
Consultor
internacional de las áreas de liderazgo de excelencia, motivación
total, ética profesional, formación en valores, clima laboral, trabajo
en equipo y servicio al cliente.
Residente en Lima, Perú. Doble nacionalidad cubana-peruana.
Graduado de la universidad de la habana, con estudios de maestría y
doctorado en la universidad autónoma de Guadalajara en méxico,
diplomados en méxico, españa, chile y perú.
Recursos Humanos
País de residencia: Perú.
La sociedad actual se caracteriza por enfatizar y perseguir las necesidades
materiales a cambio de olvidar muchas veces las necesidades de espíritu.
Cada día vivimos materialmente mejor, los productos que compramos son mejores,
el confort es mayor. Sin embargo la riqueza no debe ser un fin sino sólo un
medio para alcanzar otras metas más importantes en la vida (Aristóteles). Por
eso hay valores muy importantes en las organizaciones: reconocimiento del
trabajo, comunicación, trato justo, formación de las personas y sentido del
trabajo, que constituyen los parámetros de un buen clima laboral y una gran
parte de las necesidades de espíritu.
Muchos empleados pueden tener las aptitudes necesarias para realizar su trabajo,
pero tal vez no estén funcionando al máximo de su capacidad por no estar en un
ambiente agradable.
El tejido empresarial moderno tiene claro que el activo más importante de
cualquier compañía es su factor humano. Parece claro también que el hombre que
trabaja ha dejado de ser una máquina generadora de dinero. Partiendo de estas
premisas, los directivos deberán cuidar y potenciar al máximo este activo
implantando en la compañía un clima laboral propicio para los empleados. Es
evidente que existen tantas formas de satisfacer a los trabajadores, como número
de ellos. Pero tampoco se trata de que el equipo directivo invente mil maneras
distintas de cubrir necesidades y deseos de cada individuo, ya que se pueden
distinguir una serie de pautas comunes de comportamiento en el colectivo de
trabajadores cuando se analizan las necesidades de espíritu.
Se ha comprobado que los cimientos de un buen clima laboral se relacionan con
los siguientes parámetros: la calidad directiva, la satisfacción en el puesto de
trabajo, la conciliación del trabajo con la vida familiar, la carrera
profesional y, en menor medida, las prestaciones de tipo social.
La calidad directiva.
Se trata, sin duda, del aspecto más relevante. El éxito de un proyecto de
empresa parcial o total depende del liderazgo de la dirección general y el
equipo directivo, quienes deben transmitir entusiasmo y crear buenas relaciones
con honradez, respeto y lealtad, adaptándose a las habilidades y emociones de
sus empleados.
Asimismo, estos últimos tienen que percibir que quienes encabezan la compañía
pretenden lograr los objetivos que se ha marcado la organización y no sus metas
personales, que reconocen el derecho del trabajador a equivocarse alguna vez
cuando delegan en él, le permiten tomar decisiones y muestran interés por su
trabajo.
La función directiva debe basarse en los valores y el compromiso ético. Influye
activamente, entre otros, en el trato personal, en la delegación de
responsabilidades, en el reconocimiento y en la comunicación:
La persona espera siempre recibir un buen trato de la
dirección de la empresa, de sus responsables directos y de sus compañeros de
trabajo.
Un buen director general debe apostar por una estructura
horizontal en el organigrama de la empresa que facilite la delegación de
responsabilidades. De ese modo, fomenta la iniciativa de la persona que
asume riesgos y gestiona su propio trabajo tomando las decisiones oportunas,
lo cual es clave para lograr el cumplimiento de objetivos.
A cualquier persona le gusta que se reconozca su labor, bien
con dinero o sin él. El dinero es un factor motivador muy importante y al
empleado hay que retribuirle su trabajo de forma justa, pero el dinero no
resulta necesario para felicitarle por un buen resultado; y lo mismo ocurre
a la hora de aconsejarle y enseñarle cuando comete errores.
La comunicación se da en dos vertientes: la corporativa, a
través de la que el trabajador está informado y conoce la misión de la
empresa, su organización, situación económica y planes futuros; y en el día
a día, para conseguir una buena comunicación ascendente, descendente y
horizontal con objeto de que el empleado perciba una política de puertas
abiertas que le permita: Acudir a cualquier responsable con la máxima
confianza para exponerle los problemas que pueda tener o realizar cualquier
sugerencia, y además tenga la confianza y seguridad de que lo que exponga va
a ser tenido en cuenta.
Que el empleado conozca la opinión que sus responsables
tienen sobre su trabajo.
