El objetivo de toda familia empresaria consiste en lograr la continuidad de la compañía de generación en generación. En efecto, el traspaso generacional es el verdadero nacimiento de la empresa familiar.

Ahora bien, la experiencia indica que la sucesión será exitosa si se la considera como un proceso y no un evento, un proceso que debe planificarse, si es posible, con años de antelación.

Así, para empezar, es necesario plantearse algunos interrogantes:

¿Por qué es necesario un proceso de sucesión?

Para un proceso exitoso, el fundador debe tener perfectamente claro por qué comenzar con la sucesión.

Muchas veces, lo único que existe es un "deseo de traspaso" a otra generación pero no se comprende de qué forma el proceso tiene como fin la continuidad de la empresa.

¿Cuándo y cómo debería comenzar el proceso?

No existe un momento preciso. Las fechas dependerán de las circunstancias de cada empresa.

Sin embargo, sí es posible brindar algunas pautas sobre cómo debería comenzar a encararse el proceso una vez que se ha tomado la decisión.

En primer lugar, es útil plantear en la empresa familiar ciertos temas cuando aún no hay nombres de las personas involucradas.

Es decir, conversar sobre las capacidades que debería tener el sucesor antes de nombrarlo con nombre y apellido permite evitar sesgos y emociones en las decisiones.

Así, determinar de antemano las características deseables en el sucesor ayuda a evitar la tentación del mayorazgo.

Creer que el hijo mayor es el único que puede seguir al frente de la empresa es fuente de muchos errores.

¿Quiénes deben estar involucrados?

El fundador es, desde luego, quien tiene la máxima responsabilidad de la sucesión. Él es quien decide los plazos de comienzo y fin del proceso así como las etapas intermedias.

El mejor método consiste en ir cediendo gradualmente las nuevas responsabilidades al sucesor hasta llegar, finalmente, a la transferencia completa del mando.

El sucesor por su parte, también debe