Profesor del Instituto de Empresa. Director de programas de Alta Dirección y Empresa Familiar.
Pudiera parecer que el tema es obvio. Pero la experiencia personal me demuestra
que, en ocasiones, las cúpulas directivas establecen otras prioridades y dedican
sus principales esfuerzos a cuestiones que tienen más que ver con la eficiencia
en la gestión, la reducción de costos generales, etc.
Pareciera que, muchas veces, aspectos como el carácter emprendedor, la
innovación, la creatividad o la cercanía al mercado para detectar nuevas
oportunidades afloran en su máximo esplendor en los momentos iniciales de las
empresas y luego decaen para dar paso a otras prioridades.
La exigencia por cultivar el desarrollo de negocio es clave hoy en día. Por
circunstancias propias de nuestro entorno, los mercados son tremendamente
competitivos, cambiantes y dinámicos. Las ventanas de oportunidad se estrechan y
hay que realizar un permanente ejercicio de reinvención del modelo de negocio
para aportar una clara propuesta de valor a los clientes.
Piénsese en ejemplos como las industrias discográficas y de los medios, donde
los usos y costumbres de los consumidores, aprovechando las posibilidades que
hoy proporciona la tecnología, han cambiado por completo las reglas del juego,
obligando a repensar nuevos modelos de negocios. La compra de YouTube por parte
de Google es fiel reflejo de este fenómeno.
Pero esto no sólo afecta a industrias de sesgo tecnológico. Lo mismo está
pasando, por ejemplo, en alimentación donde se avecinan profundos cambios como
consecuencia de un mayor interés por lo orgánico y ecológico. Wal-Mart, por
ejemplo, ya ha apostado claramente por esta nueva vía que pronto dejará de ser
un asunto de nichos de consumo sofisticado y se irá popularizando.
En España, el uruguayo Ernesto Colma ha revolucionado la industria dental con la
creación de su cadena de clínicas dentales VitalDent, un cambio que se ilustra
con una frase de este emprendedor: "donde otros ponen una tienda de moda,
nosotros abrimos una clínica dental".
Por consiguiente, el principal punto es contar con el entrepreneurship como un
valor capital de la cultura organizativa y no dejar que este aspecto recaiga
sólo en el fundador de la empresa (si es que pensamos en empresas familiares) o
en el CEO o el departamento de innovación.
A partir de aquí, como en tantas y tantas cosas, las personas son clave. En los
equipos, debemos también incorporar talento emprendedor. Incorporemos directivos
con capacidad de liderazgo para impulsar el permanente ejercicio de la
innovación en la búsqueda de nuevas oportunidades que aseguren el crecimiento a
medio y largo plazo de la empresa.
Quiero insistir mucho en este punto pues pareciera que, en estos tiempos donde
priman tanto las tecnologías, el ser humano pierde importancia. Y pensar así es
caer en un enorme error. A más talento en la organización más probabilidades de
éxito.
Creemos sistemas que permitan el ejercicio de la innovación, no castiguemos a
quien se equivoca cuando propone cosas nuevas y desarrollemos sistemas de
remuneración que premien el carácter emprendedor y, sobre todo, sus resultados.
Desde el punto de vista organizativo, parece claro que organizaciones muy
jerárquicas son poco propicias para crear esta cultura. Por el contrario,
organizaciones en red, donde surgen unidades de negocio con objetivos muy claros
facilitan la puesta en marcha de estas políticas.
En conclusión, es fundamental que esta manera de pensar (que yo denomino
"gestión emprendedora") se instale absolutamente en las mentes y el quehacer de
los dueños o las cúpulas de las organizaciones. A partir de ahí, fluirá a toda
la organización.
Ciertamente, el mundo está avanzando a mayor velocidad que nunca y tener
organizaciones emprendedoras será la única fórmula que pueda asegurar niveles de
competitividad a futuro.