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La diosa Fortuna junto al placer de la obra: la toma de decisiones profesionales con alma de artista
- By Ricardo Czikk
- Published 08/26/2008
- Recursos Humanos
- Unrated
Ricardo Czikk
Gerente de Desarrollo y Comunicación Interna en la Dirección Corporativa de Recursos Humanos, Grupo Clarín. Profesor de Posgrado Psicología (UBA).
La diosa Fortuna junto al placer de la obra: la toma de decisiones profesionales con alma de artista
El mismo Rodin escribió en "Mi testamento": "El mundo sólo será feliz cuando
todos los hombres tengan alma de artistas, es decir, cuando sientan el placer de
su labor".
Felicidad, alma de artistas y placer de la labor, tres conceptos que nos
retrotraen al tema planteado en el primer artículo de esta serie: el fin de la
carrera laboral.
Decíamos que la nueva dinámica del mercado de trabajo nos obliga a reemplazar el
viejo concepto de "carrera profesional" por un término más adecuado como
"trayectos o trayectorias profesionales".
En este marco, hemos observado en las siguientes notas, que los "Amarres" del
profesor Edgar Schein se refieren a la claridad y autoconocimiento necesario en
cuanto a preferencias, competencias y valores personales a la hora de tomar
decisiones laborales.
Ahora bien, las distintas etapas del desarrollo profesional plantean diferentes
desafíos.
En la primera fase, el individuo ensaya acerca de sus preferencias y la
construcción de competencias adecuadas a la realidad del mercado, siendo la
especialización funcional la marca central de la inserción laboral.
En una segunda fase, para aquellos que deciden emprender un camino gerencial o
empresarial, se abre un período de desespecialización creciente.
Las capacidades críticas del éxito se modifican. Las habilidades funcionales
específicas pierden peso a medida que se incrementa la importancia de factores
como las habilidades interpersonales, emocionales, de toma de decisiones y
gestión de equipos.
Así, es altamente probable
En la tercera fase, el desafío radica en aportar sabiduría antes del retiro y en
visualizar horizontes cada vez más amplios.
Ahora bien, más allá de este patrón habitual de elecciones, ¿somos realmente
dueños de nuestro destino laboral? ¿La adquisición de habilidades directivas
generales nos permitirá acceder a los puestos que deseamos (y conservarlos)?
Es evidente que las decisiones profesionales se encuentran fuertemente
determinadas por los vaivenes del mercado.
Por ejemplo, una investigación de la escuela de negocios de Stanford destaca el
impacto de la buena o mala fortuna sobre la trayectoria de una persona.
Los jóvenes graduados de MBA en un año de crecimiento económico lograban una
trayectoria más exitosa que quienes comenzaban su recorrido en medio de una
recesión.
Como dice el sociólogo Zygmunt Bauman, vivimos una era de relaciones laborales
"líquidas", signadas por la "managerización" de la conducción empresaria que
privilegia la rentabilidad para el accionista sobre cualquier otra prioridad.
En este marco, sostiene Bauman en una nota publicada en la revista Ergo, los
puestos se parecen cada vez más a un contrato de alquiler. Su ocupante
circunstancial puede ser desalojado sin demasiadas explicaciones cuando cambie
el humor del mercado.
Terminar con la idea de "carrera" implica pensar en una identidad laboral que se
construye en las sucesivas elecciones personales y no a partir de la empresa en
la que se trabaja.
En definitiva, Rodin sostenía que el placer que da la tarea es la base de la
felicidad.
Y el placer obtenido en el trabajo parece ser una brújula bastante segura que
permita al profesional tomar decisiones ajustadas a sus preferencias, sin dejar
su destino expuesto a los caprichos de la diosa Fortuna.
En los tiempos que corren, ésta parece una buena consigna para pensar en la
trayectoria profesional, una consigna que se logra con "alma de artista", lo que
requiere (paradójicamente) mucho trabajo.

