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¿Administración del tiempo?… ¡Pamplinas!
- By Félix Socorro
- Published 10/1/2008
- Conocimiento
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¿Administración del tiempo?… ¡Pamplinas!
Lo primero que hay que preguntarse es ¿qué es un recurso? Según el diccionario
de la Real Academia Española, un recurso es un “conjunto de elementos
disponibles para resolver una necesidad o llevar a cabo una empresa”. Entre
ellos están los “recursos naturales, hidráulicos, forestales, económicos,
humanos”. Detengámonos en una frase: “conjunto de elementos disponibles”.
Nuevamente ¿qué debemos entender por “disponible”?, el diccionario señala que es
una cosa de la “que se puede disponer libremente de ella o que está lista para
usarse o utilizarse”.
Muy bien. He aquí mi cuestionamiento: ¿Se puede disponer del tiempo libremente?
¿Está ahí listo para usarse o utilizarse libremente? La respuesta es simple: No.
Nadie puede disponer del tiempo per se, ni usarlo libremente. Por lo tanto el
tiempo no es un recurso y al no ser un recurso no se puede administrar.
El tiempo es una consecuencia y no una causa. Cuando se habla de la
administración del tiempo se hace bajo un concepto lineal, básico y limitado que
ofrece la ilusión de que es posible limitarlo a periodos precisos. Nada más
ajeno a la verdad. En realidad no se está hablando de administrar el tiempo sino
de administrar las tareas, que es otra cosa. Usted puede listar las actividades
que espera realizar e imaginar el tiempo que ellas le tomarán, pero eso, auque
incluye la presencia del tiempo, no lo altera para nada, ni lo incrementa ni lo
disminuye, de echo solo está presente como el recordatorio de una meta personal
o impuesta, como nada más.
El tiempo podría administrarse si usted pudiera acceder a él como se hace
Es importante destacar que el tiempo es, en la mayoría de los casos, sólo una
percepción, aun cuando en el mundo de la física cuántica y la metafísica, posee
otras connotaciones. Es por ello que en sí mismo el tiempo no se puede
administrar porque cada quien lo percibe de manera distinta. Haga el ejercicio,
pregunte a un mínimo de diez personas cómo le pareció el día, paso rápido o
lento, fue rápida la mañana o la tarde… o ambas y tendrá tantas respuestas
similares como contrapuestas.
Debido a la relatividad del tiempo y su incuestionable relación con la
percepción de los individuos, asociada a sus estados de ansiedad o calma, por
citar algunos casos, el tiempo puede andar en una tortuga, como alguna vez
imaginaron los griegos que ocurría con el Sol, o en una estrella fugaz, aún
cuando el periodo que se mida sea el mismo.
Ahora bien, lo anterior no significa que no se pueda incorporar el tiempo al
ejercicio administrativo, por supuesto que se puede, pero no como un recurso
sino como una herramienta, enseñando a los usuarios las características que lo
definen y como hacer uso de ellas de acuerdo a su estado y condición, pues,
aunque no lo parezca, el tiempo tiene propiedades y características que lo
diferencian y definen en variadas circunstancias, justamente ha sido ignorar
tales fenómenos lo que ha impedido superar a estas alturas la idea tradicional
de la administración del tiempo.
Usted no puede administrar el tiempo pero sí puede condicionar la percepción del
mismo y por ende alterar los resultados que ello produce en beneficio de sus
metas. Sencillamente no le han enseñado aún cómo hacerlo.

