Director, Center for Advanced Finance IE Business School.
El libro se ha convertido en un éxito sensacional, alcanzando niveles
espectaculares de popularidad y ventas. Gracias a Taleb ahora no sólo somos
plenamente conscientes de la existencia habitual de los cisnes negros, sino que
además hemos aprendido a identificarlos.
Muchos pueden ser altamente negativos, como la crisis de la deuda
latinoamericana en la década de 1980 (quién no recuerda las palabras del jefe de
Citibank, Walter Wriston, en relación a que "estos préstamos son sólidos, los
países no pueden irse a la bancarrota", poco antes de la explosión de la
crisis). Otros cisnes negros son altamente positivos, como la aparición de
Internet o la publicación de "Harry Potter".
Parece obvio que la categorización de un evento o persona como un cisne negro
(positivo) debería depender de la situación geográfica.
Para un país como Estados Unidos, Bill Gates sería menos negro que en el caso de
un país como España (o Europa continental en general). Los norteamericanos
tienden a tomar riesgos y a ser devotamente emprendedores, por lo que la
aparición de un Bill Gates (o un Google) no es tan inesperada.
Para una nación más adversa al riesgo como España, procrear a un Bill Gates
sería el cisne más negro posible (esto explica la fascinación que se tiene por
el líder mundial Zara en su país; su excepcionalidad es resonante).
La inventiva norteamericana garantiza no sólo que los Estados Unidos sean
anfitriones de muchos más cisnes negros positivos en los negocios, la
tecnología, y otras áreas similarmente críticas que otras zonas del mundo menos
dinámicas, si no que además para los norteamericanos esos cisnes aparezcan más
grises que negros. No tan altamente improbables, no tan difíciles de comprender.
Según Taleb, el éxito de los Estados Unidos puede explicarse por una cultura que
promociona la toma de riesgos y la búsqueda del cisne negro, una cultura
dirigida a la creación masiva de cisnes negros positivos. De hecho, el declarado
optimismo de Taleb hacia Estados Unidos está basado precisamente en esa
realidad.
Los Estados Unidos tienen una posición líder porque su sistema educativo y
entramado social están basados en animar a la gente a intentar alcanzar cisnes
negros positivos (y en facilitar tal tarea).
Al contrario de lo que Taleb denomina "naciones de personas que van a museos y
resuelven ecuaciones", los Estados Unidos están encantados de dejar que los
gobierne totalmente un sistema basado en la búsqueda constante de oportunidades
bajo el dominio de la incertidumbre. Google, Microsoft, el iPod, Intel, y muchos
más son el inevitable resultado de tal sistema.
Como Taleb inteligentemente señala, la globalización magnifica la superioridad
natural norteamericana. Al facilitar la exportación de las tareas más triviales
hacia aquellos países más matematizados y "cultos" encantados de trabajar en las
ideas de otros, los Estados Unidos pueden especializarse completamente en la
generación de conceptos e ideas mediante la toma de riesgos, es decir, en la
producción masiva de cisnes negros.
Esto, naturalmente, no hace si no incrementar la probabilidad de que tales
desarrollos altamente beneficiosos se materialicen. Gracias a abrazarse sin
arrepentimientos al cisne negro, los Estados Unidos esencialmente convierten a
los cisnes negros en algo casi tan común, casi tan probable, virtualmente tan
"blanco" como sería convertirse en burócrata en la Vieja Europa.
Quizás la mejor señal que una nación es un líder económico y tecnológico radique
en el hecho de que se ha acostumbrado a que sucedan cisnes negros.
Contrariamente, mucho más estancamiento es de esperar de parte de aquellos
países donde los casos excepcionales siguen siendo siempre el mismo grupo
limitado.
En conclusión, parece altamente recomendable que aquellos países deseosos de
avanzar posiciones en las tablas mundiales de crecimiento económico e innovación
tecnológica y empresarial establezcan las bases necesarias para "criar" más
cisnes negros positivos.
Un sistema educativo poco rígido que premie la creatividad y la relevancia
práctica sería un buen comienzo. También sería esencial la implantación de un
sistema de valores sociales que convierta a la toma de riesgos en algo aceptable
y elogiable. Por supuesto, es crucial poder acceder a fuentes de financiación
que permitan hacer realidad el sueño.
Estos tres pilares fundamentales muchas veces aparecen ausentes en América
Latina. Por ejemplo, un informe del Banco Interamericano de Desarrollo de hace
un par de años destacaba las inmensas dificultades que los jóvenes aspirantes a
emprendedores en la región encontraban a la hora de obtener financiación, con
menos del 40 por ciento teniendo acceso a préstamos bancarios y menos del cinco
por ciento a inversores privados.
Esta realidad limita severamente la aparición de los cisnes negros, privando a
los latinoamericanos de las condiciones de vida que se disfrutan en zonas del
mundo más dinámicas.
Cómo Taleb dice, la clave de la prosperidad puede radicar sencillamente en
permitir a las personas ser afortunadas y tener alguna posibilidad de
experimentar el suceso excepcional.