Estado de largo plazo, en un proyecto que incluya a todos. Es un escenario posible.

Imprimiendo esta nueva dinámica de cambio y transformación, se puede aspirar a que el vigoroso crecimiento permita reducir la pobreza del 37% actual a un 20% en el mediano plazo. Este avance en la lucha contra la pobreza se reflejará en una reducción de la inseguridad, una significativa baja de la tasa de delitos contra la propiedad y la vida humana.

Ya van tres años de gobierno... Esperemos que el cambio de fondo sea posible al menos después de las elecciones presidenciales de 2007.