Ingeniero en Electrónica
de la Universidad Tecnológica Nacional.
A pesar de esto, no es frecuente utilizar una metodología para generarlo, y “el
crono” termina siendo a veces una obra de arte celosamente defendida por su
creador pero de dudoso uso práctico.
Bien, pero... ¿para que hacemos un cronograma?. Puede que lo hagamos para
comunicar aspectos relacionados con los tiempos y plazos, o para planificar
recursos, o puede que se vaya a utilizar como herramienta de seguimiento, o para
que nos de soporte para calcular el flujo financiero del proyecto. Dependiendo
del uso que le daremos, tendremos que decidir sobre como lo elaboraremos, pero
de todos modos el cronograma base probablemente sea siempre el que usemos para
gestionar los tiempos.
Los pasos básicos para crear un cronograma útil, validado por el team, y
factible de re-uso son:
Determinar los principales entregables del proyecto (lo que generará el
proyecto) y organizarlos jerárquicamente, en otras palabras hacer una WBS. Para
no olvidar nada es necesario consultar al equipo de proyecto y mirar con lupa la
declaración de alcance. En este punto se debe tener un sano equilibrio entre no
olvidar nada importante y tener un detalle abrumador que dificulte el uso de la
información. Este equilibrio lo da la experiencia.
A partir de estos entregables determinar las actividades necesarias para
realizarlos. Esto puede hacerse a alto nivel y luego ser perfeccionado. El
listado puede hacerse directamente sobre la herramienta, la cual no necesita ser
específica de proyecto, por ejemplo podemos usar Excel para hacer un diagrama de
barras. Luego agregar las tareas subsidiarias a las principales y marcar los
hitos. La cantidad de actividades deberá tener relación con el nivel de control
que necesitemos ejercer luego.
Establecer la secuencia de las actividades sin olvidar cuales son obligatorias y
cuales son optativas, ya que al momento de tener que reducir plazos esta
información será vital. Nuevamente aquí necesitaremos la ayuda de los expertos.
Las restricciones de recursos no aparecen aún en esta etapa.
Estimar el esfuerzo de cada actividad (horas-hombre), definir los recursos a
disponer para cada actividad, y con esto calcular la duración de las tareas.
Notar que en general un aumento o disminución en la cantidad de los recursos no
implica un cambio lineal en el tiempo de ejecución, 20 pintores no terminan un
cuarto 10 veces más rápido que 2, pero 2 probablemente terminarán en menos de la
mitad de tiempo que uno solo. No olvidar que quien mejor puede estimar el
esfuerzo de una tarea es quien la hará, o al menos quien antes la ha hecho. El
tiempo estimado deberá ser aquel que nos brinde una razonables probabilidades de
terminar el proyecto a tiempo. ¿Y cuanto es razonable?, bien para algunos será
el 80% de probabilidades, para otros el 95% y habrá quienes se conformen con el
75%, depende del proyecto y su entorno. Para que el crono sea consistente, si
varias personas intervienen en la estimación de los plazos, será necesario
asegurarnos que todos están tomando el mismo margen de seguridad y que este es
conocido, es decir descubrir y homologar los “colchones”.
Finalmente hay que rever el cronograma a fin de: bajarlo a un calendario
(teniendo en cuenta feriados, vacaciones, factores climáticos, etcétera.);
nivelar recursos, es decir modificar las duraciones y comienzos de las tareas
para que puedan ser ejecutadas por el team designado; optimizar el camino
crítico, en otras palabras reducir el cronograma poniendo atención a las tareas
que determinan la duración del proyecto; y por último mitigar el riesgo en las
actividades con probabilidad de atrasarse. El equipo de proyecto vuelve a ser
protagonista en esta actividad.
Con el crono listo ya podemos comunicar cuándo terminaremos el proyecto, pero
atención, es sano comunicar un rango de fechas mas que un punto en el tiempo (si
se puede claro está).
Luego de cerrado el proyecto es valioso guardar el cronograma real y documentar
las lecciones aprendidas en el proceso de gestión de tiempos.
En otra ocasión discutiremos como aplicar el método PERT a fin de calcular la
probabilidad de terminar el proyecto en cierta fecha.