Contador público. Director de Reporte Contable y Cumplimiento SOX en el Grupo Telecom. Fue profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y profesor invitado de la Universidad de San Andrés, Universidad Torcuato Di Tella y la Universidad Austral. Autor de "Telefonía Celular: gestión y valoración" (2007). Editorial Temas.
Un contador, sentado a su lado, retrucó: "¿Su estimación está considerando el
impacto de la inflación? ¿Y la de los costos asociados a esos ingresos?
Por el escenario inflacionario del último año, los pesos que usted facturó valen
mucho menos que los que invirtió. En dinero constante, su rentabilidad es mucho
más baja de lo que usted cree.
Y no se olvide que a las ventas hay que detraerle todos los costos que usted
incurre, incluyendo el impuesto a las ganancias".
Un economista se sumó a la conversación: "Además, ¿usted considera el costo de
oportunidad de su capital y el riesgo asumido?
Quizá si hubiera invertido en otros proyectos, habría tenido retornos
importantes con riesgos similares o menores. No quiero desalentarlo...
Pero, teniendo esto en cuenta, tal vez la rentabilidad real no sea tan
espectacular como usted supone, incluso considerando la inflación y los costos
que sugiere mi colega".
El orgulloso empresario quedó desorientado y hasta llegó a plantearse si estaba
invirtiendo en el rubro indicado.
Así, antes de felicitarse por su éxito, usted debería considerar algunos
conceptos financieros para medir la rentabilidad real de sus inversiones.
El indicador EVA (Economic Value Added) sostiene que, en un determinado período,
una empresa gana dinero sólo si es capaz de generar ingresos superiores a los
costos explícitos y al costo de oportunidad del capital invertido (es decir,
considerando las inversiones alternativas que hubiera podido efectuar con ese
dinero).
De ese modo, el EVA se aproxima bastante al concepto de ganancia descripto por
la teoría económica.
EVA = Valor contable del activo x (rentabilidad del activo - costo
promedio del capital)
Sin embargo, el EVA es una medida de performance histórica que no captura la
potencialidad de una empresa de generar ingresos futuros. Tampoco es capaz de
contabilizar ganancias extraordinarias obtenidas por una empresa en el período
en cuestión.
Así, aparece un concepto superador del EVA, el MVA (Market Value Added) que
compara el valor intrínseco de las acciones de una firma, contemplando la
expectativa de generación de fondos futuros y lo compara con el capital
invertido por los accionistas (y el costo de oportunidad de ese capital).
El valor intrínseco de las acciones de una empresa listada en Bolsa puede
estimarse sencillamente por la cotización de esas acciones en el mercado.
En el caso de firmas que no cotizan en Bolsa, el valor del equity puede
estimarse por diversos métodos, siendo el más correcto técnicamente el flujo de
fondos futuros descontado para los accionistas.
Luego, al valor del equity de la empresa se resta el capital que aportaron los
accionistas contemplando el costo de oportunidad del capital. Así, queda
definida la fórmula del MVA:
MVA = Valor estimado de las acciones de la compañía – capital invertido
por accionistas (contemplando el costo de oportunidad)
Si el MVA es positivo, la firma ha creado valor. Si es negativo, la empresa ha
destruido parte del valor aportado por sus accionistas.
Ahora bien, los especialistas en finanzas saben que éstas son las formas
correctas de medir el valor de una firma, proyecto o cualquier clase de
inversión.
Sin embargo, lo cierto es que mucha gente las ignora (incluso a niveles
gerenciales de corporaciones de relevancia).
La difusión de esos conceptos entre managers y empleados no es tarea sencilla:
lograr que se incorporen criterios de identificación de iniciativas rentables de
las no rentables dentro de un determinado riesgo que la empresa quiere asumir
para desarrollar su negocio demanda tiempo y esfuerzo.
El propio hombre de negocios tiene una gran capacidad para detectar
oportunidades en el mercado y generar valor. Pero no necesariamente está
adiestrado en la valuación de probabilidades de generar valor y su
cuantificación.
Y el desconocimiento de estos conceptos puede inducirlo a tomar decisiones de
inversión equivocadas.
Incluso, en muchos casos, no existe un patrón común compartido por accionistas y
altos directivos a la hora de medir la creación de valor. Así, un mismo proyecto
puede parecer rentable para un ejecutivo pero destructor de valor a los ojos del
accionista.
Por lo tanto, una gestión exitosa exige que el top management defina los
indicadores que serán considerados válidos a la hora de decidir la factibilidad
económica de un proyecto.
Esto no puede lograrse con el análisis de un solo indicador sino que es
necesario desarrollar un conjunto de KPIs operacionales y económicos-financieros
para tener una visión integral de los negocios y ser concientes del riesgo
asumido en la gestión empresaria.
Sólo así, podrán asegurarse de que los proyectos que emprenden son
económicamente rentables.
Las organizaciones que, a lo largo del tiempo, han tenido una performance
financiera por encima del promedio son aquellas que aplican rigurosos métodos de
control de sus proyectos, convirtiendo las oportunidades que identifican en
verdaderas fuentes de valor que pueden medirse con el aumento del precio de sus
acciones.