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Hijos de la soledad
- By Miquel Bonet i Anglarill
- Published 09/1/2008
- Motivacion
- Unrated
Miquel Bonet i Anglarill
Abogado, profesor y autor de ¡Búscate la vida!. Director de Comunicación y Marqueting, Select Recursos Humanos
País: España.
degerencia.com
Hijos de la soledad
Nuestros niños y jóvenes funcionan como auténticos “autistas”. Extasiados detrás
de sus misteriosas -para mí- maquinitas de Wii´s, Play´s, Nintendo´s, tienen
móvil mucho antes de saber explicar una historia con cierta coherencia. Sí ya sé
que todo eso es lo que hay pero, ¿no habíamos quedado que no vivimos para
trabajar sino para vivir? Entonces, ¿dónde está la felicidad? Algunos piensan
que está en el consumo, pero yo pienso que tiene que ver más con el compartir
porque, ¿de qué sirve descubrir algo sino puedes explicarlo o tener un cochazo
sin poder enseñarlo? Compartir la comunicación es el eslabón que lleva a
acariciar sentirse feliz.
Pero la cuestión no está en los móviles, la tele o el consumo; el primer
problema es que más de la tercera parte de niños están solos porque se ha roto
su familia y eso, si que es importante y sobre todo, cuando conviven a medias
entre cónyuges que desean ignorar sus fracasos. No debemos perder de vista que
los jóvenes necesitan afecto y seguridad, tener claro donde dormirán, conocer el
régimen de visitas, o como podrán mantener sus rutinas con cierta normalidad. Y
si es posible,
En parte, tenemos las generaciones que nos estamos mereciendo. A menudo oigo a
padres quejarse del egoísmo de sus hijos, de su tendencia natural al ocio, a la
vida fácil, a la falta de compromiso… también veo que en este tan humano
instinto de protección se procura eludir cualquier paso que represente tomar
decisiones, enfrentarse a algo, incluso se les impide equivocarse solos, hay
gente tan inconsciente, que incluso culpa a los profesores o al sistema
educativo, pero con ello, simplemente se está ignorando la realidad y aplazando
el proceso de madurez al que deben enfrentarse solos.
El gran crecimiento de rupturas matrimoniales, con un incremento anual de un
6,5% entre 2003 y 2007, está abriendo una brecha en nuestra sociedad afectando
especialmente a los más débiles, o sea, los niños y marcándoles con la huella
indeleble de los errores de sus padres que en la mayoría de casos arrastrarán en
su madurez y les va a afectar tanto en su vida laboral. No es casualidad que
casi un 40 % de jóvenes universitarios quiera ser funcionarios y también que en
su vida emocional, cada vez les cueste más tomar decisiones. Aunque estén más
preparados tecnológicamente cada vez tienen menos interés por el auténtico
conocimiento, no leen, no se esfuerzan lo necesario, aspiran a trabajar menos,
pero no quieren perder la calidad de vida de su infancia y todo eso está
relacionado.
Casi nadie tiene la culpa de sus propios fracasos, pero creo que lo que jamás
puede hacer un progenitor es abocarlos en los hijos, hay que evitar compartir
problemas con ellos, lamentarse, culpar y sollozar, porque de lo contrario, todo
ello minará su talante, limitará su seguridad y los hará vulnerables ante un
mundo que ya es demasiado ambiguo.

