Profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto de ESADE Business School
La gente de Recursos Humanos de las empresas suele tener vocación y formación
para la negociación colaborativa y creativa. Sin embargo, por el lugar de que
ocupan dentro de la dinámica organizacional, suelen enfrentar desafíos
especialmente difíciles. El cuento de Sofía servirá para ilustrar este punto.
Sofía es una mujer que ha estudiado comunicación no violenta con un gran
maestro. Así, aprendió a escuchar a la gente y a orientar las conversaciones
para que el interlocutor terminara hablando de sus necesidades en lugar de
adoptar una actitud territorial, competitiva o agresiva. En efecto, detrás de
cada agresión, a menudo hay una necesidad insatisfecha y, por lo tanto, una
frustración.
Un buen día Sofía volvió a acudir a su maestro en busca de un curso de
perfeccionamiento.
-¿Por qué quieres perfeccionarte? -preguntó él.
-Yo trabajo en la recepción de un hostal para gente de bajos recursos.
Recientemente, por política de la empresa, tuve que negarle una habitación a un
hombre que llegó drogado. El hombre se enojó, me gritó y amenazó. En un ataque
de furia, sacó un cuchillo y me lo puso al cuello. Yo lo escuché. Tras hacerle
algunas preguntas, entendí lo que le pasaba. Así, el hombre se calmó, me soltó,
pidió disculpas y se fue.
-¡Buen trabajo! -exclamó el maestro- Yo no podría haberlo hecho mejor... ¿Para
qué quieres perfeccionarte, entonces?
-Es que hoy almorcé con mi madre y le conté el episodio. Ella me dijo, una vez
más, que debía dejar este trabajo. ¡Y yo le dije que se fuera bien a la mierda!
Al igual que Sofía, la gente de recursos humanos tiene el expertise necesario
para las relaciones humanas y la comunicación. Sin embargo, de vez en cuando, se
encuentran en situaciones que exponen su talón de Aquiles.
Mi experiencia con la gente del área es que son especialmente atentos,
comunicativos, respetuosos y comprensivos. Si bien las generalizaciones suelen
ser equivocadas, me atrevo a sostener que, por su profesión, la gente de
recursos humanos es conciliadora, cuidadosa con las relaciones y predispuesta a
escuchar al prójimo. En cierta medida, pareciera que siempre están intentando
aplicar un estilo ganador-ganador en sus negociaciones.
Sin embargo, como Sofía, suelen encontrar casos en que las cosas no funcionan
como quisieran. En gran medida, su función los expone a situaciones similares
que los enfrentan a frustraciones parecidas.
Veamos algunos puntos y testimonios que afectan su manera de negociar en
organizaciones de primera línea:
• "Me resulta muy frustrante que, por más esfuerzos que el departamento de
recursos humanos realice por sus clientes internos, la actitud del otro lado sea
de insatisfacción. O se quejan porque es menos de lo que esperaban o les parece
que es nuestro deber y no merece reconocimiento. Eso me predispone mal en las
negociaciones".
• "Trabajo en recursos humanos y me siento como Tupac Amaru (el dirigente inca
que fue atado a cuatro caballos que tiraron en direcciones diferentes). Todos
quieren algo de recursos humanos y tiran para su lado. Y, si bien el
departamento es la cara visible, a veces las decisiones no dependen de
nosotros".
• El departamento de recursos humanos hace un relevamiento de necesidades. El
diálogo con los entrevistados genera expectativas. Luego elabora una respuesta a
esas necesidades sin darle participación a los entrevistados en esa elaboración.
La respuesta suele ser una desilusión para los que fueron relevados pero no
incluidos en diseñar la solución.
• El departamento de recursos humanos es visto como un proveedor interno más que
como un socio estratégico interno.
• El pasado histórico del área de recursos humanos la vincula a funciones
administrativas de liquidación de sueldos y selección de personal. Por más que
otros asuntos vitales dependan de sus gestiones, se la ve más como un enfermero
que como un médico.
• Como proveedor interno, el área de recursos humanos siempre corre el riesgo de
que no se le reconozcan los méritos pero sí se le achaquen culpas en los
fracasos.
Si usted es un profesional de recursos humanos que alguna vez se enfrentó a
estos problemas, algunas recomendaciones útiles a la hora de encarar una
negociación:
1) Concéntrese en integrar al otro en la negociación
2) Empiece por sentarse del mismo lado. Miren juntos el problema o la situación
que los afecta a los dos. Puede ser útil un pizarrón que describa la situación.
3) Trabaje con la otra parte en la búsqueda de soluciones, debatiendo los
posibles caminos en equipo y aportando los recursos de cada uno para lograr
sinergias.
4) A veces, es útil consensuar desde el principio algunas reglas que incentiven
la cooperación. Por ejemplo: confidencialidad ("podemos hablar tranquilos ya que
ninguno de los dos va a repetir nada fuera de esta reunión"), asignación de
méritos ("este proyecto será un trabajo conjunto y se presentará siempre como el
fruto de la alianza entre estos dos departamentos"), etc. Las reglas claras
consolidan la relación a largo plazo.
5) Proponga desde el principio una etapa final de evaluación para ver qué se
podría haber hecho diferente y cómo se podrían haber logrado mejoras en el
trabajo conjunto. Esto supone una visión de éxitos y oportunidades de mejora del
equipo y no de una asignación de culpas a las partes.
6) Siempre escuche (y demuestre que escuchó) antes de hablar.
7) Dedique más tiempo a hablar sobre los puntos en los que ya se ha alcanzado un
acuerdo que sobre los puntos que todavía deben acordarse.
En síntesis: guíese siempre por una brújula que apunte a trabajar como socio más
que como proveedor.