Que el empleado perciba la utilidad de su trabajo,
transmitida también por sus responsables.
Que el empleado perciba que la organización y sus
responsables directos le agradecen su trabajo.
La calidad directiva está asociada al cumplimiento de las responsabilidades sociales de la empresa. Hay responsabilidades internas con los propios trabajadores, como las comentadas anteriormente. Pero las empresas tienen también compromisos con los accionistas que aportan el capital, con los clientes que compran los productos, con sus proveedores y con el entorno. La empresa debe ser una ayuda para la comunidad y no una carga.
Satisfacción en el puesto de trabajo.
Un altísimo porcentaje de empleados no ocupa el puesto que le correspondería
según su preparación y deseo, lo que provoca su desmotivación. A veces el puesto
les viene grande porque no tienen la formación adecuada, lo que provoca ansiedad
en el trabajador. O, al revés, personas con unos conocimientos y habilidades
superiores al puesto que ocupan. Además, existen otros factores no motivadores:
puede haber un clima laboral malo, o escasez de retribución, o falta de
reconocimiento. También el estrés y enfrentarse a una tarea rutinaria.
La seguridad y las condiciones laborales también se relacionan a veces con este
parámetro. El espacio, la iluminación, la calefacción, la climatización, la
ergonomía y la ausencia de elementos nocivos para la salud (ruidos, humos,
gases, polvo…) resultan muy importantes; el empleado tiene que regresar a su
hogar en las mismas condiciones de salud con las que inició su jornada.
Conciliación del trabajo con la vida familiar.
La sociedad está demandando cada vez más la solución de este problema.
En pleno siglo XXI existe una nueva realidad laboral y social en la que los dos
cónyuges trabajan y la disponibilidad de su tiempo fuera del trabajo es escasa,
lo que origina:
Falta de tiempo para la educación y cuidado de los niños y
la atención de los ancianos.
Disminución progresiva y amenazadora de la tasa de natalidad como consecuencia de que los padres no quieren adquirir el compromiso del cuidado de más hijos y su educación.
El problema es importante ya que la familia es la columna vertebral de una
sociedad equilibrada y los niños de hoy son el capital humano de la sociedad del
mañana. De ahí la importancia de que las empresas instalen los programas de
conciliación ya que la no conciliación provoca insatisfacción laboral,
enfermedades psíquicas, falta de actitud y compromiso de los trabajadores, así
como bajas en la organización. Los programas de conciliación precisan de
características básicas como:
Compaginar el horario de la empresa con los horarios de los
centros educativos de los hijos.
Horarios laborales flexibles.
Posibilidad de medias jornadas de trabajo y de empleo
compartido.
Permisos de excedencias.
Flexibilidad en la forma de trabajar: lugares satélites de
trabajo, tele-trabajo, rotación de puestos, etc.
Programas de luces apagadas.
Servicios propios o subvenciones para guarderías y cuidado
de niños y ancianos.
Todo ello encaminado a que los padres tienen que tener tiempo para estar con sus hijos, ya que además de la necesidad de disfrutar de la familia, la educación de los hijos es responsabilidad plena de los padres y las guarderías u otros centros, sean públicos o privados, no les pueden sustituir en este cometido.
Una sociedad económicamente globalizada, donde continuamente se pregona que el
éxito de la gestión se basa en la atención y satisfacción del cliente, la
calidad hacia el mismo, debería darse cuenta que este concepto cobra todavía más
importancia si se trata de la atención y calidad hacia los hijos.
Pero invertir tiempo suficiente en los hijos, educarlos y cuidarlos en todo
momento, implica también entrega y renuncias por parte de los padres. Sin ello,
de nada valen los programas de conciliación ni la legislación de ayuda
promulgada por los Estados para resolver este problema.
Carrera profesional.
Permite al empleado superar su reto profesional, tanto en el terreno del
conocimiento como en el de su promoción. La empresa, en la medida de sus
posibilidades, debe tener programas de formación, con el fin de profesionalizar
a sus trabajadores y potenciar su capital intelectual. La formación supone una
inversión, no un gasto.
Prestaciones de tipo social.
Este parámetro, aunque de menor importancia que los anteriores, puede también
afectar al clima. Se refiere a servicios como comedor, guardería (cada vez más
demandada), becas de estudio para hijos de empleados, celebraciones, acceso a
acciones de la compañía, flexibilidad de horario, planes de pensiones, premios y
concursos diversos, seguro de vida, transporte a la empresa, promoción de
actividades deportivas, préstamos financieros con ventajas respecto a los del
mercado e instalación de zonas de descanso, entre otros.