Directora de Hilda Cañeque Consultora de Creatividad. Autora de "Alta Creatividad", Editorial Pearson.
Y, sin embargo, cuando se les pregunta por qué no delegan algunas tareas, suelen
presentar excusas como las siguientes: "esto sólo puedo hacerlo yo", "no tengo a
un empleado preparado ni tiempo para capacitarlo" o "no puedo dar más trabajo a
mis empleados, ya están muy exigidos".
Detrás de estas opiniones, suele ocultarse una falta de seguridad personal,
escasa paciencia para capacitar y supervisar al otro y, sobre todo, una pobre
visión acerca de la eficiencia del trabajo en equipo.
Es evidente que, al principio, un colaborador no hará el trabajo con la misma
calidad que uno mismo. Sin embargo, mediante breves lecciones y pruebas
controladas, es posible que llegue a hacerlas mejor, aunque no de la misma
manera.
Así, veamos algunas pautas para una delegación efectiva:
1) Delimitar la tarea a realizar
2) Seleccionar el empleado adecuado
3) Registrar la fecha en que se otorga la tarea
4) Señalar los objetivos y plazos a cumplir en forma clara y
precisa
5) Revisar periódicamente el cumplimiento de los objetivos en
tiempo y forma
6) Brindar orientación e información pertinentes
7) Establecer, desde el principio, los márgenes de libertad
para la toma de decisiones por parte del colaborador
8) Corregir los errores apenas son detectados
En todo momento, es necesario considerar que DELEGAR no es DESLIGARSE. Delegar
es otorgar poder a otro con un objetivo claro y preciso para que ejecute una
determinada tarea con eficiencia.
La tarea del directivo es, como su nombre lo indica, dirigir personas y no
realizar él mismo el trabajo operativo.
Así, entrenar a los otros para que puedan ejecutar en tiempo y forma es una
inversión extremadamente redituable.
Si el líder delega correctamente y confía en la capacidad de su colaborador,
tendrá tiempo para reflexionar sobre los problemas, riesgos y oportunidades del
negocio. Es decir, tiempo para dedicar al pensamiento estratégico.