Definitivamente la
cultura del servicio es algo de lo que mucho se
habla pero que muy pocas
veces se pone en practica, y no es que no exista interés por quienes
saben que sólo a través de un buen servicio se conseguirá que el cliente
no sólo vuelva a comprar un producto o hacer uso de un servicio sino que
atraerá a nuevos clientes que finalmente engrosarán la cadena de valor
que hará posible la permanencia en el tiempo del negocio y la obtención
de ganancias.
Pero algo tan simple como
pensar que hay que tratar bien al cliente parece ser tan difícil que
pareciera que en vez de contratar aliados se han ingresado a las filas
de la empresa “agentes dobles” que pretenden ahuyentar con su mal trato
a quienes son la verdadera razón de ser de la empresa.
Empresas de Televisión por
suscripción que ante una queja señalan que no es su responsabilidad sino
la de la “contratista”. Servicios de teléfono que tardan largos periodos
de tiempo buscando una información básica. Restaurantes donde
prácticamente hay que rezar para
ser atendido la primera vez y suplicar para que sirvan la orden. Bancos
que se jactan de estar interesados en satisfacer las expectativas de los
clientes y que cuando se requieren de sus servicios hay que tener a la
mano una radiografía del alma para que, al menos, escuchen la solicitud.
Empresas de servicio técnico que ni reparan lo que está dañado y
terminan por dañar lo poco que servia. Universidades que desatiendes y
desoyen a las personas que están dispuestas a pagar sus altos aranceles
por pertenecer a ellas… y la lista continua. Una lista donde es el
cliente quien clama por ser bien atendido en el
lugar que debería estar
agradecido de poseer clientes interesados en lo que ofrecen.
Sí, en el campo del
servicio al cliente es el conejo quien corre detrás del cazador.
¿Cuándo se darán cuenta que
sin clientes no hay empresa? Y si no hay empresa no hay ni sueldos ni
beneficios y bonos al final del año. Simplemente no hay nada. El cliente
es la razón de ser de toda empresa y si no se atiende bien, si no se le
valora, entonces esa firma no tiene por qué existir.
Deberían ser las empresas
–y no los clientes––, las que deberían rogar por que la
gente se interese en lo que
ellas ofrecen. Deberían ser las empresas las que se preocupen en
realidad por satisfacer las demandas de manera amplia y suficiente so
pena de perder la única fuente de ingreso segura que tienen: sus
clientes.
No puede ser que sea la
presa quien clame por ser cazada, eso va en contra de la
naturaleza de las cosas ¿es
que acaso no se han percatado de que existen competidores? La única
justificación que puede otorgársele a las compañías que parecen
despreciar a sus clientes es la del monopolio, pues al no existir
competencia las personas no tienen más alternativas que acudir al único
proveedor que existe.
Pero la
historia está llena de
ejemplos que demuestran que ese poder que da el monopolio termina tan
pronto como aparecen opciones distintas… ahí comienzan las
lamentaciones: “Si hubiésemos hecho” “Si hubiésemos pensado” “Si
hubiésemos atendido”… luego los planes post-morten, ideas desesperadas
por recuperar lo que antes le pertenecía y que a la fuerza lo sometían a
su voluntad. Es aquí cuando comienzas las promociones, regalías y toda
clase de artilugios para encantar cual serpiente al cliente perdido… y,
por último, vienen las culpas, los juicios y sentencias, donde
usualmente son los menos culpables los que terminan pagando los platos
rotos.
Pero el cliente también
tiene culpa de que existan empresas donde exista esa distorsión
procedimental. Mientras sigan comprando o haciendo uso del servicio nada
ni nadie los convencerá de que deben mejorar el servicio al cliente,
pues mientras los hay el ingreso y la estabilidad económica está
garantizada.
¿Quiere dejar de correr
detrás del cazador? ¡Pues hágalo! Pues únicamente cuando él se enuentre
solo es que se verá en la necesidad de revisar su estrategia y dedicar
más tiempo a invertir en la calidad de su producto o servicio.
No es descortés exigir
calidad, y es sencillo explicar por qué: Cuando una empresa ofrece un
producto o servicio establece el precio del mismo, la duración y las
condiciones. Muy bien. Si se ha pagado lo exigido se debe recibir lo que
se ha comprado, nunca menos, pues no se ha dado menos por ello. Así de
simple.
Recuerde, las empresas
existen en la medida que posean clientes, sin clientes no hay empresa.
Usted tiene el poder. Aprenda a usarlo.