Directora Académica del Centro de RRHH, IE Business School.
Sin embargo, existe un factor de diversidad que aún no ha sido lo bastante
tenido en cuenta: las diferencias generacionales.
En efecto, con las personas de nuestra misma edad, compartimos ciertos hitos
temporales que han marcado las diferentes etapas de nuestra vida. Así, los
coetáneos tienden a compartir ciertas experiencias, valores y modos de vida
comunes.
Actualmente, en las organizaciones conviven cuatro grandes franjas
generacionales.
El grupo más maduro (mayores de 60 años) se denomina "Generación Tradicional" y
refleja los valores de conservadurismo, austeridad y disciplina que
caracterizaron etapas socialmente duras de la historia del siglo XX (guerras y
posguerras, dictaduras, etc).
El grupo que actualmente está entre los 45 y los 60 años es el llamado "Babyboom",
dado que responde a un pico de natalidad en los Estados Unidos y Europa de
posguerra. Su juventud estuvo marcada por una radical oposición a los valores
tradicionales.
Los "babyboomers" fueron los pioneros de revoluciones sociales como la píldora
anticonceptiva, el divorcio o la incorporación femenina al trabajo.
Luego, viene la "generación X", marcada por el escepticismo y el desconcierto
ante un mundo que, tras una etapa de entusiasmo y reforma social, comienza a
entrar en fases de incertidumbre laboral, económica y social.
Los profesionales X, criados en hogares donde ambos padres trabajan, reaccionan
ante este hecho y se convierten en los reivindicadores de la conciliación entre
trabajo y vida personal.
Nos quedan por último los más jóvenes, que por extensión se denominan
"Generación Y". Si hay algún hecho que marca a este grupo es su convivencia
natural con la tecnología y el mundo de Internet, factores que condicionan sus
preferencias profesionales y sus dinámicas sociales.
Ahora bien, ¿cómo convive este mosaico de percepciones y valores dentro
del mundo laboral?
En primer lugar, hay que tener en cuenta que las altas direcciones de las
empresas (las que definen la cultura corporativa) experimentan relevos
generacionales. Actualmente, se están retirando los primeros babyboomers, y los
ejecutivos X ingresan con fuerza en niveles directivos.
Este fenómeno explica la masiva implementación de políticas de flexibilidad y
conciliación familiar-laboral que tan de moda se ha puesto en los últimos
tiempos.
En segundo lugar, la relación entre profesionales de diferentes grupos
generacionales puede generar fricciones por choques entre valores.
Los empleados maduros se quejan de que los jóvenes no se entregan con lealtad a
la empresa y dan prioridad a su vida personal. Los jóvenes, por el contrario,
cuestionan el conservadurismo de sus jefes, su escasa comprensión del mundo
tecnológico y su baja predisposición para el trabajo virtual.
Ahora bien, ¿cómo evitar estas fricciones?
Si bien todavía son escasos los estudios sobre la materia, éstos aconsejan
implementar acciones de comunicación y formación para que los profesionales se
vuelvan conscientes de sus diferencias generacionales y culturales.
De esta forma, es posible generar un entorno de tolerancia para la convivencia
de grupos que han vivido experiencias muy distintas y, aunque compartan sociedad
y nacionalidad, pueden contemplar el mundo de otra forma.
La madurez aporta serenidad y experiencia, mientras que la juventud empuja la
renovación y la innovación. El equilibrio entre estos factores puede ser una
fuente esencial de aprendizaje organizativo.