Directora de Recursos Humanos de Deloitte.
Entre los enfoques tradicionales podemos incluir a la jerarquía de las
necesidades de Abraham Maslow y la teoría de la Higiene de Frederick Herzberg.
Entre las doctrinas contemporáneas, las más influyentes han sido la teoría de la
Expectativa de Victor Vroom, la teoría de las Metas, de Edwin Locke y Gary
Latham, y la teoría de los Logros de David McClelland.
Todos estos enfoques han contribuido a comprender la compleja naturaleza de la
motivación y a crear los sistemas de reconocimiento que utilizan las
organizaciones de nuestros días.
Sin embargo, ninguna teoría puede por sí sola brindar todas las respuestas a las
necesidades de los directivos de motivar a sus colaboradores..
Ahora bien, una buena forma de convertirse en un eficaz motivador consiste en
empezar por comprender correctamente el concepto de motivación.
En el ámbito organizacional, la motivación suele definirse como la voluntad que
tienen las personas para realizar esfuerzos hacia las metas de las empresas
satisfaciendo, al mismo tiempo, sus necesidades individuales.
Ahora bien, los directivos conocen las metas de la organización.
Pero, ¿comprenden las necesidades individuales de sus colaboradores?
¿Saben alinear esas expectativas con los objetivos de la compañía?
Para responder a estos interrogantes, es necesario considerar no sólo qué es lo
que los empleados hacen y cómo lo hacen. También hay que conocer quiénes son,
cuáles son sus valores, aspiraciones e intereses.
Así, una buena forma de comenzar consiste en preguntar a sus colaboradores por
qué van a trabajar todos los días. Probablemente, usted reciba respuestas como
las siguientes:
1) "Quiero hacer algo que marque la diferencia"
2) "Me encanta viajar y este trabajo me brinda esa oportunidad"
3) "Soy muy extrovertido, en realidad, y me encanta venderle
ideas al cliente"
4)