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¿Efectividad de Resultados o Filosofía de Gestión?
- By Julio Sánchez Loppacher
- Published 08/28/2008
- Operaciones
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Julio Sánchez Loppacher
Profesor de Operaciones y Tecnología del IAE.
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Dentro de las prácticas comunes clave identificadas se encontraron: la capacidad
de reacción y respuesta a las condiciones y cambios del mercado (agilidad), la
capacidad de interpretar y adecuar productos y servicios a las tendencias y
necesidades de consumidores (adaptabilidad), y una fuerte alineación y
coordinación de decisión y gestión de los distintos eslabones operativos que
componen la cadena de valor del negocio (alineación). Dichas capacidades fueron
desarrolladas en un marco de desafíos estratégicos en términos de coordinación,
flexibilidad e integración en la cadena.
Quizás este análisis pueda parecer un tanto lejano a nuestra realidad y poco
práctico para aplicar a nuestro medio, teniendo en cuenta que, en general,
corresponde a compañías importantes y/o multinacionales, que les han permitido
protagonizar el cambio en su cadena, con economías de escala que apalancan
dichos desafíos estratégicos, y con realidades de clara estabilidad y apertura
de mercados, en entornos muy diferentes de los nuestros.
Si consideramos, entonces, como claves de éxito de estas experiencias los
resultados obtenidos (ya sea en crecimiento, posicionamiento, mejora de
productividad y/o calidad) las prácticas mencionadas resultan poco válidas para
tomar como referencia o como proceso de aprendizaje. Sin embargo, pensando con
una visión más integral de negocio, podríamos preguntarnos si el éxito
de una práctica de gestión subyace en los resultados obtenidos o en
el propio proceso de aprendizaje y cambio de enfoque
De este modo, dichas prácticas son valiosas, no para copiar metodologías de
trabajo, sino más bien, para tratar de comprender la filosofía de
gestión que está atrás, para luego traducirla a nuestra realidad de entorno y
sectores con los que convivimos. El desafío es descubrir qué puede
sernos útil en el aprendizaje de gestión de las compañías que lo han aplicado.
De esta manera, podríamos preguntarnos qué debería significar para nosotros la
palabra agilidad, ¿respuesta rápida en el suministro y la
entrega?, o ¿reacción y plan de contingencia ante imprevistos, corrección de
problemas, cambios sobre la marcha, etc.? Cuando hablamos de
adaptabilidad ¿nos referimos a la capacidad de adecuación de productos
y servicios a las necesidades de mi mercado objetivo?, o más explícitamente, ¿a
la flexibilidad para responder a las condiciones de fuerte imprevisibilidad en
el requerimiento de mercados y/o de mi cliente directo? Finalmente, cuando
pensamos en alineación: ¿pensamos en acuerdos de políticas y
objetivos comunes entre los protagonistas de la cadena?, o ¿ámbitos de diálogo
con clientes y proveedores clave para acordar criterios para la gestión y
resolución de problemas?
No hay una respuesta única y, en muchos casos, será una composición de
estrategias diversas, dependiendo de las características del sector,
las particularidades de la cadena de valor y mercado al que pertenezca, y de las
realidades del entorno socioeconómico y político del momento. Pero a la hora de
pensar en nuestras realidades con mercados cambiantes, reglas poco claras con
falta de políticas industriales estables, alto grado de cautividad de clientes y
suministros, y economías cerradas con alta inestabilidad e incertidumbre; las
palabras rapidez de reacción, flexibilidad operativa y de estructura, y acuerdos
conjuntos para la resolución de problemas comunes entre los involucrados, son
caminos ineludibles para poder afrontar dichos desafíos estratégicos.

