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Las palabras fáciles
- By Miquel Bonet i Anglarill
- Published 10/1/2008
- Comunicacion
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Miquel Bonet i Anglarill
Abogado, profesor y autor de ¡Búscate la vida!. Director de Comunicación y Marqueting, Select Recursos Humanos
País: España.
degerencia.com
Las palabras fáciles
Tuve un colega y buen profesional que en su sabiduría de buen gallego, las
denominaba con cierta socarronería, palabras de “veinte duros”; no tanto por
menospreciar su precio, sino por el valor más bien escaso cuando no se soportan
con determinada actuación personal que les da cierto contenido. Ya que en la
comunicación, la simple palabra sólo ocupa poco más de un siete por ciento del
mensaje que se transmite.
Estas palabras podrían determinarse como un argot y normalmente deberían formar
parte de aquello que los lingüistas -como mi socio y maestro Jaume Llacuna-
denominan el “código” del lenguaje, es decir, que las palabras quieren decir
(capacidad semántica) fundamentalmente lo que se supone que deben decir, como un
diccionario.
Lo que pasa es que “queda bien”
El mundo de los recursos humanos es uno de los foros de palabras nuevas, como
por ejemplo, la aplicación de los “test”, cuando todo el mundo ignoraba que se
refería a una simple prueba o ejercicio. Recuerdo sin ninguna nostalgia, uno de
los primeros “test” que pasé para obtener el carnet de conducir. “Es que te
pasan un test”, decía la gente. Y ¿eso que es? “Pues no sé exactamente pero…”, y
seguían, “si te equivocas has palmado y no haces la práctica”. Bueno, pues al
final el test no era otra cosa que una pregunta con tres respuestas posibles,
pero nadie te quitaba el miedo en el cuerpo.
Luego llegarían otras palabras a menudo comprensibles en el “código” profesional
pero desconocidas para la gente de a pie, como validación, asertividad,
desempeño, resiliencia, etc. Los malpensados dicen que estas palabras las
trajeron los “consultores”, este colectivo al que yo también pertenezco
parcialmente y que algunos afirman maliciosamente que servimos para “decirte la
hora en tu propio reloj y pretender cobrarte por ello”. Lo que se obvia es que,
lo más importante nunca está en la respuesta sino en saber lo que se pregunta.
En fin, ¡qué más da!, nunca son más importantes las palabras que los hechos y lo
que cuenta es lo que existe detrás de lo que se dice. Como decía Platón “lo más
importante del conocimiento es el acto”. Al fin y al cabo cada uno tenemos
nuestro código particular, que es la consecuencia de nuestra experiencia de la
realidad, las interpretaciones que hemos aprendido y el código normalizado de la
lengua. Al final se trata de hacernos comprender por el receptor, por tanto,
vale la pena decir las cosas de forma que las palabras puedan descodificarse
fácilmente por el otro. Asegurando ser entendidos, podremos mantener un espacio
común que se denomina “la comunicación”.

