Ph.D., profesor de INCAE, consultor en finanzas, gobierno corporativo y empresas
familiares. Su investigación ha sido publicada en libros, revistas académicas y
de divulgación en América Latina, Estados Unidos y Europa, recibiendo premios
internacionales.
La empresa entonces almacena la materia prima como parte de su inventario y la
va transformando en producto terminado a través de su proceso productivo. Una
vez que tiene el producto terminado, lo mantiene en inventario un tiempo más
antes de ser vendido. Y si la empresa a su vez ofrece a sus clientes la
facilidad del crédito comercial, entonces pasarán varios días antes de que
reciba el efectivo correspondiente.
Mientras tanto, es muy probable que ya hayan pasado los 30 días de crédito que
le dio el proveedor. Por lo tanto, la empresa ya debió cancelar la materia prima
antes de cobrar por la venta del artículo. Este sería el caso si el tiempo
combinado que la materia prima pasó en inventario (ya sea como materia prima,
producto en proceso o producto terminado) es 40 días, y que los clientes paguen
en promedio en 30 días.
El Ciclo de Conversión de Efectivo (CCE) se mide como los días promedio de
cuentas por cobrar (30) más los días promedio de inventario (40) menos los días
promedio de pago (30). En nuestro ejemplo, el CCE sería de 40 días.
La empresa necesita mantener una cierta cantidad de efectivo a mano, que le
permita cubrir la brecha entre la fecha en que debe pagar y la fecha en que
puede cobrar. Mientras mayor sea el CCE mayor será la necesidad de liquidez.
El largo del CCE depende de la industria en la que uno se encuentre. Para las
grandes cadenas de supermercados puede llegar a ser negativo. En parte, porque
el pago de los clientes es prácticamente de contado. Entonces, los días
promedios de cobro son muy cercanos a cero.
Por otro lado, el inventario de un supermercado normalmente es lo que se puede
observar en las góndolas. Una alta rotación significa que los días promedio de
inventario también son pocos. Y como una cadena puede consolidar sus compras en
grandes pedidos que abastecerán a todas las sucursales, los días promedio de
pago tienden a ser altos. Este CCE negativo nos permite considerar a los
supermercados como "máquinas" de generar liquidez.
Ejemplos similares se encuentran en las empresas de servicios. Normalmente, sus
niveles de inventario son muy bajos (esto es particularmente cierto en las
compañías que dependen fundamentalmente del capital humano para entregarle valor
a sus clientes).
En estos casos, el CCE depende básicamente de los días de cuentas por cobrar y
los días de cuentas por pagar. Así se explica que las agencias de publicidad
traten de ajustar el crédito que ofrecen a sus clientes de forma que los cobros
recibidos coincidan con los pagos que deben realizar a los proveedores. De esta
forma, pueden reducir el CCE a prácticamente cero.
Sin embargo, la industria no es el único factor determinante. También influye (y
mucho) el modelo de negocios seleccionado. El caso del fabricante de
computadoras Dell es paradigmático en este sentido. Al cambiar el modelo
tradicional de fabricar computadoras, y hacerlo contra pedidos de los clientes,
combinando esto con un manejo de just in time en su línea de producción, Dell ha
conseguido CCE muy bajos (que incluso han sido negativos).
Lo mejor de todo: mientras sus competidores necesitan mayores recursos para
financiar una expansión en ventas, el CCE negativo de Dell le permite crecer sin
recurrir a fuentes externas de financiamiento (e incluso dándose el lujo de
reducir el financiamiento). La clave: un manejo integral del Ciclo de Conversión
de Efectivo.
Una adecuada gestión del CCE requiere atención constante a las cobranzas, un
manejo austero de los inventarios, y un conocimiento profundo de nuestros
proveedores (y los límites de su paciencia).
El problema es que tradicionalmente estas funciones son desempeñadas por
diferentes personas dentro de la organización, personas que pueden encontrarse
en diferentes departamentos y ni siquiera conocerse. Incluso en empresas
pequeñas, estas funciones son compartamentalizadas en espacios independientes.
Por lo tanto, termina siendo el gerente financiero el responsable de controlar y
evaluar la gestión del CCE, y de proponer medidas correctivas para reducirlo.
Sin embargo, se necesita el concurso de toda la organización para poder alcanzar
esta meta.