Javier Matuk
• Líder de opinión en la industria de las tecnologías de información
• Basado en la Ciudad de México: influencia continental
• Primera columna: “Desde el Teclado” en 1989, periódico Excelsior
• Más de 15 años de experiencia
• Fundó, editó y dirigió más de 5 publicaciones de tecnología
• Co-fundador de SPIN-Internet, uno de los primeros proveedores de acceso
• Experto en el mercado de tecnologías de información y telecomunicaciones
• Cubre eventos de tecnología a nivel local y mundial
Productor y co-conductor del programa Dommo, transmitido de lunes a viernes de 20 a 21 horas por la señal de W Radio 96.9FM. Dommo: el siguiente paso en tecnología.
Co-conductor del programa Innovation Week, que se transmite los martes a las 23 horas por la señal de Canal 52 a todo el país y Estados Unidos. Tecnología e informática para empresarios.
Colaborador de la Fórmula Fregoso-Vinocur, martes y jueves a las 13:30horas, con noticias de tecnología en general, enfocadas al segmento de consumidor final.
Envío semanal a más de 7,000 suscriptores la columna “Desde el Teclado”, con contenido adicional en “Teclado Plus”, donde reporta eventos, lanzamientos, noticias y más.
Colaborador del canal de Tecnología del portal de Telmex y Microsoft, en donde hace análisis de productos (hands on) y publica contenidos de interés general, siempre abarcando temas de tecnología.
Sitio propio con acervo histórico, Foros de Discusión, donde participan más de 1,000 usuarios registrados en los más diversos temas de tecnología.
Editor del suplemento TECNOLOGIA del diario El Economista, donde publica también la columna Desde el Teclado.
Buena memoria y algo más
- By Javier Matuk
- Published 08/13/2007
Me escribió José Arturo
Estrella, de Campeche, México, y expone una situación que, a todas luces,
tiende a complicarnos la vida tradicional y digital. Hagamos las cuentas del
número de passwords, claves secretas o similares que un a persona “común y
corriente” en promedio puede llegar a tener: NIP de tarjetas de crédito, 2.
Passwords de cuentas de correo: 2. Registros en sitios web diversos: 5. Claves
para portal del banco: 2. Clave de acceso para servicios telefónicos del banco,
celular, etc., 5. Ahí le paro. La suma es apabullante: más de 16 instancias en
donde necesito escribir una clave de acceso, que, dependiendo de la complejidad
del sistema, pueden ser puros números o letras, o bien, ya se están comenzando
a usar frases con varias palabras que deben incluir algún dígito. Esta última
versión, aunque más efectiva, m&aacut e;s compleja de recordar.
Puede llegar a ser una locura.
Como expone José Arturo en su mensaje original, ¿qué pasa si uso la misma clave
en todo? ¿Qué tal si pierdo, por ejemplo, el celular donde tengo toda esa
información? ¿Qué tal si tengo la pésima costumbre de apuntar todas las cables
en un “papelito” que guardo en la cartera? Mucho peor, ¿qué pasa si tengo el
monitor de la computadora lleno de post-it con todas las claves? Los resultados
pueden ser de un moderado desastre hasta una verdadera tragedia.
Hace muchos años, varias
empresas en la red lanzaron el concepto de “password único”, donde la idea era
potencialmente buena, pero nunca funcionó. Se trataba de que en un sitio
central se registrara la información completa del usuario, se asignaba un
nombre único y una clave de acceso secreta. Así, la teoría decía que muchos,
pero muchos sitios en Internet se afiliarían a esta iniciativa con el fin de
facilitarle la vida al usuario. Sin embargo, el concepto lejos de funcionar,
llego a ser contraproducente. ¿Por qué? Sencillo, ¿quién sería el que tuviera
toda la información concentrada? Además, cualquier pequeña fuga o problema de
seguridad repercutiría en forma exponencial. Imagine que todos los bancos del
mundo tuvieran en una “unidad central” un solo NIP o clave tuviera acceso a
todos los servicios de todos los clientes. Suena disparatado.
Así que esa iniciativa nunca
cuajó y lo que tenemos es la realidad: muchas claves. Ahora bien, ¿conviene
usar la misma en todos lados? No. Punto. Existen, por otro lado, algunos
programas que sirven para “guardar las claves” en la computadora. Funcionan de
la siguiente forma: el programa en sí tiene una clave maestra para poder
ingresar. A partir de ahí, éste se encarga de ir guardando y recordando las
diferentes claves de acceso que se escriben en una pantalla de cualquier portal
o sitio de la red. Su éxito ha sido moderado, ya que si bien son muy
descargados, no conozco a una sola persona que los use. También algunos
sistemas operativos ofrecen la función de guardar la información en forma
centralizada. Pero una vez más, es poco el uso.
¿Cuál es la realidad? Que, por
comodidad, usamos la misma clave para muchos servicios. Hace poco una armadora
de coches, a través de un concurso que convocó en su sitio web, tuvo un
filtrado de información y enviaron un correo con los nombres de usuario y
claves de acceso que habían seleccionado los interesados. El problema ahí fue
que, en muchas ocasiones, se usa el mismo password para todo, por lo que quien
sabe cuáles fueron las consecuencias.
¿Qué hacer? La mejor
recomendación es la más compleja de hacer: tener buena memoria. ¿Algo más? Sí.
Puede escribir parte del password o tips para que usted se acuerde de ellos,
pero nunca la clave original. Así, si alguien encuentra ese “papelito” en la
cartera o en un post-it pegado en el monitor, no tendrán ni una pista de lo que
se trata. Otra recomendación, esta es la más compleja, es cambiar
constantemente estas claves. Sí, es un fastidio. Pero es por la seguridad del
usuario. En el caso de los portales bancarios, la situación es un poco
diferente pues por ley, no por gusto de los bancos, se tiene que usar el
dispositivo que genera una clave temporal. Así, es necesario conocer el nombre
de usuario, la clave de acceso y además tener físicamente el aparatito para
poder ingresar o hacer operaciones que involucren dinero.
El panorama tiende a empeorar,
mientras más dispositivos, páginas y servicios tengamos acceso. Claro que hay
avances en reconocimiento de huellas digitales, incluso de rostros, pero
todavía están en pañales. Así es que, lo más, más recomendable es ejercitar la
memoria, mantener una disciplina férrea en cuanto a claves de acceso y, ni
modo, cambiarlas constantemente. ¿Hace cuánto que no cambia el NIP de su
tarjeta de crédito?
