Profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto de ESADE Business School
Se ha desencadenado una crisis global sin precedentes para cuyo manejo no
podemos encontrar lecciones en la historia. Los ecosistemas que integramos son
incapaces de brindarnos sus servicios tradicionales. Y la situación se agrava...
Hasta ahora, las señales eran visibles pero nos acostumbrábamos. ¿No podemos
bañarnos en el Río de la Plata? Mala suerte. ¿Se mueren los peces? Qué lástima.
¿Progresa la desertificación? Qué le vamos a hacer. ¿Los pescadores se quedan
sin trabajo? Que busquen otro. ¿Sube la temperatura? Mejor, así salimos menos
abrigados. ¿Se ensancha el agujero de ozono? Me pongo pantalla.
Sin embargo, llega un momento en que el impacto se torna insoslayable y
empezamos a desear soluciones. Bush le dio la espalda al mundo negándose a
firmar el protocolo de Kyoto. Pero el huracán Katrina que arrasó con Nueva
Orleans se sintió como un bofetazo por años de descuido.
¿Por qué no podemos resolver el problema ambiental?
El principal obstáculo no reside tanto en encontrar las soluciones técnicas sino
en ponernos de acuerdo en hacer lo que a todos nos conviene. Tras años de
dedicarme a la consultoría y capacitación en construcción de consenso y
negociación (en empresas, gobiernos y ONGs) tengo algunas hipótesis sobre los
desafíos que debemos vencer.
1) Democracia cortoplacista
Los períodos de gobierno atentan contra las soluciones que requieren visión y
perseverancia de largo plazo. Difícilmente un gobernante invertirá en
solucionarles problemas a sus sucesores cuando puede invertir en acciones que le
den popularidad inmediata.
2) Empresas orientadas a maximizar resultados
A pesar de los largos discursos sobre Responsabilidad Social Empresaria, los
directivos y ejecutivos de las empresas siguen siendo evaluados por sus
resultados económicos de corto plazo. Y no se puede servir a dos señores. Por
más que lo social sea muy importante los incentivos inmediatos están en la
ganancia.
3) ONGs impotentes
Las Organizaciones No Gubernamentales podrían ser la solución para el
cortoplacismo político y monetarismo empresarial. Sin embargo, esto exigiría
otorgarles mucho más poder del que hoy tienen. Por ejemplo, una legislación que
permita pagar parte de los impuestos directamente a ellas (cosa que los
gobernantes temen hacer, quizá para no compartir dinero y poder).
4) Nuestros propios Katrinas
La mayor precipitación de la que se tenga memoria inunda una amplia zona de la
Argentina. Decenas de miles de evacuados y tres millones de hectáreas
productivas bajo el agua. Podríamos decir una vez más: "mala suerte". Pero los
científicos nos están haciendo ver desde hace años que no es un problema de
suerte.
Dejemos de lado nuestros sentimientos humanos por un momento y concentrémonos en
el efecto económico del desastre. ¿Cuánto dejarán de producir en esa área?
¿Cuánto bajarán las ventas a esa región empobrecida?
La respuesta tradicional: "sin dudas, se trata de pérdidas terribles. Pero yo,
como empresario, no puedo evitar las catástrofes naturales". La respuesta que
debemos empezar a considerar es: "debo coordinarme con los demás empresarios
para solicitar al gobierno que tome medidas contra el deterioro de los
ecosistemas".
En los ejercicios de negociación que hacemos en nuestros cursos, la gente suele
preferir espontáneamente ganarle al otro que ganar en términos absolutos o ganar
juntos. La competencia nos sale con frecuencia más naturalmente que la
colaboración (incluso en juegos de negociación donde se puede ganar mucho más
colaborando).
He visto a los pescadores del Mar Argentino destruir su fuente de trabajo por no
poder coordinarse para el bien común y cuidar juntos el recurso de forma en que
lo pudiesen explotar sustentablemente.
El uso de los recursos naturales tiene consecuencias. Entenderlo y obligarnos a
un empleo más racional mediante costos más altos redundará en beneficios para
todos. La idea nos resulta difícil de digerir. ¡Costos más altos! Sin embargo,
si no nos acostumbramos a la idea, en el futuro tendremos que digerir tragos
mucho más amargos.
De chico aprendí en el campo que si no quería que el animal enlazado me topara
debía tirar del lazo. El animal, quizá sólo por contradecirme, tiraría para el
otro lado y nunca se vendría hacia mí. Los humanos somos bastante animales. Sin
embargo, de vez en cuando podemos darnos cuenta de que cambiando de dirección
obtenemos mejores resultados. Subiendo el precio de los combustibles que
contaminan podremos desalentar su uso y reemplazarlos gradualmente por energías
limpias.
Es cierto, tendremos costos más altos. Sin embargo, podremos venderle a mucha
más gente gracias a que no los habrá tapado el agua. Un empresario solo no puede
hacer esto, pero puede coordinarse con los otros y consensuar un plan de acción
con las autoridades y las ONGs.
En la película La Verdad Incómoda se cita a Upton Sinclair diciendo: "Es difícil
que un hombre entienda algo cuando su salario depende de no entenderlo". Mucha
de la oposición a las soluciones que los ecosistemas requieren se basa en
nuestra necesidad de ganarnos la vida. Pensemos formas en que las soluciones
sean equitativamente sostenidas por todos. No busquemos culpables ni le hagamos
pagar la cuenta a uno solo.
He tratado de darle a este análisis un enfoque económico pero creo que a nadie
escapa que hay otros valores mucho más importantes en juego. Sin embargo, lo
económico suele ser el obstáculo a las soluciones. Pero este gran enemigo puede
ser vencido a través de la colaboración entre todos por un mundo más limpio y,
en última instancia, un mundo sostenible que no desaparezca bajo las aguas.