En el siglo XXI estamos empezando a aceptar (en realidad todos lo sabíamos) que
toda organización suele parecerse más a un conjunto de islotes mal unidos que a
una pirámide unánime. Y, lo que es más increíble, estamos empezando a sospechar
que ese dato de la realidad no siempre es la señal de una catástrofe segura sino
que puede ser una oportunidad para la generación de conocimiento.
Toda organización, grande o pequeña, suele ser un entramado bastante complejo de
pequeños islotes de gente que suele trabajar junta y que haciéndolo llega a
compartir significados, vínculos y creencias. Es decir, gente que construye
conocimiento. Etienne Wenger llama a esos islotes de saber "comunidades de
práctica".
Este carácter "localizado" del conocimiento explica por qué lo que para un área
de la empresa es racional puede resultar absurdo para otras; lo prioritario para
unas puede ser prescindible para otras. Inevitablemente la visión de cada
comunidad es parcial, sesgada y parroquial.
Los de producción, los de mantenimiento, los de finanzas de casa central, los de
sistemas, los de marketing y aun la gerencia general son diferentes comunidades
de práctica. Cada una de ellas construye maestría en su oficio a través de sus
interacciones y suele creer que su visión de las cosas es absoluta y objetiva y
que todos los demás están un poco confundidos (o que son irremediablemente
tontos).
Construir conocimiento implica tanto fortalecer cada una de estas comunidades de
práctica, como crear y desarrollar "puentes" entre ellas que permitan crear
sentidos compartidos.
Por eso, conducir una empresa implica al mismo tiempo, aunque en diferente
medida, ayudar a que cada una de esas comunidades se fortalezca, pero al mismo
tiempo encontrar las formas de que puedan trabajar juntas. Solamente la
coordinación y el trabajo conjunto permiten superar en parte la visión parcial
que cada una construye desde su propia perspectiva.
Así, cada grupo con un sistema de creencias propio (los operarios de una planta,
los jóvenes profesionales de alto potencial que se incorporan a un banco, la
gerencia general, los vendedores de tarjetas de crédito, los técnicos de
investigación y desarrollo, los especialistas en finanzas) es un "islote" con
racionalidad limitada a una forma peculiar de ver las cosas.
Por más limitada que sea la visión y perspectiva de cada una de estos grupos con
respecto a los fenómenos ajenos a su campo, por más parroquial que sea su
perspectiva, esa es la visión en la que creen, desde la cual operan y desde la
que construyen las maestrías que hacen a la organización valiosa e inimitable en
el mercado.
La verdad es que, en tanto la racionalidad humana es siempre restringida, todo
conocimiento es limitado. No se puede reemplazar un conocimiento acotado por uno
absoluto, porque hasta la gerencia general piensa parroquialmente. Lo que sí se
puede (y se debe) hacer es fortalecer cada una de las comunidades de práctica en
sí misma y ampliar su perspectiva con el aporte de la mirada de otras. En eso,
entre otras cosas, consiste el liderazgo.