Profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto de ESADE Business School
¿La promesa de la escuela de negociación win-win es aplicable en nuestro medio?
Veamos qué nos dicen los especialistas de Harvard:
1) Las negociaciones deben crear valor en vez ser un mero tironeo.
2) En el regateo todo lo que uno gana lo pierde el otro. Eso daña la relación.
3) Una mala relación anula la comunicación.
4) A mayor comunicación, mejores acuerdos.
5) No es necesario elegir entre resultados y relación.
6) El objetivo de la negociación es importante, pero la relación es parte de ese
objetivo.
7) Con una buena relación logro muchos buenos acuerdos. Con un acuerdo demasiado
bueno para mí puedo dañar la relación.
8) El negociador duro se pierde muchas oportunidades porque inhibe la
comunicación que es la fuente de valor.
9) Recurrir a criterios objetivos para dar legitimidad a los acuerdos es posible
y establece un estilo de relación que libera todo el potencial sinérgico de las
partes.
Tras estudiar el tema en Harvard, mi experiencia en la consultoría me demostró
que estas ideas funcionan si se aplican con las herramientas adecuadas. Dieron
resultado en el ministerio de Medio Ambiente de Holanda, en las tribus de
jíbaros del Amazonas, entre banqueros de Washington, con estudiantes violentos
de Boston, entre asesores financieros de Brasil, entre petroleros
latinoamericanos, laboratorios farmacéuticos multinacionales, vendedores
callejeros de Quito, abogados norteamericanos, ejecutivos de grandes
corporaciones y hasta con políticos jóvenes argentinos.
Con el tiempo, fui aprendiendo que el manager latino podía añadir potencia al
método de Harvard aplicando dos virtudes que le son propias: el talento para las
relaciones interpersonales y la capacidad de improvisar soluciones creativas.
Algunos creen que deben optar entre la relación o el negocio. Para ellos, una
buena noticia: la relación permitirá pactar algunas reglas y cumplirlas. Estas
reglas les permitirán trabajar más cómodamente, sin riesgos, en el proceso de
ampliar el pastel para luego dividirlo de manera justa.
El latino que ama a sus amigos pero es vehemente para negociar encontrará una
manera de beneficiar al máximo a sus amigos, justamente, negociando. Su
principal herramienta: la escucha activa para tratar de entender lo que el otro
necesita y para qué.
Luego le dirá sus propias necesidades y para qué. Con ese paquete diseñarán el
objetivo a lograr por el equipo. Y lo lograrán mediante un brain storming.
Existe una gran diferencia entre lo que puede lograr un equipo trabajando con
creatividad sinérgica y un par de regateadores enfrentados. La torta a repartir
será mucho más grande. Al final, la parte de cada uno será mayor.
¿No nos cae bien una persona que acuerda con nosotros un estilo ético de
relación
nos escucha
nos demuestra que nos escucha
hace preguntas y profundiza sobre nuestros intereses
nos cuenta los propios
nos propone trabajar creativamente y tiene en cuenta nuestras ideas
saca lo mejor de nosotros y nos da lo mejor de sí
distribuye con nosotros lo producido de acuerdo con criterios justos pactados
entre los dos?
Es difícil (y aburrido) transmitir esto en teoría. Por eso me encantaba cuando
los grandes profesores y profesionales con que traté contaban cuentos y
anécdotas y uso el método todo lo que puedo para enseñar y comunicar. La
narrativa permite aprender más directamente una manera creativa de
relacionarnos. Pocas cosas le llegan tan directamente al niño que tenemos dentro
como un buen cuento y quizá es todavía él el que manda en nuestras
negociaciones.