Licenciada en Administración (UBA), Especialista en Dirección Estratégica de Recursos Humanos (UBA), Instructora/Diseñadora de Capacitación en Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), coordinadora de la comisión de Gestión Pública de la Asociación de Recursos Humanos de la Argentina (ADRHA)
No obstante, en los últimos años, muchas han comenzado a optar por la modalidad
"outdoor", donde se pretende desarrollar habilidades en actividades al aire
libre como rafting, campamentos y travesías en vehículos todo terreno.
Ante esta ampliación de la oferta de posibilidades de capacitación, ¿cómo
elegir?
Ventajas, desventajas, mitos y realidades
1) Educación y entretenimiento
Muchos critican a la capacitación áulica tradicional de ser aburrida y monótona.
Y esto es cierto cuando el docente se limita a exponer un tema sin brindar
oportunidad para la participación.
Así, muchos asistentes acaban con una sensación de aburrimiento y de no haber
aprendido.
Las actividades outdoor, por el contrario, ofrecen experiencias entretenidas,
interactivas y vivenciales. Es decir, un proceso ameno de aprendizaje.
Aunque también es cierto que esta ventaja dependerá de cómo sean organizadas. En
ocasiones, estas actividades son muy riesgosas y exponen innecesariamente a los
participantes.
Si esto sucede, el outdoor pierde el potencial de brindar un proceso de
aprendizaje entretenido para convertirse en una situación crítica.
2) Los costos de la capacitación
En la mayoría de los casos, una actividad outdoor resulta más costosa que el
aprendizaje convencional. En efecto, la organización debe afrontar gastos de
traslados, estadías, seguridad, etc.
Y esto debe ser tenido en cuenta a la hora de tomar una decisión. ¿Los
beneficios en términos de desarrollo de habilidades de una actividad outdoor
justifican sus costos significativamente superiores?
3) Transmisión y aplicación del conocimiento
Una crítica tradicional a las actividades outdoor es que, si bien los
participantes se divierten, olvidan muy rápido lo que aprendieron.
En efecto, al regresar de estas actividades, suelen escucharse frases como las
siguientes: "¡qué bueno que pude conocer lo que es el rafting!" o "¡me encantó
viajar con mis compañeros!"
Desde luego, se trata de frases muy positivas, aunque no es eso lo que busca una
organización a la hora de elegir un método de capacitación.
Sin embargo, también es cierto que las actividades convencionales no son inmunes
a esta crítica.
En última instancia, lo que está en juego es la capacidad de cada método para
fomentar la transferencia de conocimiento y su aplicación en la labor diaria de
los empleados.
Tanto el método outdoor como el tradicional, son incapaces de asegurar por sí
solos este objetivo.
La verdadera disyuntiva no se plantea entre capacitación outdoor o convencional
sino en el enfoque con que la organización aborda el desarrollo de sus recursos
humanos.
Una actividad aislada (convencional o outdoor) probablemente no tendrá un
impacto duradero en el aprendizaje. Los resultados sólo llegan cuando se concibe
al desarrollo como un plan coherente de mediano y largo plazo.
Pero, ¿cómo elegir el modelo de capacitación?
A la hora de planificar la capacitación de su gente, las actividades áulicas
deberían ser la primera opción.
Sin embargo, para evitar el aburrimiento típico de este método, las clases
deberían adoptar un modelo participativo.
Una buena opción consiste en incluir actividades lúdicas, didácticas o juegos
que sirvan como disparadores y generadores de la dinámica del grupo. En tanto
que el instructor debería ser un facilitador que fomente el debate entre los
participantes.
Ahora bien, llega un momento en que los capacitadores puedan desear profundizar
el desarrollo de alguna habilidad o actitud que ya se ha estado trabajando en
los talleres.
Y, en este punto, es posible evaluar la conveniencia de una actividad outdoor
para agregar un valor que no puede encontrarse en las clases tradicionales.
En otras palabras, las actividades outdoor deben concebirse como un complemento
de la capacitación convencional (o de modalidades a distancia como el e-learning)
y nunca como la única opción.
Si no se tiene en cuenta este punto, probablemente la organización acabará
desperdiciando valiosos recursos en una actividad que, más que una instancia de
aprendizaje, sólo será un evento recreativo o puramente turístico.